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miércoles, 25 de diciembre de 2019

Copo de nieve

El niño se frotó las manos que llevaba enfundadas en sus guantes de lana, intentando entrar en calor. Era la mañana de Navidad y la ciudad se había despertado cubierta de un manto blanco y frío. 

Era la primera vez que veía la nieve. Era el único regalo que realmente había deseado, lo único que había escrito en la carta. Quería que nevara, que pudiera hacer muñecos de nieve, tirarse con un trineo o simplemente tumbarse sobre ella, sintiéndose el niño más feliz del mundo. 

Y allí estaba su deseo. Hecho realidad. La nieve no era, sin embargo, lo único que había pedido. 

El niño miró a su alrededor, vigilando que nadie lo estuviese mirando y, con cuidado, separó las manos dejando ver un cuerpo diminuto de un azulado transparente. El copo de nieve lo miró con sus pequeñas pupilas blancas. Su vestido hondeaba a merced del viento, originando una pequeña ventisca a su alrededor. 

El chico sonrió y volvió a ocultarlo de las miradas ajenas. A partir de entonces, aquella no sería la última nevada que se sucedería en la ciudad. 

jueves, 19 de diciembre de 2019

Ventisca

Los portones de hielo se abrieron con lentitud, cediéndole el paso. Él se adentró caminando con cautela, temiendo que el suelo se resquebrajara de un momento a otro bajo el peso de sus pies. Las puertas se cerraron a su espalda, sumiéndolo en la fría oscuridad que gobernaba aquel lugar. 

-Así que eres tú.-lo sorprendió una voz clara y cantarina-El pequeño humano que ha osado desafiarme. 

Un escalofrío le recorrió la espalda y hasta sus huesos se estremecieron. Se obligó a sostenerle la mirada.

-Así que es cierto. La reina existe. 

Ella sonrió ante su comentario, mostrando una hilera de perfectos dientes blancos. 

-Pues claro que sí, querido. ¿Quién crees que provoca las ventiscas, sino? 

Se acercó a él. Sus zapatos de tacón golpeaban contra el suelo helado, originando a su alrededor un revuelo de copos de nieve que levantó el bajo de su vestido de puntilla blanca. 

-¿Y bien?-sus ojos azules eran como dos témpanos de hielo-¿Eso es todo lo que tenías que decirme?

-No.-los dientes le castañeteaban a causa del frío, pero no pensaba dejarse impresionar por la poderosa presencia de la dama-Debe poner fin al invierno. Ha durado demasiado. 

Ella rió y más copos de nieve la envolvieron. 

-Eso no va a ser posible, querido. 

-Pero miles morirán.-protestó, sintiendo que la rabia lo hacía volver a entrar en calor. 

-En ese caso, será mejor que se preparen para la ventisca. 

Con un leve movimiento de su mano, la reina volvió a abrir los portones, invitándolo a abandonar el castillo o, por el contrario, a quedarse retenido para siempre entre sus frías paredes. 

jueves, 12 de diciembre de 2019

Olor a café

Abrió los ojos con las primeras luces de la mañana. Sentía la lengua pastosa y un fuerte dolor le taladraba la cabeza. Sus manos acariciaron con cierta ternura las sábanas. Se las acercó a la nariz. El aroma de ella seguía allí. De entre todos los recuerdos borrosos de esa noche, el de su figura desnuda era el más nítido de todos ellos. Tanto, que en ocasiones pensaba que solo había sido un sueño. Si cerraba los ojos, todavía podía verla. Su pelo negro, largo hasta la cintura. Su piel tostada. Sus ojos de café. 

Y como fruto de un hechizo, el olor de aquella bebida fuerte y amarga llegó de nuevo hasta su cama, adoptando la forma de sus manos, que se traducían en forma de caricias en su espalda; o adoptando la forma de sus labios, que se traducían en forma de besos que le quitaban el aliento. Bebió con avidez, con desesperación, de esa fantasía de café a la que se había vuelto adicta y sin la que ya no podía vivir. 

Cuando el olor se volvió más intenso ella abrió los ojos. Ruborizada, cogió la taza que la morena, ahora de carne y hueso, le tendía con una sonrisa burlona. 

-Buenos días.-la saludó, apartándole un mechón de la frente y dándole un beso que, como no, sabía a café. 

jueves, 5 de diciembre de 2019

Lágrimas de hielo

El viejo reloj que había sobre la repisa de la chimenea contaba incansable con su tic-tac las horas que quedaban para su condena. 

Nerviosa, se frotó las manos junto al débil fuego que iluminaba la estancia. Las tenía heladas. Todo su cuerpo se estaba poniendo rígido. Había perdido el apetito. Hacía días que no probaba bocado. Una gota de sudor comenzó a resbalar por su sien para congelarse poco después, quedándose pegada en su rostro. Ella la cogió y la dejó caer al suelo con una mueca de disgusto. Sus labios estaban de igual modo morados y agrietados. 

No le quedaba mucho tiempo. La maldición acabaría por extenderse por todo su cuerpo sin remedio, condenándole a convertirse en una estatua sin vida. La bruja ya se lo había advertido. 

Alimenta el fuego antes de que acabe el invierno o el invierno se quedará a vivir dentro de ti. 

Y por mucho que lo había intentado, ella no había conseguido avivar aquella llama de la que dependía su vida. Y ahora era demasiado tarde. 

El tic-tac del reloj se congeló al mismo tiempo que lo hacía su cuerpo. En su mejilla, quedaron atrapadas para siempre dos lágrimas de hielo. 

jueves, 28 de noviembre de 2019

Luz de luna

En el mismo instante en el que el sol se ocultó tras el horizonte y el mundo entero cayó en un profundamente dormido, ella abrió sus ojos, despertando de su propio sueño. Tenía que prepararse. La noche la estaba esperando. 

Vistió el mejor y el más brillante de sus vestidos, uno blanco y dorado que casaba a la perfección con sus rizos rubios. Para cuando llegó, todo el mundo ya estaba allí. Sus hermanas estaban bailando por todo el lugar, dando origen a hermosas figuras con sus movimientos. Sus pequeñas y relucientes sonrisas dotaban al salón de baile de una luz mágica y especial. 

Atravesó la zona de Orión y la de Escorpio hasta llegar al sitio que le correspondía, con el resto de estrellas. Alzó sus manos, lista para crear otra noche encantadora de ensueño para la vista humana cuando la vio allí. 

Estaba en medio del cielo, rodeada de miles de estrellas que la admiraban en un respetuoso silencio. Vestía un largo vestido trasparente y su cara blanca parecía más pálida que nunca. Pese a ello, su luz era incluso más brillante, dando coraje a todos los seres vivos a no tener miedo de la noche. 

Ella sonrió y empezó a bailar, mostrando su propia y poderosa luz bajo la luz de la luna. 


jueves, 21 de noviembre de 2019

El retrato

Se pasea por la habitación, medio distraído, como si no fuera consciente de mi presencia. O tal vez tan solo se esté limitando a ignorarme. 

Yo solo puedo pensar en lo mucho que lo odio. En cuánto odio a ese hombre, por mucho que esté hecho a mi imagen y semejanza. 

Él no dice ni una palabra. Justo antes de abandonar la habitación se gira, me mira y sonríe, regodeándose de mi sufrimiento. Sin apartar sus ojos profundos de los míos, cierra la puerta tras de sí, desapareciendo de mi vista. 

Y yo me quedo allí, condenado a pasar el resto de mis días encerrado en los límites de este cuadro maldito y a despreciar al retrato que me ha arrebatado mi vida. 

jueves, 14 de noviembre de 2019

El péndulo

Ella tragó saliva. Le sudaban tanto las manos que apenas podía sujetar en condiciones el lápiz. Frente a ella, el papel en blanco. Sobre ella, el péndulo, oscilando peligrosamente y amenazando con dejar caer la espada sobre su cabeza. 

Respiró profundamente y leyó por tercera vez aquella sucesión de preguntas de las que ahora dependía su vida. Las letras se mezclaban y los números se volvían borrosos. Impotente, se mordió el labio para aguantar las lágrimas. El tiempo corría y el péndulo seguía balanceándose, cada vez más cerca. 

En un momento dado alzó la vista y los vio allí. Al otro lado del cristal protector, enfundados en sus trajes y sus sonrisas hipócritas, tratando de infundirle unos falsos ánimos que ella consideraba más que insuficientes. 

-Qué sabrán ellos-pensó dejando escapar una leve risa-si no son ellos los que tienen una espada sobre sus cabezas. 

Si acierto y salvo la vida, se mostrarán al mundo como mis salvadores, aunque fueran ellos mismos los que me habían condenado. 

Si fallo y muero, me desterrarán para siempre al olvido. 

-Todo este sistema...-murmuró entre dientes llena de rabia-Está jodidamente mal. 

En ese momento, el péndulo se detuvo, deteniendo el tiempo con su condena. 

jueves, 7 de noviembre de 2019

Caballeros de leyenda

Hacía ya tiempo que la luz de la luna y de las estrellas se colaba a través de su ventana y que sus dedos pasaban con avidez las páginas del voluminoso libro. Atrapada por la magia que las leyendas desprendían, se vio incapaz de abandonar la lectura, por mucho que el sueño amenazase con vencerla. 

Finalmente, sus ojos cedieron bajo el peso de Morfeo. Su cabeza se inclinó hacia delante y sus brazos dejaron caer el libro sobre su regazo. 

Los abrió poco después. Todo estaba más oscuro de lo que recordaba. Intentó moverse, pero su cuerpo se había vuelto de pronto demasiado pesado. Desde algún lugar le llegaron ruidos, como de mil cacerolas golpeando unas contra las otras.  Desconcertada, aguzó el oído para escuchar mejor. Y, entonces, en mitad de aquel barullo metálico, distinguió unas palabras conocidas: 

-¡Sois un necio, Sir, por desafiar a Lord Airen!

La chiquilla se puso en pie de un salto. Reconocería en cualquier parte el nombre del héroe que protagonizaba todos sus cuentos. Movida por la curiosidad, se acercó con pasos patosos a donde se sucedía el duelo de espadas. 

Y allí estaba él. El caballero de las leyendas. Con su reluciente armadura, atestando golpes letales que su enemigo difícilmente podía esquivar. La niña se quedó boquiabierta, incapaz de asimilar que de pronto el personaje hubiera cobrado vida fuera de sus páginas.  

De pronto, la batalla se detuvo. Incrédula, vio cómo el caballero se giraba para dirigirse a ella: 

-¡Lady Stella! ¡Os estaba esperando! ¡Apresuraos y uniros a la batalla!

Ella fue a protestar, pero se detuvo. En una de sus manos, notó el tacto del mango de la espada. La más grande que ella hubiera visto jamás. Al bajar la vista para contemplarla, fue por primera vez consciente de la armadura que vestía. Sus ojos brillaron de emoción y sin dudarlo ni un segundo, se unió a su héroe en la lucha. 

Cuando la luz del sol sustituyó a la de la luna, se despertó entre bostezos y con los párpados pegados. El libro de cuentos seguía en su regazo. Lo dejó a un lado en el suelo y se puso en pie, dispuesta a dar comienzo a un nuevo día. 

Pues si algo había aprendido era que vivir las leyendas era mucho más divertido que leerlas. 

jueves, 31 de octubre de 2019

El monstruo del armario

Rose temblaba bajo las sábanas. Sus pequeños puños se aferraban a ellas como si le fuera la vida en ello y tenía los ojos cerrados con tanta fuerza que le dolían. 

Había vuelto a tener aquella pesadilla. Sabía que solo era un sueño. Los adultos se lo habían explicado en infinidad de ocasiones. Pero, en aquella ocasión,  le había parecido tan real que no se atrevía a abandonar su improvisado refugio. 

Le pareció escuchar cómo se abría la puerta del armario con un chirrido, causándole un escalofrío. Poco después, la madera crujió bajos unos pasos lentos y pesados cerca de ella. 

Rose no se sentía lo suficiente valiente como para plantar cara al monstruo que la acosaba. Aun así, se atrevió a sacar una mano y buscó a tientas algo en la mesita de noche con lo que pudiera defenderse. Allí encontró un cuchillo. No recordaba que estuviera allí cuando fue a acostarse, pero no le importó. Lo agarró con fuerza y se deshizo finalmente de las sábanas que la protegían para plantar cara al monstruo. 

Su silueta se plantaba ante ella, recortada en la oscuridad, imponente. Antes de que tuviera tiempo de arrepentirse, Rose se lanzó hacia él con un grito, clavando el cuchillo con toda su rabia. 

El cuerpo de su padre se tambaleó durante unos instantes y Rose, todavía temblando, lo vio caer. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro sudoroso al percatarse de que, por fin, había puesto el punto final a sus pesadillas. 


En la oscuridad



Cuando tenía doce años, mis padres, mi hermano pequeño y yo fuimos a la boda de unos familiares.Tuvo lugar en una especie de campo, por la noche. Había un montón de pequeñas lámparas y bombillas por todas partes, dotando de una atmósfera mágica al ambiente. Para cuando mi hermano y yo terminamos de cenar, el cielo ya había oscurecido. Decidimos ir a jugar con un balón que habíamos traído de casa mientras nuestros padres hablaban con nuestros tíos.

Empezamos a jugar en un sitio algo apartado de los otros invitados. Cerca de allí, había una especie de pequeña colina, iluminada por unas pocas bombillas y envuelta en la más absoluta oscuridad. Nos hacía sentir un poco incómodos, pero decidimos que lo mejor sería ignorarlo y centrarnos en el juego. Golpeé el balón con fuerza, pero mi hermano, algo despistado, no fue capaz de recibirlo de la forma adecuada y este rodó colina abajo, quedando sumido por las sombras.

-Maldita sea. ¡Ves a por él!-le pedí.

-¿Por qué yo? ¡Fuiste tú el que le dio tan fuerte!-protestó.

-¿Qué pasa? ¿Es que tienes miedo?-reí. Sus mejillas se tiñeron de rojo.

-¡Está bien! ¡Estaré aquí en seguida!

No pude dejar de reír durante varios minutos, pero cuando pasó la primera hora y mi hermano seguía sin aparecer, empecé a sentirme nervioso. Lo llamé, pero no hubo respuesta.

-Sé que estás intentado asustarme. ¡Para de una vez y ven aquí!

De repente, escuché una voz que se reía. Era terrorífica.

-¡¡Sé que eres tú!!-intenté sonar más seguro de lo que en realidad estaba-¡¡Basta!! ¡¡Ya es suficiente!!

Lo que sea que fuera eso, se detuvo, y el silencio me cubrió con su manto de nuevo. Sentí algo que se acercaba hasta mí, despacio. Era el balón, ahora lleno de sangre. Sin embargo, mi hermano no apareció por ninguna parte.

Lo que pasó después de eso permanece confuso en mi memoria. Creo que mis padres trataron de buscarlo, desesperados. Algunas bombillas se fundieron. Nunca lo volví a ver.

Calabaza

A la luz de una temblorosa vela y con la única compañía de una noche sin estrellas que se colaba a través de su ventana, el hombre contemplaba su obra, insatisfecho. 

-Todavía no estás perfecta, pequeña calabaza. -sonrió mientras clavaba el cuchillo y dibujaba con él una horrenda boca. 

Su sombra, proyectada en la pared, originaba figuras horrendas. En la repisa de la ventana abierta, un viejo cuervo se acercó a mirar, curioso, la espantosa escena que se veía reflejada en sus brillantes ojos negros. 

-Ya estás, pequeña calabaza.-rió a la vez que cortaba con el cuchillo manchado de sangre lo que quedaba de la cabellera anaranjada de su víctima. 

Con los ojos prácticamente fuera de sus órbitas, se giró hacia la ventana para mostrarle, orgulloso, el resultado final a su inesperado huésped. 

El ave de alas negras giró la cabeza en un gesto genuino, como si con él pretendiera comprender el motivo de por qué aquel hombre de melena encrespada y mirada perdida sujetaba con tanta devoción la cabeza de su amada hija, a la que ahora había convertido en una lámpara más para la tétrica fiesta. 

jueves, 24 de octubre de 2019

Castillos de arena

Acariciado por el lejano murmullo de las olas, el niño jugaba sentado sobre la arena. En sus manos regordetas, moldeaba a su gusto la apariencia de aquella mole compacta. De entre sus carnosos labios, sobresalía la pequeña punta rosada de una lengua, signo de máxima concentración. 

Comenzaron a resurgir entonces los impresionantes muros del castillo, con sus torres y sus almenas, con su foso y su patio de armas. El niño se detuvo, crítico, para contemplar su obra. Había algo que no terminaba de convencerlo. Era un castillo bonito. Pero no el más bonito. 

Decidió hacer las torres más altas y los muros más extensos. Se lo quedó mirando. Todavía le faltaba algo. ¿Qué era un señor feudal sin sus vasallos? Sus manos empezaron a construir un pueblo de arena. 

Al principio fue una casa. Pero luego decidió que se necesitaba también una plaza. Y un pozo. Y animales. Y más gente cultivando las tierras del señor del castillo. Y caminos. Caminos que llevaran a otras aldeas de arenisca. Y más castillos, por supuesto. ¿Dónde se hospedaría el señor, sino? Y así hasta que, cuando se fue a dar cuenta, había creado de la nada todo un reino. 

Pero el niño seguía sin mostrarse satisfecho. Quería más. Nada le parecía suficiente. Sus manos siguieron moldeando la arena, dando vida a barcos que lo llevarían a otros imperios y reinos. La tragedia se sucedió en cuestión de segundos. 

Una ola se cernió sobre los dominios del señor del castillo, arrastrándolo todo a su paso y deshaciendo la ambición de su arquitecto. 

jueves, 17 de octubre de 2019

Partida de ajedrez

Los hombres se sentaron a la mesa, elegantes y altaneros, deseosos de dar comienzo a la partida. Cada uno sacó sus fichas. Las normas habían ido cambiando con el paso de los años, al igual que lo había hecho el mundo entero que era su tablero. 

Empezó entonces el juego y una enorme compañía petrolera se alzó en el tablero. Los mares quedaron ennegrecidos. Otra ficha se movió, haciendo estallar alguna terrible guerra en algún país recóndito y olvidado. La siguiente taló los bosques. El planeta se asfixiaba al quedarse sin sus pulmones. La pobreza y la enfermedad se cebaban con el siguiente movimiento acompañados siempre por la corrupción que, por llevarse, se llevaba hasta las palabras. A cada jugada, el tablero se deformaba más y más, adoptando un color grisáceo y tristón.

Uno de ellos alzó su mano, pálida como la de un fantasma, a la espera de ejecutar el siguiente movimiento de juego. La sombra amenazadora de un nuevo incendio forestal se quedó colgando en el aire. El resto de sus compañeros lo miraron estupefactos. Después, uno a uno, cada uno de los jugadores de ajedrez rodaron por el suelo. 

La humanidad había puesto así fin a su propia partida. 

jueves, 10 de octubre de 2019

Guerra

La niña corría todo lo que sus pequeños pies descalzos le permitían sobre el asfalto, huyendo de la muerte. Agotada, se permitió el lujo de detenerse para volver a ajustar el pañuelo, blanco de inocencia, que le cubría la cabeza. 

Fueron tan solo unos segundos. Pero fueron unos segundos que lo cambiaron todo. 

Su madre gritó su nombre unos metros por delante de ella y le ofreció su mano. Ella comenzó a caminar hacía allí cuando el edifico que había a su lado voló en mil pedazos, sepultando a su madre entre los escombros. Sus gritos se mezclaron con el ruido de las explosiones. Sendos lagrimones le rodaron por las famélicas mejillas mientras su pecho subía y bajaba con cada sollozo. 

Primero había sido papá. Luego los tíos y los primos. Incluso el abuelito. Y ahora mamá. No podían quitarle a mamá. Mamá era lo único que le quedaba. 

Comenzaron a llegar soldados, como una ola que se acerca peligrosamente a la costa para arrasar cada uno de los castillos construidos sobre la arena. Uno de ellos la empujó con brusquedad, pero ella apenas lo notó. Se sentía hueca, vacía, ahora que su madre no estaba a su lado para protegerla de los horrores de la guerra. 

El sonido de un arma siendo cargada la hizo reaccionar y ella se giró para toparse con el reluciente cañón que le apuntaba directo entre sus ojos llorosos. El labio le temblaba. No era justo. 

A ella le daba igual quién quisiera mandar. Y si eran los mayores los que se habían peleado, ¿por qué eran ellos los que tenían que morir? 

El hombre apretó el gatillo sin un ápice de compasión, sumando una víctima más a la lista negra de la guerra. 

jueves, 3 de octubre de 2019

Sequía

Sus pasos cansados resonaban sobre la gravilla del desierto. Las piernas le temblaban con tal violencia que sentía que de un momento a otro se derrumbaría sin fuerzas sobre la arena. Sobre su cabeza, pesaban la sombra amenazadora de los buitres, una de las pocas criaturas que habían sobrevivido a aquel calvario. Aunque él sospechaba que al ser humano tampoco le quedaba mucho tiempo en aquel castigado mundo. 

Se puso la mano sobre la frente en un intento por ver algo más allá de aquel sol que pesaba sobre la tierra como una condena. Una débil sonrisa se curvó en sus agrietados labios. Estaba muy cerca. Más de lo que hubiera imaginado. Solo deseaba que no fuera otro espejismo. Ya había tenido suficientes de esos como para volverse loco. 

Prácticamente se arrastró los pocos metros que lo separaban del oasis, de aquella fuente de vida en medio de la muerte que, en los últimos tiempos, se había convertido en poco más que una leyenda. Su boca comenzó a salivar al imaginar el agua fresca y cristalina que con su escasez había hecho tambalear los débiles cimientos sobre los que se sustentaba el futuro de la humanidad. 

Su sonrisa desapareció de sus labios igual que las nubes de lluvia lo habían hecho tiempo atrás. El alma se le cayó a los pies, hundiéndose en los más profundo de las dunas. 

Su oasis. Aquel por el que había estado a punto de perder la vida y prácticamente la cabeza. Estaba seco. Se dejó caer y lloró de impotencia. Sus lágrimas, el único agua de la que había sido testigo en muchos meses. 

Había habido un tiempo en el que el agua cubría las tres cuartas partes de la Tierra. Ahora, en medio de aquella sequía, ya nada quedaba de aquel planeta azul que habían destruido. 

jueves, 26 de septiembre de 2019

Pesadilla

Se suponía que debía estar durmiendo hace horas. Pero no podía. Y tampoco podía explicar el por qué. Algo me hacía sentir incómodo. Algo sobre esa habitación. Algo sobre mí. Ya me había hecho a la idea de que iba a pasar toda la noche en vela cuando mis ojos se cerraron y caí en un profundo sueño. De inmediato me di cuenta de que habría sido mucho mejor si no lo hubiera hecho. 

Estaba realmente oscuro. Frío y oscuro. Escuché risas y voces que parecían provenir de ninguna parte. Me vi a mí mismo, de pie frente a mí. Bueno, quiero decir. De alguna forma, sabía que era yo, porque lucía de un modo completamente diferente. Mis ojos no estaban allí. Solo había dos cuencas negras y vacías. Estaba sonriendo, pero era ese tipo de sonrisa que hace sentir tu alma indefensa. Todo mi rostro era pálido como el de un fantasma y estaba cubierto de sangre. 

Intenté alejarme pero me golpeé contra alguien-o más bien algo-que cogió mis brazos y piernas para que no pudiera moverme. Fuera lo que fuera, sentí que lamía mi hombro. Desesperado, quise gritar, pero no había voz alguna en el interior de mi garganta. Mi versión de pesadilla comenzó a reír para cuando me alcanzó y yo cerré mis ojos con fuerza, deseando despertar. 

De repente, algo cambió. Pude sentirlo. Abrí mis ojos otra vez. Estaba en mi habitación. Estaba a salvo. Solo había sido una pesadilla, pensé. 

Tomé un profundo respiro cuando las criaturas se dejaron ver y saltaron sobre mí. No había sido solo una pesadilla, comprendí demasiado tarde. No puedes despertar y huir de tus miedos tan fácilmente. 

jueves, 19 de septiembre de 2019

Lluvia de cenizas

Todavía recordaba la primera bocanada de aire que se vio obligada a respirar cuando sus ojos se abrieron a la eterna y desconocida noche. El fuego, tan pronto abrasaba sus venas como se volvía manso, perdiéndose en el aire que la hacía volar y alejarse cada vez más de la fogata. Su vestido, vaporoso como el mismo humo que la acompañaba, se movía a la merced de un viento del que se sentía prisionera. 

En su angustioso viaje, donde el condenado mundo no dejaba de dar vueltas a su alrededor, a penas fue consciente de la presencia de otras compañeras que, como ella, habían nacido del calor apasionado del fuego que quemaba la leña seca. 

Con un suspiro de alivio, el viento pareció ceder a su favor, poniendo fin a las volteretas y cabriolas para situarse con suavidad en una superficie pequeña y chata. Pronto descubriría, sin embargo, que había cantado victoria demasiado pronto. 

La joven arrugó la nariz en un movimiento que desembocó en un estornudo, haciéndola alzar de nuevo el vuelo en contra de su voluntad. Tan absorta como estaba la chica contemplando la lluvia de cenizas que caía sobre ella, no se percató de la pequeña y estridente voz que flotaba muy cerca de su oído, maldiciendo el mismo instante en el que había nacido de la hoguera. 

jueves, 12 de septiembre de 2019

Hojas secas

¿Qué siente uno antes de saltar, de lanzarse al vacío y no mirar atrás? ¿Miedo? ¿Duda? 

Ella sentía nostalgia. El tiempo había pasado tan rápido. Sus colores se habían ido apagando. De los verdes más vivos y veraniegos al marrón más otoñal. Y eso solo podía significar una cosa. El verano se acababa. Y era hora de saltar. 

Sin embargo, ella se veía incapaz de abandonar esas ramas que habían sido su hogar, que la habían cuidado y protegido. En definitiva, que la habían visto crecer. 

A su alrededor, sus compañeras se lanzaban sin temor a lo desconocido. Sus pies dudaron en el borde. Sabía que, una vez hecho, no habría marcha atrás. Que jamás podría regresar. Pero también sabía que el tiempo seguiría su curso, por mucho que ella quisiese detenerlo. 

Y así, sin más, la hoja saltó desprendiéndose al fin del árbol donde había nacido, dando la bienvenida al otoño. 

jueves, 5 de septiembre de 2019

El vals

Aunque no había sido un día particularmente frío, agradeció enormemente abandonar las calles cubiertas de nieve e introducirse en el mundo paralelo en que consistía la sala de baile, donde la fiesta ya hacía tiempo que había dado comienzo. 

Los cuerpos de los bailarines se juntaban y separaban con tal ritmo y coordinación que le causaron auténtico vértigo. Poco a poco, sus pies comenzaron también a moverse, arrastrados por el hilo invisible de la música que inundaba la sala. Su cuerpo se movía a su son, como poseído por ella, a la vez que sus ojos castaños buscaban con desespero a su compañero. Una mano en la cintura y una sonrisa apoyada sobre su hombro le indicaron que había sido él quien, como de costumbre, la había encontrado a ella. 

Los pasos de él se movieron con timidez guiando los de ella que, de inmediato, se animó a seguirlos a través del compás que las notas de la orquesta marcaban. Sus cuerpos parecían uno solo, moviéndose con tal ligereza que sus pies prácticamente levitaban sobre la pista. Para cuando se fueron a dar cuenta, habían ocupado el centro de la sala y todo el mundo se había detenido y apartado para mirarlos, absortos por la magia que los amantes desprendían. Ella cerró los ojos, dejándose llevar por la calidez de sus manos y el aroma de su piel. Nunca había sentido especial predilección por el baile. Y mucho menos por el vals. Pero junto a él, cada nota, cada instante, se volvía inolvidable. 

De pronto, la música se detuvo y ella hizo lo propio, sudorosa y con lágrimas en los ojos. Los abrió. La gente la seguía mirando. Ella intentó componer una sonrisa. 

Sin decir ni una palabra, abandonó el lugar tal y como lo había hecho: sola, poniendo punto y final al vals de su imaginación. 

martes, 20 de agosto de 2019

El funeral

Era una noche fría y lluviosa. Se sentía ansioso e incómodo. Nunca le habían gustado los cementerios y deseó estar en ese momento en casa, viendo una película o leyendo un buen libro. Sin embargo, sabía que era su deber estar allí, especialmente después de lo que había pasado. 

El funeral estuvo lleno de gritos, lágrimas y una especie de sentimiento de culpa e injusticia. Cuando la ceremonia acabó, permaneció un poco más frente a la tumba. 

-Fue un accidente...-susurró cuando se quedó completamente solo. 

De algún modo, esperaba que su amigo pudiera escucharlo y perdonarlo. 

-No quería... 

Un trueno cruzó la noche cuando una mano pálida surgía en la superficie y agarraba su pierna, arrastrándolo hasta lo más profundo de la tierra. 

-No te preocupes, amigo mío.-dijo una tétrica voz-Ambos sabemos que tú también debes estar aquí abajo. 


The funeral

It was a rainy and cold night. He felt anxious and uncomfortable. He never liked the cementeries, and he wished he was at that moment at home, watching a film or reading a good book. However, he knew it was his duty to be there, especially after what had happened. 

The funeral was plenty of cries, tears and kind of guilt and injustice feeling. When the ceremony was over, he remained a little more in front of the grave. 

-It was an accident...-he whispered when he was completely alone. 

In some way, he hoped his friend could hear and forgive him. 

-I didn't mean to... 

A thunder crossed the night by the time a pale hand showed up to the surface and hold his leg, getting him to the deepest ground. 

-Don't worry, my friend.-said an evil voice-We both know you also belong down here. 

lunes, 19 de agosto de 2019

La boda

Todo el mundo estaba sentado en la iglesia, esperando expectante e impaciente a la novia para empezar la ceremonia. 

Sin embargo, las horas pasaban y ella no había llegado todavía. Los rumores empezaron a surgir entre los invitados. 

¿Le había pasado algo? ¿O tal vez simplemente había huido? 

En el mismo instante en el que la campana interrumpía los murmullos, las puertas de la iglesia se abrieron y todo el mundo permaneció en silencio. 

No era la tan esperada novia. El hombre, alto, que vestía un abrigo negro, se acercó al altar y dejó frente a los pies del novio el trozo de un vestido blanco. Estaba completamente cubierto de sangre. Todo el mundo grito, sucumbiendo al pánico. 

Al mismo tiempo, en un pub bien lejos de esa iglesia, una joven bebía con una gran sonrisa dibujada en sus finos labios. 

¿Había una forma mejor de evitar un casamiento que fingir tu propia muerte?

The wedding

Everybody was sitting at the church, waiting expectant and impatient for the bride to start the ceremony. 

However, the hours passed and she hadn't arrived yet. The rumors started to appear among the guests. 

Had something happen to her? Or maybe had she just run away? 

In the moment the bell interrupted the whispers, the church's door opened and everyone remained in silence. 

It wasn't the expected bride. The tall man, who was wearing a black coat, approached the altar and left in front of the bridegroom's feet a piece of a white dress. It was completely covered by blood. Everybody screamed in panic. 

At the same time, in a pub so far away from that church, a young lady drink with a big smile in her thin lips. 

Was there a better way to avoid a marriage than faking your own death?

domingo, 18 de agosto de 2019

El reloj

El tiempo pasaba tan lentamente que él estaba muy cerca de perder la cabeza. 

Se quedó mirando al reloj, donde las horas parecían haberse congelado. Cambiaba de posición en el sillón de forma constante, sintiéndose nervioso e incómodo. Miró a la mesa que había a su lado y le dolió el estómago. 

Aquello no tenía sentido. ¿Por qué tenía que esperar tanto? Podría hacerlo ahora o nunca y nadie se enteraría nunca, ¿verdad? 

De repente, el ruidoso sonido de la campana del reloj lo asustó. Eran las 12.00. Antes de que pudiera entender qué estaba pasando, su mano agarraba la pistola que estaba en la mesa y disparaba. 

The clock

Time passed so slowly that he was so closed to lose his mind. 

He stared at the clock, where the hours seemed to be freeze. He changed his position in the armchair so many times, feeling nervous and uncomfortable. He looked at the table next to him and his stomach hurt. 

That had no sense. Why had he to wait so long? He could do it now or never, and nobody would never know, right? 

Suddenly, the noisy bell of the clock frightened him. It was 12.00. Before he could understand what was happening, his hand was holding the gun that was at the table and he shot. 

sábado, 17 de agosto de 2019

La cicatriz

El espejo le devolvió una imagen irreal de sí mismo. Ojos azules, pelo castaño. Y la cicatriz. Esa horrible cicatriz que cruzaba su rostro. 

Estaba completamente seguro de que no la tenía cuando se fue a la cama, pero allí estaba. Respiró profundamente y la tocó, esperando que eso le ayudara a recordar qué había pasado exactamente aquella noche. De repente, los recuerdos lo asaltaron y sus manos comenzaron a temblar. 

Sí, lo recordaba. 

Ya era medianoche cuando algo se movió debajo de su cama. Dos largos dedos se acercaron hasta la almohada y él se quedó completamente paralizado. Su corazón dejó de latir en el mismo instante en el que la criatura se dejaba ver. Él cerró los ojos tan fuerte que solo deseó poder despertar de esa pesadilla. 

Y allí estaba. En frente del espejo y con esa asquerosa cicatriz. 

Una sombra apareció a su espalda, reflejada en el cristal. Para cuando se dio cuenta de que el monstruo todavía no se había marchado, ya era demasiado tarde. 

The scar

The mirror turned to him an irreal image from himself. Blue eyes, brown hair. And the scar. That awful scar through his entire face. 

He was completely sure that he hadn't got it at the moment he went to bed, but there it was. He got a deep breath and touched it, hoping that it would help him to remember what exactly happened last night. Suddenly, the memories hit him and their hands started to shake. 

Yes, he remembered. 

It was already midnight when something moved under the bed. Two large fingers got closer to the pillow and he got completely frozen. His heart stopped beating by the time the creature showed up. He closed his eyes so hard that he just wanted to wake up from that nightmare. 

And there he was. In front of the mirror with that disgusting scar. 

A shadow appeared at this back, reflected at the glass. It was too late when he realized that the monster hadn't gone yet. 

viernes, 16 de agosto de 2019

El tiempo

-Llegas tarde.-dije enfadado. 

-Al contrario. -dijo, poniéndose cómoda en el sillón. 

-Así que, ¿por qué has esperado tanto? 

Ella rió. 

-¿Por qué te preocupas tanto por el tiempo?  De hecho, ¿qué es realmente, el tiempo? ¿Merece realmente la pena, esperar por algo que ya sabes que llegará tarde o temprano? ¿Por qué no simplemente sigues adelante? 

Evité sus ojos. Sabía que tenía razón, pero no quería admitirlo. 

-El tiempo... Tal vez no merezca la pena. Pero lo valoramos demasiado. 

-¿Por qué?-me preguntó otra vez con una gran sonrisa. 

-Tal vez porque pasa muy rápido y muy lento al mismo tiempo, y eso es lo que nos hace sentirnos indefensos en el Universo.

-Realmente lo has pillado.-dijo la muerte, riendo-Vamos. Debemos irnos.  

The time

-You're late.-I said angrily. 

-I'm actually not.-she said, getting comfortable at the armchair. 

-So, why did you wait so long?

She laughed. 

-Why are you so worried about time? In fact, what time really is? Is it worth it, to wait for something that you already know is coming sooner or later? Why don't you just move on? 

I avoided her eyes. I knew she was right, but I didn't want to admit it. 

-Time... Maybe it isn't worth it at all. But we value it too much. 

-Why?-she asked me again with a big smile. 

-Maybe because it runs off too fast and too late at the same time, and that makes us feel helpless at the entire Universe. That's why we hate wait, even when we have not to wait for anything. 

-You really got it.-said the death laughing-Come on. We should go on.

jueves, 15 de agosto de 2019

La cena

Dejó el tenedor al lado del plato, ahora vacío. La carne había estado deliciosa y el vino que habían estado bebiendo durante la cena era igualmente bueno. Sin embargo, estaba preocupado. 

Su invitada no había comido o bebido casi nada. Su plato y su vaso continuaban llenos. 

-¿Va todo bien?-preguntó. 

Se llevó una mano a la cabeza. De repente, había comenzado a sudar.  Hacía mucha calor en esa habitación. 

Ella sonrió. 

-Por supuesto. Todo es perfecto. 

Entonces se dio cuenta. Pero ya era demasiado tarde. El veneno ya había alcanzado cada parte de su cuerpo. Cayó de la silla al suelo, poniendo punto final a la cena perfecta para su asesina. 

The dinner

He left the fork next to the plate, now empty. The meat was quiet good and also was the wine that they were drinking during the dinner. However, he was worried. 

His guest hadn't been eating or drinking almost anything. His plate and his glass were still full. 

-Is everything okay?-he asked. 

He put his hand at his head. Suddenly, he had started to sweat. It was so hot on that room. 

She smiled. 

-Absolutely. Everything's perfect. 

Then he realized. But it was too late. The poison had already arrived at each part of his body. He fell of the chair to the floor, ending a perfect dinner for her murderer. 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Huellas

Lily quería ser valiente, pero estaba demasiado asustada. Respiró profundamente antes de abandonar el armario. Sus ojos se abrieron con miedo cuando vio las huellas que había en el suelo. Eran unas realmente grandes y estaban cubiertas de sangre. 

''Tengo que ser valiente.''-se recordó cuando estaba a punto de esconderse otra vez. 

Siguió las huellas. Aun consciente de que podía ser peligroso, sabía que también era la única forma de encontrar y enfrentar al monstruo. 

El resto de la casa era un completo desastre. Había cosas rotas y sangre por todas partes. Lily los encontró en la cocina. Mamá y papá estaban muertos. Las huellas acababan allí. Sin embargo, no había señal alguna del monstruo. 

Lily se giró y se dio cuenta de que había más huellas detrás de ella. Con lágrimas en los ojos, miró lentamente abajo hacia sus pies. 

Ella había sido el monstruo durante todo ese tiempo. Y no había ningún armario donde poder esconderse de sí misma. 

Footprints

Lily wanted to be brave, but she was so scared. She breathed deeply before leaving the wardrobre. Her eyes opened with fear when she noticed the footprints on the floor. There were really big ones, and there were covered by blood. 

''I have to be brave.''-she reminded her when was about to hide again.

She followed the footprints. Even knowing it could be dangerous, she know it was the only way to find and face the monster. 

The rest of the house was a completely mess. There were things broken and blood everywhere. Lily found them in the kitchen. Mom and dad were death. The footprints ended there. However, there was no sign of the monster. 

Lily turned back and realized there was more footprints behind her. With tears in her eyes, she slowly looked down at her feet. 

She was being the monster all the time. And there was no wardrobe where she could hide from herself. 

sábado, 10 de agosto de 2019

El cuaderno

Se acercó al estante y cogió el cuaderno. Lo abrió por una página en concreto, la leyó y negó con la cabeza, decepcionado. Después, cerró el cuaderno y lo dejó en la estantería otra vez. 

Había sido así durante una hora. Tal vez más. Y lo único que sabía eran tres cosas: 

  1. Ese cuaderno había aparecido en su estantería esa mañana por sí solo. 
  2. No había ningún nombre o firma en él, así que no podía saber quién era el verdadero propietario. 
  3. Lo único que había escrito en él era una fecha, un lugar y una hora. Y bajo todo esto, su nombre completo. 
Estuvo intentando por un rato descubrir qué significaba, pero todo había sido completamente inútil. 

Se quedó mirando el reloj. Quedaban cinco minutos para la hora que estaba escrita en el cuaderno. Y era, de hecho, el mismo día que también estaba escrito en la nota. De repente, se le ocurrió algo. 

Abrió el cuaderno otra vez y luego lo cerró de forma inmediata. Abandonó la habitación y bajó las escaleras, pensando que acababa de revelar el misterio del cuaderno. 

En el mismo momento en el que estaba a punto de cruzar la calle, un camión lo golpeó, de acuerdo con la fecha de su muerte. 

El cuaderno desapareció de su estantería, desplazándose a otra con una fecha, un lugar, una hora y un nombre diferente escritos en él. 

The notebook

He came to the bookshelf and grabbed the notebook. He opened it by a specific page, read it and shake his head, disappointed. Then, he closed the notebook and left it in the bookshelf again. 

It was being like that for an hour. Maybe more. And all he knew was three things: 


  1. That notebook had appeared at his bookshelf that morning by itself. 
  2. There was no name or signature on it, so he couldn't know who the actual owner was.
  3. The only thing was written on it was a date, a place and an hour.  An under them all, his full name. 
He was trying for a while to figure out what that meant, but it was completely hopeless. 

He stared at the clock. Five minutes left to the hour that was written at the notebook. In fact, it was the same day that was also written in the note. And suddenly, he came up with something. 

He opened the notebook again and then he closed it immediately. He left the room and went downstairs, thinking he had just revealed the mistery of the notebook.

At the moment he was about to cross the street, a lorry hit him according to his death's date. 

The notebook disappear from the bookshelf, moving to another one with a different date, place, hour and name on it. 

El ladrón del tiempo

Era una noche sin estrellas cuando el ladrón salió a través de la ventana y abandonó la casa. Llevaba un gran saco a la espalda y estaba completamente vestido de negro. Su cara estaba también cubierta por una máscara. 

Después de un rato caminando se detuvo y abrió el saco, mirando al interior. Sonrió. Estaba siendo una noche realmente productiva. Tenía unas pocas horas, un par de minutos y un montón de segundos. Y nadie mejor que él sabía el valor de solo un segundo más. 

El ladrón empezó a caminar de nuevo, ignorando la ruidosa ambulancia que subía por la calle, deteniéndose en la casa que él acababa de abandonar. 

''No ha valido la pena esta, de todas formas. -pensó- Eran muy mayores, después de todo. No tenían mucho tiempo que robar.''

El ladrón se detuvo una vez más, al lado de un enorme edificio blanco. Había una ventana abierta y las luces estaban encendidas. Dentro, pudo vislumbrar una niña que debería haberse ido a la cama hacía horas. 

Sonrió y con un movimiento de sus dedos, apagó las luces. Después, el ladrón del tiempo empezó a escalar la pared para llegar hasta la habitación. 

The time burglar

There was a night without stars when the burglar came through the window and left the house. He had a huge bag at his back and was completely dressed by black clothes. Also, his face was covered by a mask. 

After a while, he stopped and opened the bag, looking at the inside. He smiled. It was being a really productive night. He had a few hours, a couple of minutes and plenty of seconds. And nobody else like him known about the value of just one more second. 

The burglar started to walk again, ignoring the noisy ambulance that came up in the street, stopping by the house he just left. 

''It wasn't worth it at all, this one.''-he thought-''They were very old, aftell all. They had not many time left to steal.''

The burglar stopped again next to an enormeous white building. There was a window open and the lights were turned on. Inside there, he could appreciate a little girl that supposed to be in bed hours ago. 

He smiled and with a movement of his fingers, the lights turned off. Then, the time burglar started climbing the wall to get into the room. 


viernes, 9 de agosto de 2019

Butterfly

She was the kind of girl that you might not say it's beautiful but that you can clearly see has something special. She used to wear colourful dresses  and when she walked, she seemed to fly, step by step. 

Everybody loved her presence, but only the children were brave enough to approached her. The most part of the adults didn't even spoke to her or didn't wanted to do it either. They probably used to think that watching her in an appropiate distance must be good enough. But I wasn't like them. 

I found her one day in the garden. She was sitting in the grass and smealing a bunch of gorgeous flowers. She seemed really graceful staying there, in the middle of the nautre. 

-Hi.-I said, a little confused-What are you doing here?

-I just want to say goodbye. 

-Goodbye?-I repeated-Are you leaving?

-Yes.

-For how long?

She laughed. 

-I don't know. Maybe I come back some day. You have such a beautiful garden.-she stood up. 

-Wait. Why... where are you leaving?-I tried to make her stay. 

She smiled. 

-If I stay here one more day, I'll definately die. My house, my food. All of them are disappearing. I have to go.-she explained to me. 

I felt guilty about it at some point. And I wasn't wrong. It was, in some way, my fault. Everybody's fault. 

-Don't forget to water the flowers!-said the butterfly before starting to fly, leaving me there alone. 

Mariposa

Ella era el tipo de chica que, probablemente, no dirías que era hermosa, pero que claramente podías ver que tenía algo especial. Solía vestir vestidos coloridos y cuando ella andaba, parecía que volaba, paso a paso. 

Todo el mundo amaba su presencia, pero solo los niños eran lo suficientemente valientes como para acercarse a ella. La mayor parte de los adultos nunca llegaron a hablar con ella y tampoco mostraron intención alguna de querer hacerlo. Pero yo no era como ellos. 

La encontré un día en el jardín. Estaba sentada en la hierba y olía un ramo de flores hermosas. Parecía realmente feliz estando allí, en mitad de la naturaleza. 

-Hola.-dije, un poco confuso-¿Qué estás haciendo aquí?

-Solo quería decir adiós.

-¿Adiós?-repetí-¿Te vas?

-Sí. 

-¿Por cuánto tiempo?

Ella rió.

-No lo sé. Tal vez vuelva algún día. Tienes un bonito jardín.-se levantó. 

-Espera. ¿Por qué... a dónde te vas?-intenté retenerla. 

Ella sonrió. 

-Si me quedo aquí un día más, moriré definitivamente. Mi casa, mi comida. Todo eso está desapareciendo. Tengo que irme.-me explicó. 

De alguna forma me sentí culpable por ello. Y no estaba tan equivocado. Era, en cierta medida, mi culpa. La culpa de todos nosotros. 

-¡No te olvides de regar las plantas!-dijo la mariposa antes de empezar a volar, dejándome allí solo. 

Remolino

Le gustaba nadar. Como poco, se podría decir que se sentía, literalmente, como pez en el agua, y se movía mejor que en tierra con diferencia. 

Pero si había algo que amase más que nadar, eso era hacerlo en el mar. Dejaba las cosas en la orilla y se dejaba llevar por la corriente. Allí, en mitad del océano, todos los problemas se volvían insignificantes y pequeños. Y eso le agradaba. 

De pronto, algo cambio. Podía notarlo en el movimiento de las olas, en la espuma que se originaba en la superficie. Nerviosa, decidió que iba siendo hora de poner fin al baño y nadó hacia la orilla. Pero por mucho que lo intentaba, esta parecía alejarse cada vez más y más. Desesperada, braceó con todas sus fuerzas para huir de la corriente que la arrastraba. 

Cualquier intento fue inútil. Sus brazos y piernas acabaron cediendo y ella fue tragada sin remedio por el remolino. 

jueves, 8 de agosto de 2019

Abismo

A medida que se acercaba al borde, notaba cómo la tierra que pisaban sus pies iba perdiendo consistencia. El barro estaba húmedo y a cada paso que daba,  se hundía más y más en él. 

Se detuvo y contuvo la respiración. Allí, a un paso del abismo, parecía que la temperatura hubiera descendido cientos de grados de repente. Con el corazón en la garganta, se asomó al interior, desafiando a la voraz oscuridad que le devolvía la mirada. 

Casi imperceptibles, dos manos se alzaban en el fondo. Extendidas hacia arriba y con las palmas abiertas, la inquietante presencia de aquellas dos manos se hacía cada vez más cercana. 

No se dio cuenta del peligro hasta que la agarraron por los tobillos y, sin darle tiempo a gritar, la arrastraron al fondo del abismo. 

Operación

La camilla estaba fría y podía sentir mi corazón latiendo en mi garganta. Aun así, hice un esfuerzo por relajarme. No deseaba complicarle más de la cuenta la tarea al doctor. Escuché ruido a mi alrededor y de inmediato supe que la operación había comenzado. 

Alguien habló, pero no pude distinguir ni una sola palabra. La anestesia, me dije. El bisturí se hundió en mi piel, abriéndose en canal. Apreté los párpados con fuerza y ahogué un grito. Algo no marchaba bien. Tenía la sensación de que habían abierto más de lo que debían en un principio. Y lo más extraño. Que no tenían intención alguna de volver a cerrarlo. 

Presa del pánico, no pude evitar la tentación de abrir los ojos. Otro par de pupilas celestes me devolvieron la mirada. Pude ver la sorpresa en ellos. Y también el miedo. 

El bisturí, en el que todavía relucía la sangre fresca, resbaló de la mano del médico forense antes de que este abandonara corriendo la sala. 

Velas

Las gotas de lluvia repiqueteaban con fuerza contra la ventana y los truenos hacían temblar los cristales. 

No recuerdo la última vez que vi una tormenta como esta, pues el clima de este lugar no es lo que se dice precisamente lluvioso. Tal vez por eso mismo los líderes políticos no han sabido preveer el tremendo apagón que esta iba a causar. Y aquí estoy yo, a dos velas. Literalmente. 

Siempre me han gustado las velas. Su apariencia moldeable de cera; su llama débil, efímera. En cierta medida, pienso, nuestra vida se consume al igual que la cera y la llama de una vela. 

Estoy sumida en estos pensamientos cuando alguien llama a la puerta. Con un bostezo y una de las velas en la mano, me dirijo hacia allí, esperando encontrarme con algún vecino pidiéndome un paquete de cerillas o una linterna inexistente. 

Pero no es eso lo que veo en el umbral, tragado por las sombras. Un escalofrío recorre mi espalda y estoy a punto de dejar caer la vela al suelo. 

Vestía una blusa blanca y vaporosa y su larga melena oscura, le caía de forma irregular a ambos lados del rostro. Los ojos grises y los labios apretados. Las manos quietas a ambos lados del cuerpo. Plof, plof, plof. Sonaba un pequeño goteo insistente a la altura de sus zapatos. Con una mejilla más hundida que la otra, su rostro se antojaba un retrato grotesco hecho de cera que, poco a poco, se iba deformando y deshaciendo. 

Quise cerrar la puerta y alejarme de allí. Pero me resultaba difícil hacérselo a mi propio reflejo. No tenía palabras, era como estar mirándome en una especie de espejo, a uno que me devolvía una imagen deformada y aterradora de mí misma. 

Sus manos acuosas se movieron, acercándose a mí. 

En ese momento, la llama de la vela se apagó. 

martes, 30 de abril de 2019

Juegos de palacio

El caballero avanzó con cautela por el amplio pasillo que ante él se extendía. La mano en el cinto había quedado cubierta de un sudor frío.

No había adornos ostentosos ni jarrones orientales. Tan solo el mármol blanco que relucía con la luz que entraba a través de las ventanas. 

Intentó no pensar en las manchas de sangre escarlata que encontraba a su paso cuando llegó a la puerta dorada que se situaba al final de ese mismo corredor. No tenía esta última ningún tipo de pomo o manivela. Tan solo el grabado de dos espadas cruzadas en el centro. Un escalofrío recorrió la espalda del guerrero al intuir su funcionamiento. Aproximó su mano al lugar, sabiendo de antemano lo que se sucedería a continuación. 

La palma quedó pegada al grabado, que comenzó a generarle profundos cortes, como si se tratasen de auténticas armas. Impulsada por alguna especie de resorte, la puerta comenzó a girar y su cuerpo, con ella, dando paso a otra habitación. La sala del trono. 

Era un lugar oscuro y sombrío, donde la temperatura parecía haber descendido mil grados de repente. Las cortinas de seda negra se mecían a la merced de un viento fantasmal y las estatuas de piedra, dispuestas en cientos de imposibles y tortuosas posturas, lo estudiaban desde sus pedestales. 

Y allí estaba ella. En su trono de marfil y de revestimiento de rubíes, con sus medias de encaje y su vestido de plumas. En sus labios rojos, danzando una siniestra y traviesa sonrisa. 

-Me alegra saber que se ha animado usted a jugar, caballero.-dijo ella, poniéndose en pie. 

Sus tacones de aguja resonaron a medida que se acercaba a él. 

-¿Y bien?-sonrió ella, con un brillo peculiar reluciendo en sus pupilas sin fondo-¿Empezamos? 

Su sonrisa se ensanchó al descubrir la palidez de su invitado. Inmediatamente después, retiró la daga de su costado mientras contemplaba, impasible, la vida que por momentos a este se le escapaba. 

Miró entonces su obra con orgullo. Había vuelto a ganar.