Hacía ya tiempo que la luz de la luna y de las estrellas se colaba a través de su ventana y que sus dedos pasaban con avidez las páginas del voluminoso libro. Atrapada por la magia que las leyendas desprendían, se vio incapaz de abandonar la lectura, por mucho que el sueño amenazase con vencerla.
Finalmente, sus ojos cedieron bajo el peso de Morfeo. Su cabeza se inclinó hacia delante y sus brazos dejaron caer el libro sobre su regazo.
Los abrió poco después. Todo estaba más oscuro de lo que recordaba. Intentó moverse, pero su cuerpo se había vuelto de pronto demasiado pesado. Desde algún lugar le llegaron ruidos, como de mil cacerolas golpeando unas contra las otras. Desconcertada, aguzó el oído para escuchar mejor. Y, entonces, en mitad de aquel barullo metálico, distinguió unas palabras conocidas:
-¡Sois un necio, Sir, por desafiar a Lord Airen!
La chiquilla se puso en pie de un salto. Reconocería en cualquier parte el nombre del héroe que protagonizaba todos sus cuentos. Movida por la curiosidad, se acercó con pasos patosos a donde se sucedía el duelo de espadas.
Y allí estaba él. El caballero de las leyendas. Con su reluciente armadura, atestando golpes letales que su enemigo difícilmente podía esquivar. La niña se quedó boquiabierta, incapaz de asimilar que de pronto el personaje hubiera cobrado vida fuera de sus páginas.
De pronto, la batalla se detuvo. Incrédula, vio cómo el caballero se giraba para dirigirse a ella:
-¡Lady Stella! ¡Os estaba esperando! ¡Apresuraos y uniros a la batalla!
Ella fue a protestar, pero se detuvo. En una de sus manos, notó el tacto del mango de la espada. La más grande que ella hubiera visto jamás. Al bajar la vista para contemplarla, fue por primera vez consciente de la armadura que vestía. Sus ojos brillaron de emoción y sin dudarlo ni un segundo, se unió a su héroe en la lucha.
Cuando la luz del sol sustituyó a la de la luna, se despertó entre bostezos y con los párpados pegados. El libro de cuentos seguía en su regazo. Lo dejó a un lado en el suelo y se puso en pie, dispuesta a dar comienzo a un nuevo día.
Pues si algo había aprendido era que vivir las leyendas era mucho más divertido que leerlas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario