¿Qué siente uno antes de saltar, de lanzarse al vacío y no mirar atrás? ¿Miedo? ¿Duda?
Ella sentía nostalgia. El tiempo había pasado tan rápido. Sus colores se habían ido apagando. De los verdes más vivos y veraniegos al marrón más otoñal. Y eso solo podía significar una cosa. El verano se acababa. Y era hora de saltar.
Sin embargo, ella se veía incapaz de abandonar esas ramas que habían sido su hogar, que la habían cuidado y protegido. En definitiva, que la habían visto crecer.
A su alrededor, sus compañeras se lanzaban sin temor a lo desconocido. Sus pies dudaron en el borde. Sabía que, una vez hecho, no habría marcha atrás. Que jamás podría regresar. Pero también sabía que el tiempo seguiría su curso, por mucho que ella quisiese detenerlo.
Y así, sin más, la hoja saltó desprendiéndose al fin del árbol donde había nacido, dando la bienvenida al otoño.
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