-¡Dámela!
-¡No, nunca!-se negó, fuera de sí.
-Vamos.-lo intentó él de nuevo, suavizando el tono de su voz-Sabes que es lo mejor para ti. Para mí. Para todos... Por favor, por favor.-suplicó al borde de las lágrimas-Dámela.
-¡¡No!!-en cuanto dio un paso hacia delante, ella retrocedió llevándose las manos a la corona de oro que cubría su cabeza-¡¡Nunca te la daré!! ¡¡Es mía!!-aunque fueron sus labios los que se movieron, la voz que hizo retumbar la habitación parecía provenir de la propia corona.
Sus ojos, inyectados en sangre y fuera de sus órbitas, se movían de un lado a otro, inquietos. Su pelo había perdido color y su piel comenzaba a cubrirse de manchas del negro del petróleo. Sus pies se tambalearon, perdiendo la fuerza que la corona de oro le estaba arrebatando.
Él sintió una punzada en el corazón. El poder la había cegado y corrompido por completo y ya no había vuelta atrás. Y eso quería decir que solo quedaba una salida.
El pulso le tembló cuando levantó el cuchillo. Con lágrimas en los ojos, atestó un movimiento limpio y la cabeza de ella rodó por el suelo junto a la corona maldita.
-Vamos.-lo intentó él de nuevo, suavizando el tono de su voz-Sabes que es lo mejor para ti. Para mí. Para todos... Por favor, por favor.-suplicó al borde de las lágrimas-Dámela.
-¡¡No!!-en cuanto dio un paso hacia delante, ella retrocedió llevándose las manos a la corona de oro que cubría su cabeza-¡¡Nunca te la daré!! ¡¡Es mía!!-aunque fueron sus labios los que se movieron, la voz que hizo retumbar la habitación parecía provenir de la propia corona.
Sus ojos, inyectados en sangre y fuera de sus órbitas, se movían de un lado a otro, inquietos. Su pelo había perdido color y su piel comenzaba a cubrirse de manchas del negro del petróleo. Sus pies se tambalearon, perdiendo la fuerza que la corona de oro le estaba arrebatando.
Él sintió una punzada en el corazón. El poder la había cegado y corrompido por completo y ya no había vuelta atrás. Y eso quería decir que solo quedaba una salida.
El pulso le tembló cuando levantó el cuchillo. Con lágrimas en los ojos, atestó un movimiento limpio y la cabeza de ella rodó por el suelo junto a la corona maldita.
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