-Doctor, lo he vuelto... lo he vuelto a ver. Era... Estaba. Yo... él...
-Cálmese.-posó con suavidad una mano sobre las suyas, que estaban temblando-Y, ahora, empiece desde el principio.
Cerró los ojos y tomó aire. Después los volvió a abrir, dispuesto a empezar de una forma más ordenada su relato.
-He vuelto a ver al monstruo, doctor.
El hombre asintió con un gesto y él tragó saliva antes de seguir.
-Era de noche. Sí, lo recuerdo. Acababa de cerrar todas las puertas y ventanas cuando sentí su presencia justo detrás de mí.-su corazón se aceleró al recordar la experiencia-Era más alto de lo que recordaba. Tanto, que su deforme cabeza prácticamente rozaba la lámpara del techo.
Había comenzado a sudar, pero sabía que no podía detenerse. Tenía que contar el resto de la historia.
-¿Podría describirlo?-le alentó el médico.
-No sabría decirle.-admitió-Su figura se fundía con las sombras y parecía cambiar constantemente. A veces, tenía la sensación de que todo su cuerpo lo cubrían escamas. Otras, que tenía unas extrañas plumas. A veces, incluso me parecía... me parecía...-el labio le comenzó a temblar.
-¿Qué le parecía?-insistió el doctor sin perder la calma, anotando en su cuaderno.
-Me parecía... humano. Sus ojos. Sus ojos son lo que mejor recuerdo. Eran grandes. Muy grandes. Y oscuros. Casi tan oscuros como los suyos...
-Creo que es suficiente por hoy.-lo interrumpió el doctor dejando el boli sobre la mesa-Recuerde que no debe temer a los monstruos. Son solo un producto de su imaginación.
Él asintió y se levantó con lentitud para dirigirse a la puerta de la consulta. Antes de marcharse, el médico le dedicó una sonrisa.
En cuanto la puerta se cerró, el monstruo respiró aliviado. Había estado muy cerca de descubrirle. Una vez se cercioró de que estaba completamente solo, se deshizo de aquel molesto disfraz, regresando a su verdadera piel.
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