Translate

Entradas populares

domingo, 29 de marzo de 2020

Tela de araña

Torció el gesto en una mueca a la vez que aplastaba con el dedo los restos de la pegajosa telaraña. Acto seguido alzó la vista al techo y dejó escapar un bufido. Cuando accedió a quedarse con la vieja casa de campo del abuelo nunca imaginó que la encontraría en tan mal estado. 

Con un plumero y un trapo, se armó de valor para subir arriba. Tal vez si empezaba con la limpieza a fondo en el primer piso entraría un poco más de luz. Y la verdad es que a ese sitio le hacía falta. Estaba a oscuras y un tanto siniestro. 

Comenzó el ascenso por la vieja escalera. Sus peldaños de madera, posiblemente podridos, crujían a cada paso que daba. Al poco se detuvo. Tenía la sensación de que había oído algo. Como cientos de pasos corriendo de un lado a otro. Negó con la cabeza para impedir que su imaginación hiciera de las suyas. Lo más seguro es que fueran las ratas. Continuó subiendo, y muy a su pesar, siguió escuchando ruidos y pasos a los que les costaba encontrar una explicación. 

Llegó al fin al primer piso. La oscuridad allí arriba era prácticamente absoluta, de modo que tuvo que tener cuidado para no tropezarse con los muebles. En cuanto cruzó el umbral de la primera habitación, la puerta de esta se cerró con estrépito tras él. Le hubiera gustado achacarlo al viento, pero no se movía ni una mota de aire. Ignoró el sudor de sus manos y alzó el plumero con la intención de empezar a limpiar. O, si era necesario, de defenderse. Frunció el ceño. Algo no marchaba bien. Lo había sabido desde que puso los pies en la casa. El suelo estaba especialmente pegajoso. 

De pronto, la habitación le pareció claustrofóbicamente pequeña. Sus músculos se tensaron y su corazón se aceleró. Apenas podía distinguir nada dos metros más allá, pero podía sentirlo. Alguien, o más bien algo, que no había dejado de observarlo desde que entró allí. Intuyó que se movía y un escalofrío le recorrió la espalda. 

De nuevo volvió a escucharlos. El ruido que las ocho patas hacían al golpear contra el suelo. Apretó los dientes y cerró los ojos, sabiéndose indefenso. El trapo y el plumero cayeron al suelo al igual que él había caído de lleno en la trampa de la araña. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario