Translate

Entradas populares

domingo, 18 de octubre de 2020

Cumbres Borrascosas

 


El reto lector de este mes consistía en leer un clásico. Mis opciones estaban entre Sentido y sensibilidad, de Jane Austen, o Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë. Decidí hacer una encuesta en Instagram y fue finalmente este último el que salió como vencedor. Una vez terminado, os dejo como siempre por aquí la reseña y mi opinión al respecto. 

Sinopsis: Un amor que está hecho de los vientos, la lluvia y el barro de los páramos ingleses. Una pasión que atraviesa las paredes y acecha a través de las ventanas. Una pasión que burla a la muerte y atormenta a los vivos. Un amor parecido a una energía sobrenatural que se divide y toma cuerpo en dos seres: Catherine y Heathcliff. 

Heathcliff es oscuro y tosco, un joven huérfano, pobre y sin educación. Catherine es una joven caprichosa que se enamora pero decide no casarse con él por su pobreza y sus malos modales. Heathcliff elige como esposa a otra mujer por venganza. 

Pero nada los alejará. Si no los une el amor, entonces los unirá el odio, los mutuos reproches y los deseos de venganza. Y cuando la muerte se interponga, seguirán acechándose en sueños, en los rincones, en la memoria. 




El principio de esta novela, por lo menos personalmente, me pareció un poco lenta y aburrida. Esto cambia en unas pocas páginas, cuando la entrañable señora Dean empieza a relatarnos la historia de nuestros protagonistas: Catherine y Heathcliff. He de decir que la forma en la que esta narrada, desde el punto de vista de la criada, fue una de las cosas que más me gustó




En cuanto a los personajes y su evolución, por lo menos a lo que mi opinión respecta, deja mucho que desear. Al principio de la relación de Catherine y Heathcliff, estaba encantada con ellos y me producía mucha ternura las escenas que pasaban juntos. Sin embargo, llega un momento en la historia en la que ambos me resultaban insoportables.



Catherine es tremendamente engreída y egoísta. Por no hablar de que Heathcliff tiene una obsesión cada vez más enfermiza por ella, lo que lo lleva a cometer actos despreciables y que me hizo detestarlo hasta la última página. Se me hacía realmente difícil sentir un mínimo de afecto hacia este personaje.




De hecho, puede que el único que se haya ganado parte de mi empatía haya sido Isabella Linton, especialmente después de huir de las garras de este último. 




No me ha resultado una lectura pesada, pero tampoco del todo ligera. Cada nuevo acto vengativo y obsesivo de Heathcliff me resultaba desesperante

En cuanto al final, aunque en parte me agradó, también me resultó un tanto indiferente




En definitiva, esta novela me ha decepcionado un poco, y aunque he intentado verlo desde la perspectiva de la época, se me hacía realmente cuesta arriba. Y, personalmente, no lo consideraría un libro romántico, porque lo que se describe en él está muy lejos de tratarse de una historia de amor

jueves, 15 de octubre de 2020

Goteras

 Estaba tan agotada que se dejó caer sobre la cama y cerró los ojos, esperando caer de inmediato en un sueño profundo. Sin embargo, las horas pasaban y el sueño no llegaba. Y todo por culpa de aquel estúpido sonido. 

Se preguntó medio adormilada cómo no se había dado cuenta hasta que se había acostado. Era realmente irritante. 

Plop, plop, plop. 

Genial, lo que le faltaba. Tendría que llamar al fontanero. No quería pasar más noches en vela como aquella. ¿Cuál sería el grifo que estaría estropeado? ¿O sería la ducha la que estaba mal cerrada? Sintió la tentación de levantarse para comprobarlo. Pero sus músculos no le respondieron. Por lo menos, aunque no pudiera dormir, estaba cómoda. Decidió dejarlo pasar aunque a la mañana siguiente amaneciera en mitad de una inundación. 

El reloj de la mesilla de noche marcaba el paso del tiempo. Las doce. La una. Las dos. Y el sueño, escurridizo, seguía sin acudir a su llamada. 

Plop, plop, plop. 

Estupendo. Ahora parecía que lo escuchaba incluso más fuerte. Menuda nochecita, pensó con el ceño fruncido. 

Entonces sintió que algo espeso le caía en la mejilla. Se limpió con desagrado y se miró la palma de la mano con los ojos entrecerrados. En mitad de la oscuridad, le pareció que estaba... ¿roja? Se incorporó de golpe en la cama. 

Plop, plop, plop. 

En la almohada seguían acumulándose las gotas de sangre. Ella miró hacia arriba. Pronto descubrió su error. 

El cadáver le devolvió una mirada de cuencas vacías mientras ella gritaba, presa del terror. 



domingo, 11 de octubre de 2020

El hombre en el castillo

 


El último libro que he leído ha sido El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, uno al que tenía bastantes ganas desde que vi su adaptación en Amazon Prime, una serie de cuatro temporadas que desde el primer momento llamó mi atención. Aquí os dejo la reseña y lo que me ha parecido esta lectura. 




Sinopsis: El hombre en el castillo nos sumerge en un mundo alternativo en el cual el Eje ha derrotado a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial y los Estados Unidos han sido invadidos y divididos entre los vencedores. Mientras los nazis se han anexionado la costa atlántica, donde han instaurado un régimen de terror, la costa pacífica permanece en manos japonesas. En esta América invadida, los nativos son ciudadanos de segunda clase a pesar de que su cultura es admirada por los vencedores, hasta tal punto de que uno de los mejores negocios es la venta de auténticas antigüedades americanas como relojes de Mickey Mouse o chapas de Coca-Cola.

El argumento que en su sinopsis nos presenta El hombre en el castillo es, cuanto menos, interesante. Un mundo en el que Alemania y Japón se reparten los Estados Unidos tras vencer a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, este no está muy bien desarrollado en la novela y aunque no muy extensa, está lejos de enganchar al lector. Su ritmo resulta lento y pesado, y las páginas se llenan de pensamientos y monólogos internos de los personajes que, en muchas ocasiones, resultan irrelevantes

La diferencia con la historia que nos muestra la serie es evidente. Los personajes aquí son muchísimo más planos y con apenas evolución en sus casi 300 páginas. Por otra parte, se hace latente la ausencia de muchos otros que están presentes en la adaptación de Prime y que, en mi opinión, con su arco la enriquecen muchísimo. Un claro ejemplo sería el personaje de John Smith, que tiene una construcción y evolución brutal a lo largo de la serie. 


Otra gran falta es toda la trama de los rebeldes que en la serie están dispuestos a hacerse con las películas (en el caso de la novela el libro) de El hombre en el castillo para mostrarle al vencido Estados Unidos que hay otro presente posible


Pese a estas evidentes diferencias, todavía contamos con personajes como Juliana, Joe, Tagomi o Childan. Pero tal y como dije anteriormente, en el libro apenas evolucionan y el autor nos muestra una serie de tramas prácticamente inconexas y la mayoría de ellas sin resolución alguna

El final de la trama de por sí se muestra precipitado y algo decepcionante. Es de esos libros en los que al llegar a la última página te preguntas, ¿de verdad me he leído 300 páginas para esto? Por no hablar de que, el famoso Hombre en el Castillo, parece tener un papel casi secundario, sino fuera porque Juliana desde que descubre el libro no tiene otro interés en el mundo que no sea conocerlo. 

En definitiva, ha sido una lectura que me ha decepcionado bastante y es una de las pocas veces que puedo asegurar que su adaptación, aunque se trate de dos historias completamente diferentes, ha sabido explotar mejor este mundo paralelo. Si podéis, darle una oportunidad a la serie. Veréis que se trata de algo completamente distinto







jueves, 24 de septiembre de 2020

Luciérnaga

 Se despertó desorientada y con un fuerte dolor de cabeza. 

Intentó ponerse en pie, pero el mundo le daba vueltas y descartó en seguida la idea. Se llevó una mano a la frente. La tenía ardiendo. Bajó la vista hacia su vestido de fiesta. Había dejado de ser brillante y de vivos colores. El gris y el negro habían sustituido al dorado y al violeta. 

Frunció el ceño en un intento por recordar. ¿Qué había pasado la noche anterior?

Había salido de fiesta con unas amigas. Habían estado bailando toda la noche. El brillo de sus vestidos desafiaba al de la luna y las estrellas. Conoció a un chico. Se alejaron un poco para tener más intimidad y... 

Con una mueca, se masajeó las sienes. De nuevo aquel terrible dolor de cabeza... 

Hizo un esfuerzo y, tambaleante, se puso en pie. Miró a su alrededor. Nada. Solo un espacio vacío y blanco. Las piernas le temblaban. Se sentía exhausta, pero aun así trató de caminar un poco. 

El golpe que se llevó en la frente la hizo espabilar. Extendió las manos y el corazón le dio un vuelco al descubrir la pared de cristal. Dio una vuelta sobre sí misma y descubrió, horrorizada, que estaba atrapada. 

De repente, el suelo tembló y ella, asustada, retrocedió al ver acercarse una enorme cara sonriente. 

El niño, contento, dio unos golpecitos en el frasco de cristal donde había atrapado a la desprevenida luciérnaga. 

domingo, 20 de septiembre de 2020

Un mundo feliz

 


El reto lector de este mes consistía en leer un libro de ciencia ficción y mi elección en esta ocasión ha sido Un mundo feliz, de Aldous Huxley, otro de mis eternos pendientes. 

Sinopsis: Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo, una sombría metáfora sobre el futuro. La novela describe un mundo en el que finalmente se han cumplido los peores vaticinios: triunfan los dioses del consumo y la comodidad y el orbe se organiza en diez zonas en apariencia seguras y estables. Sin embargo, este mundo ha sacrificado valores humanos esenciales, y sus habitantes son procreados in vitro a imagen y semejanza de una cadena de montaje. 

Puede que una de las cosas que más me han llamado la atención de este mundo distópico sea la manipulación a nivel genético que la población sufre desde sus primeros minutos de vida. El concepto de familia como tal ha dejado de existir y la concepción natural ha sido repudiada y sustituida por los avances tecnológicos. Los futuros miembros de la sociedad son condicionados desde el desarrollo embrionario en función de la casta a la que pertenezcan, manipulando la cantidad de oxígeno que reciben o incluso su posición dentro del frasco en el que se encuentran. De este modo, se les enseña a aceptar su realidad y a incluso sentirse felices con ella, convirtiendo a estos en un engranaje más del enorme sistema social al que están sometidos. Todo este complejo proceso, que se describe en las primeras páginas de la novela, ha sido lo que más me ha llamado la atención y lo que más me ha gustado con diferencia.

Por otra parte, tal y como se nos describe en su sinopsis, en esta sociedad distópica el consumismo constituye su columna vertebral y la que la mantiene en funcionamiento. Desde el ocio hasta el transporte y el trabajo están pensados para que se gaste continuamente. Todos aquellos pasatiempos que no requerían del consumo fueron eliminados y se condiciona a los niños para que no se vean atraídos por ellos.  Junto al auge en nuestro presente de las fecundaciones in vitro, este segundo punto consigue hacer saltar la alarma al lector, pues no son pocas las similitudes

Los ciudadanos que encontramos en Un mundo feliz, como su título indica, aseguran ser felices. Pero esta felicidad no es más que pura fachada. No son conscientes de su propia falta de libertad y junto al uso de la soma, una droga que los ayuda a evadirse de los malos sentimientos, les hace creer su propia mentira. Y es precisamente esto lo que convierte en algo tan peligroso la dictadura en la que viven. No son más que una cáscara vacía, sin voluntad propia, y así nos lo hace ver Bernard, uno de sus personajes principales, al inicio de la novela. Bernard se resiste a caer presa de los entretenimientos del consumismo y del soma.

Sin embargo, he de decir que, a mi parecer, tanto la evolución de este personaje como la de Lenina, dejan mucho que desear. Pues aunque en algunos aspectos resultan clave para el desarrollo de la historia, me parecieron planos en ciertos puntos (especialmente Lenina) y esperaba mucho más de ellos. 


Por último, destacar que el final, aunque lo veía venir unas cuantas páginas atrás, es otra de las cosas que más me ha impactado de esta lectura. 

En definitiva, ha sido una novela más que interesante y que nos hace replantearnos mucho de los aspectos de nuestro día a día, así como lo que puede depararnos en el futuro



jueves, 17 de septiembre de 2020

El timbre

Todavía somnoliento, se reincorporó en la cama con un bostezo. Se levantó y subió la persiana para dejar que entrara el sol de la mañana. Solo entonces se dio cuenta del silencio que pesaba en la habitación. Y de lo vacía que estaba. Su novio no estaba allí. 

Empezó a recordar. Poco antes de la hora de la cena, se había puesto el chándal para salir a correr. Él estaba algo cansado así que en esa ocasión no lo acompañó. Picó algo y estuvo matando el tiempo hasta que regresara, pero el sueño lo venció y poco después se fue a la cama. 

Lo invadió un mal presentimiento. Con el corazón encogido, se dirigió hacia la puerta de la entrada. Deseaba albergar la esperanza de que hubiera vuelto a casa y se hubiera ido antes de que él despertara. Pero sus deportivas no estaban allí. Y la ropa de deporte tampoco estaba junto a la ropa sucia. 

Tenía ya el móvil en la mano para llamarle cuando el ruido del timbre le hizo pegar un salto. Su corazón se saltó un latido. Con las palmas de las manos llenas de sudor, abrió. Ni siquiera descolgó el aparato. Tenía que ser él. ¿Quién sino podría ser a esas horas de la mañana? Tal vez se le hubieran olvidado las llaves, tal vez... 

Abrió la puerta un segundo antes de que una figura oscura apareciera en el recibidor, helándole la sangre. 

Después, todo se volvió negro. 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Iron Flowers 2. De la furia a la victoria

 


Hace un par de semanas subía la reseña del libro que iniciaba esta bilogía como parte del reto lector de agosto. Hoy os traigo la segunda parte de las emocionantes aventuras de las hermanas Tessaro, Serina y Nomi.
Sinopsis: Expulsados por Asa, Nomi y Malachi se dirigen hacia una muerte cais segura. Ahora que Asa se sienta en el trono, nada le parará de asegurarse de que Malachi no regrese a palacio. Su única esperanza es encontrar a Serina, la hermana de Nomi, en la isla-prisión de Monte Ruina. Pero cuando llegan allí, no es un panorama de mujeres sometidas lo que encuentran, sino una isla en plena revuelta, liderada por Serina. 

La traición, el dolor y la violencia han cambiado a las dos hermanas, y las mujeres de Monte Ruina planean extender su venganza fuera de los confines de la prisión. Quieren hacer llegar su revolución a todo el reino, e iniciar una nueva era de libertad para todo. Pero antes deberán destruir a Asa, y solo Nomi sabe cómo conseguirlo. 

Separadas de nuevo, esta vez por voluntad propia, Nomi y Serina deben trazar sus caminos mientras despedazan este mundo injusto para construir sobre sus ruinas otro mejor. 

En esta novela, al igual que sucedía con la anterior, nos encontramos ante una lectura amena y que sabe mantener la tensión en el lector hasta el final. De igual modo, el camino que lleva hasta su desenlace está llevado prácticamente a la perfección

 Por otra parte, nuestras amadas protagonistas, Nomi y Serina, siguen contando con una evolución redonda, especialmente Serina, que dista mucho de la aspirante a Gracia que conocimos en el anterior libro. 

Por último, igual que sucedía con la primera parte de esta bilogía, se debe destacar el carácter fuerte de cada uno de los personajes femeninos que aparecen a lo largo de la novela, convirtiéndola en una historia inspiradora y muy necesaria

jueves, 10 de septiembre de 2020

Desvanecerse

 Había empezado a llover. Apenas eran cuatro gotas pero intuyó que no tardaría en convertirse en una tormenta. Apretó el paso y se caló bien la capucha que le cubría completamente el rostro. 

Tal y como había sospechado, muy pronto empezó a llover con más fuerza. Pese a ello, las calles seguían abarrotadas de gente a la que ahora se sumaban los paraguas. Él no tenía ninguno pero no le importó mojarse. Sabía que no lo necesitaba. 

Por pura costumbre, se abrió paso dando codazos. Ni un solo viandante se giró para mirarlo o le reprochó su comportamiento. Apenas si parecían notar que había pasado por su lado. Era como si no existiera. 

Para cuando por fin llegó a las afueras de la ciudad, los relámpagos iluminaban el cielo encapotado. La lluvia caía con violencia. Debería estar empapado. Y sin embargo, su ropa y su piel seguían igual de secas que esta mañana. Alzó la vista al cielo y torció la boca en una mueca. Las gotas de lluvia parecían rehuir su rostro a toda costa. 

Se miró una de sus manos. Transparente, incorpórea como el humo. 

Poco a poco, se fue perdiendo el débil contorno de sus dedos. Después fue la muñeca, el brazo y el hombro. Y así hasta que desapareció, se desvaneció por completo. 


jueves, 3 de septiembre de 2020

El camino

 Aquella noche había luna llena, pero el cielo estaba tan nublado que su luz apenas la iluminaba. 

Se le había hecho más tarde de lo que pensaba. Había tenido suerte de encontrar aparcamiento cerca de su casa pero, aun así, todavía tenía que andar un par de calles hasta llegar al portal. Se aseguró de que el coche estaba bien cerrado. Era muy despistada y no sería la primera vez que se iba y dejaba las puertas abiertas. Echó a caminar, sola y en silencio. 

La calle estaba desierta y aquello la inquietó. Inconscientemente, apretó el paso. Quería llegar cuanto antes. Había hecho ese mismo camino miles de veces. Sin embargo, le daba la sensación de que la calle se alargaba indefinidamente, alejándola de su destino. Se detuvo en un semáforo en rojo para dejar pasar al camión de la basura. Solo le quedaba ese cruce y llegaría a casa. El corazón le latía desbocado. 

Miró por encima de su hombro. Nadie. La calle seguía desierta. Entonces, ¿por qué tenía la sensación de que alguien la estaba siguiendo? ¿Se estaba volviendo paranoica? 

Miró un par de veces a izquierda y derecha y cruzó. Ya casi estaba. Solo un poco más. 

Suspiró cuando por fin llegó al portal. El camino se le había hecho eterno... Rebuscó las llaves en el bolso. Le sudaban las manos. Solo cuando fue a meterlas en el cerrojo y se le cayeron al suelo se percató de que estaba temblando. Oyó un ruido a su espalda y se puso tensa. Se le erizaron los pelos de la nuca y se reincorporó de golpe. El camión de la basura estaba en la acera de en frente, junto a los contenedores, y ella se rió de su propia estupidez. 

Abrió la puerta y se metió en el rellano. Por fin. En casa. Sana y salva. 

Le dio al interruptor para encender la luz. Una, dos, hasta tres veces. Pero la luz no se encendía. Extrañada, fue a dirigirse al ascensor cuando le pareció vislumbrar un rostro en la oscuridad. Alguien le tapó la boca antes de que pudiera gritar. 

lunes, 31 de agosto de 2020

La puerta del bosque

 


Mi última lectura, la cual me ha dejado fascinada, ha sido La puerta del bosque, de Melissa Albert, así que, una vez más, por aquí os dejo mi reseña y lo que me ha parecido esta historia. 
Sinopsis: Alice, una chica de diecisiete años, y su madre se han pasado la mayor parte de sus vidas de un sitio para otro, siempre un paso por delante de la extraña mala suerte que les pisa los talones. Pero cuando la abuela de Alice, la esquiva autora de un libro de cuentos espeluznantes, muere en su finca del bosque, Alice descubre hasta dónde puede llegar su mala suerte.  Su madre desaparece y deja un extraño mensaje: no te acerques al bosque de los avellanos. Para recuperarla, Alice tendrá que adentrarse en el mundo en que nacieron las historias de su abuela y donde quizás encuentre la razón del monstruoso y estremecedor origen de su historia. 

En primer lugar, si algo caracteriza a esta novela es que una vez la empieces los capítulos se pasaran sin que apenas te des cuenta. La forma de narrar de su autora junto a unos capítulos en su mayoría de corta duración la convierte en una auténtica lectura amena y ágil

Por otra parte, la historia en sí misma me ha resultado, cuanto menos, curiosa. La forma en la que los cuentos de hadas se mezclan con el mundo contemporáneo hasta ser incapaz de distinguir sus límites resulta de lo más interesante. Especialmente, si esta se desarrolla de la mano de su protagonista, Alice, un personaje peculiar y fuerte que no deja a nadie indiferente

Lo único que podría decir en su contra en esta reseña es que, en ocasiones, me resultaba un poco difícil seguir los diálogos porque no tenía del todo claro quién era el que estaba hablando. Salvo eso, ha sido un libro que en general me ha gustado y que ha sido bastante entretenido.

Si buscáis una lectura ligera para pasar un buen rato, este sin duda es vuestro libro. 




domingo, 30 de agosto de 2020

Iron Flowers

 


El reto lector de este mes consistía en comenzar una saga literaria y yo me he decidido finalmente por Iron Flowers, de Tracy Banghart, ya que hacía un tiempo que me había llamado la atención y le tenía ganas. 

Sinopsis: En un mundo de hombres en el que las mujeres no tienen ningún derecho, cada provincia del reino debe presentar a sus jóvenes más hermosas para que el príncipe heredero pueda elegir a su pareja. Así es como dos hermanas, Nomi y Serina, terminan confinadas en dos hábitats contrapuestos: la hermosa, frágil y débil en la inhóspita prisión de Mont Ruin y la chica resuelta, práctica y luchadora entre las sedas y fiestas de palacio. Dos historias de superación, supervivencia y amor entre hermanas... Porque, cuando la solución no llega, solo queda cambiar las reglas: ¡Que empiece la revolución!

A través de una narrativa que muestra fuerza desde la primera página sin perder la elegancia de la prosa, la autora nos presenta la historia de dos hermanas: Serina y Nomi, con caracteres tan opuestos como el día y la noche. Son precisamente en esas diferencias donde reside su fuerza ya que, tal y como nos anuncia la sinopsis, acabaran en un escenario que no les corresponde, donde se verán obligadas a adaptarse-y rebelarse-para sobrevivir en una sociedad machista donde las mujeres ni siquiera gozan del derecho a leer. La evolución que sufren a lo largo de la novela los personajes de Serina y Nomi es impresionante y ambas se convierten en unos auténticos iconos del empoderamiento femenino

Cabe destacar también la forma en la que la autora hace que nos adentremos en Viridia; en la tradición de las Gracias, las leyes contra las mujeres o incluso la prisión de Monte Ruin. Todo ello entretejido junto con la historia de liberación de Nomi y Serina y de todas las mujeres sometidas al poder del Superior en un ritmo frenético y ágil que hará que las páginas se pasen volando

Junto a nuestras protagonistas, encontramos toda una gama de personajes variopintos y únicos que enriquecen la historia con sus traiciones, alianzas y secretos

Un libro increíble del que no me podía despegar y más que recomendado. Ya estoy deseando volver a visitar Viridia en su continuación para descubrir que les depara el destino a estas icónicas hermanas. 




jueves, 27 de agosto de 2020

La chica sin rostro

Los vaivenes del autobús, que estaba lleno a rebosar, le hicieron estar a punto de perder el equilibrio en más de una ocasión. Se había agarrado con tanta fuerza a la barra con los nudillos se le habían quedado blancos. Un frenazo hizo que su cuerpo volviera a precipitarse hacia delante. Soltó un bufido al ver que las puertas se abrían para dejar entrar a más pasajeros en aquella lata de sardinas. ¿Es que el conductor no se daba cuenta de que apenas podían respirar? No veía el momento de llegar a su destino, al que todavía le quedaban un par de paradas. 

Se quedó mirando distraída a la gente que se abría paso entre codazos por el estrecho pasillo. Hasta que una larga cabellera rubia llamó su atención. La chica quedó de espaldas a ella, de modo que fue incapaz de verle el rostro. Pero tenía un pelo precioso, pensó. Vestía una falda de tul negra y, encima de esta, un jersey rosa chicle a conjunto con dos sandalias doradas. De inmediato se encontró imaginando la forma de su rostro. ¿Sería redondeado? ¿De qué color serían sus ojos? ¿Tendría pecas escampadas por los pómulos o un lunar sobre el labio? ¿Se habría maquillado? Sacudió la cabeza a la vez que el rubor subía por sus mejillas. Aquello era ridículo. ¿Cómo podía sentirse tan obsesionada por una desconocida a la que ni siquiera le había visto la cara? 

Un nuevo frenazo del autobús la devolvió a la realidad. Habían llegado a otra parada. Las puertas se abrieron y con el corazón en la garganta, observó cómo la chica se abría paso entre la gente para bajar. Su rostro volvió a perderse entre los cuerpos apretados unos contra otros y antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía, fue tras ella. 

La siguió un par de manzanas y de inmediato se sintió embargada por la vergüenza y la culpa. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Acosaba a una chica a la que solo había visto unos minutos en un autobús abarrotado? Se sintió ridícula. Decidió que iba siendo hora de poner fin a su aventura y dio media vuelta para marcharse. 

Pero, en ese momento, la chica se detuvo. 

Un escalofrío le recorrió la nuca, sin saber muy bien por qué. Sus latidos se aceleraron. Le dio la sensación de que ella había sabido desde el principio que la estaba siguiendo. 

Entonces la chica comenzó a girarse lentamente, como si con ello quisiera crear todavía más expectación. La emoción le encogió el estómago. Y también el miedo. 

Al fin se dio la vuelta por completo y ella sintió que las piernas le fallaban y que el suelo había dejado de ser estable bajo sus pies. Su rostro estaba vacío. Solo un agujero negro que parecía tragarse todo aquello que se abría a su paso. Sintió que el alma se le escapaba como arena que se escurría entre los dedos. Si hubiera tenido labios, habría jurado que la chica sin rostro sonreía con malicia. 

Lo último que recordaría sería aquel espeluznante vórtice que se acercaba a ella y su cuerpo inerte cayendo al suelo. 



domingo, 23 de agosto de 2020

1984

 


Una de mis lecturas más recientes ha sido el clásico de George Orwell 1984, de modo que por aquí os dejo la reseña del que ha sido siempre uno de mis grandes pendientes. 
Sinopsis: La acción se desarrolla en 1984 en una sociedad inglesa dominada por un sistema de colectivismo burocrático que controla el Gran Hermano. Un hombre llamado Winston Smith intentará rebelarse contra ese control, la manipulación y el autoritarismo. Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su cometido se limita a escribir la historia de manera que siempre coincida con los intereses y predicciones del partido, así como a hacer desaparecer de los diarios, archivos, etc, los nombres de las personas molestas. Progresivamente se rebela contra la vida que le han obligado a llevar y, con toda clase de precauciones, intenta conservar un diario donde escribe sus dudas, sus pensamientos y sus sentimientos. 

Uno de los primeros aspectos que me gustaría destacar de esta novela es la crudeza de su narrativa y el modo en que está nos va introduciendo en la distópica sociedad de 1984, gobernada por el Partido, el Gran Hermano y los principios del Socing. La fuente de poder de estos tres elementos emana principalmente de su capacidad para manipular y mantener a raya los pensamientos de las masas. Desde las telepantallas y la Polícia del Pensamiento hasta el uso de la nuevalengua, cuyo objetivo no es otro que limitar la capacidad de la mente, los habitantes de Oceanía se ven sometidos a una continua vigilancia y manipulación mental de la que parecen no estar a salvo ni siquiera mientras duermen. Hasta los instintos más primarios como el sexual están reprimidos bajo el control del Partido.

Tal y como se nos adelanta en la sinopsis, la oposición de nuestro protagonista, Winston, hacia este sistema opresor comenzará con algo tan sencillo como escribir un diario. A medida que avancemos y nos sumerjamos en la novela, esta rebeldía comenzará a ganar más fuerza y, de igual modo, la narración se volverá más oscura y desgarradora, desembocando en un final verdaderamente brutal.

Pero, sin duda, lo que me ha resultado más aterrador de esta historia es lo verosímil que a día de hoy puede resultar esa sociedad, cayendo en el peligro de convertirse en nuestro futuro.

En definitiva, un libro que me ha dejado sin palabras y que me ha dado mucho sobre lo que pensar y reflexionar. Una lectura en la que todos, en algún momento, deberíamos plantearnos adentrarnos.


 


 


 


 


jueves, 20 de agosto de 2020

Lluvia de balas

 El día que Carlos se asomó a la ventana y vio que caían balas del cielo, supo con certeza que era el principio del final. 

Y no se trataba de una simple metáfora. Literalmente llovían balas de todo tipo de calibre. La gente huía despavorida en las calles, en busca de un refugio. 

De poco servían ya los paraguas convencionales que abandonaban en mitad de la carrera, ya que más bien nada podían hacer estos contra la metralla que caía del cielo. 

A la lluvia de balas se le unía la de los cristales de las ventanas y los escaparates. El caos se apoderaba también de la calzada y los conductores, perplejos ante lo que veían sus ojos, chocaban los unos contra los otros, presas del pánico. 

Carlos se apartó de la ventana en el mismo instante en el que esta se hacía a añicos. No resultó herido de milagro. Todavía a una distancia prudencial, siguió contemplando la masacre que se cernía sobre las calles. 

Aquello solo era el principio del final. 

martes, 11 de agosto de 2020

Hospital

 La luz reflejaba con tal intensidad en las paredes blancas de la habitación que se vio obligado a apartar la vista y entrecerrar los ojos. 


Se reincorporó en la cama y se llevó la mano a la frente. La cabeza le ardía y le daba vueltas. No recordaba cómo había llegado hasta allí. Apenas sí tenía una vaga idea de su nombre y de quién había sido antes del accidente. 

En un intento por recordar, paseó su mirada por la habitación. Una ventana en la pared al fondo. Frente a la cama, un televisor colgado de la pared que ahora estaba apagado. A su lado, una mesilla con un jarrón cuyas flores hacía tiempo atrás que se habían marchitado. Poco más había en el dormitorio. Trató de ubicarlo en su memoria, pero solo había lagunas. 

Apartó la sábana que lo cubría y decidió levantarse. Se dirigió con decisión hacia la puerta y la abrió con cuidado, como si cualquier movimiento brusco fuera a dejarlo inconsciente otra vez. Se asomó al pasillo y allí vio cientos de puertas iguales a la suya, una sucesión de números infinitos. De vez en cuando, alguien salía o entraba en una de las habitaciones. Todos ellos vestidos completamente de blanco, como las paredes que lo rodeaban. 

"Un hospital'', pensó, y una parte de él lejos de aliviarse se inquietó. 

Se dio cuenta de que nadie le dirigía la mirada. Intentó llamar la atención de los médicos que pasaban por su lado, pero fue inútil. No le escuchaban. Era como si no existiera. 


Lo asaltó un mal presentimiento. Había algo que no encajaba. Temiendo lo peor, bajó la vista y se encontró su ropa manchada de sangre. Tuvo la sensación de que todavía seguía fresca y eso le provocó un par de arcadas. Se miró las palmas de las manos, que le temblaban con violencia. También estaban manchadas de sangre. 

Sus peores sospechas se confirmaron cuando, con un nudo en la garganta, se giró hacia el interior de la habitación. Se vio a sí mismo tumbado sobre la cama, cubierto hasta la cabeza por la sábana. 

Se preguntó cuánto tiempo debía de llevar muerto. 




miércoles, 5 de agosto de 2020

Fantasmas

El suelo de madera estaba frío y crujía bajo sus pies descalzos. 

Pese a que su padre le había asegurado una y otra vez que no tenía de que preocuparse, ella no se veía capaz de dormir a pierna suelta. Aunque hacía semanas que las nieves cubrían la región, ella sudaba a mares bajo las sábanas. Las manos le temblaban y le entraba un tic nervioso en el ojo izquierdo. Y las voces. Lo peor eran las voces. Desde la muerte de su madre, no había dejado de oírlas, volviéndose estas más fuertes a cada noche que pasaba. 

Su padre prácticamente se había reído cuando le había sugerido que la casa estaba encantada. Decía que pasaba demasiado tiempo leyendo cuentos y leyendas. Tal vez fuera cierto. O tal vez simplemente se estuviera volviendo loca. Pero esa noche, estaba dispuesta a llegar hasta el fondo del asunto. 

Candelabro en mano, fue avanzando con lentitud por el siniestro pasillo. Ya no estaba segura de si se mostraba cautelosa por no despertar a su padre o por no llamar la atención de los posibles fantasmas que allí se encontraran. El corazón le latía tan deprisa que le retumbaba en los oídos y no podía pensar. 

A cada paso que daba, las voces parecían volverse más furiosas. Una capa fría de sudor se acumuló en su espalda, bajo el camisón. Le volvió a entrar el tic en el ojo. La mano que sujetaba el candelabro temblaba tanto que temía que de un momento a otro tirara las velas al suelo, iniciando un incendio. Pensó en dar media vuelta. En regresar a su habitación e intentar conciliar el sueño. Pero sabía que sería inútil. No conseguiría dormir hasta que descubriera el origen de las voces. 


Estaba a punto de llegar al final del corredor cuando se levantó un viento gélido que apagó la llama de dos de los tres cirios que llevaba consigo, dejándola prácticamente a oscuras. Su corazón latió más deprisa. En ese pasillo no había puertas ni ventanas. Solo viejos y descoloridos retratos de su familia y sus antepasados. 


Sintió que el escaso valor que había conseguido reunir para llegar hasta allí bajaba por su garganta hasta la punta de sus pies. Decidió que ya había tenido suficiente por aquella noche. No veía la hora de que volviera a salir el sol por el horizonte. 

Fue a dar media vuelta para regresar a su habitación cuando la vio. Su cara deforme y blanquecina pegada a la suya a la luz de la única vela que permanecía encendida. Quiso gritar pero parecía que el miedo le hubiera hecho un nudo en la garganta, enredando sus cuerdas vocales. El fantasma se parecía tanto a ella que era casi como mirarse en un espejo, solo que su verdadero reflejo no era ni de lejos tan espeluznante. 

Solo cuando la última vela se apagó cayó en la cuenta de por qué se le parecía tanto. 

Era su madre. 

jueves, 30 de julio de 2020

La ventana

A pesar de que llevaba ya más de un año viviendo en la casa, sentía que no se había terminado de hacer a ella. Había vaciado todas las cajas, la había redecorado a su gusto pero, aun así, no podía evitar tener la sensación de que algo fallaba. Entonces cayó en la cuenta de que era eso que posiblemente lo incomodaba. 

El salón no era demasiado grande. Lo suficiente como para que pudiera caber un sofá y una mesa baja, además de un pequeño balcón. No habían sido pocas las veces que se había sentado allí a leer o a beber un café, buscando desconectar del sobrecargante estrés que le suponía la mudanza. Y justo frente al sofá, había una ventana. Recordaba haber apartado con entusiasmo las cortinas el primer día que pisara el apartamento, deseando que entrara la luz del día. Ahora, sin embargo, empezaba a arrepentirse de haberlo hecho. 

Daban igual la hora o el momento del día en el que se decidiera a sentarse en el salón. Siempre que miraba a través de la ventana, ella estaba allí, desde su balcón, observándole, sin pestañear. Al principio, intentó saludar o llamar la atención de la que fuera su vecina, pero todo intento fue en vano No se inmutaba. Por un segundo, le pareció que ni siquiera respiraba. Se limitaba a estar allí, observándole. No importaba cuándo ni qué estuviera haciendo. Ella seguía allí. 

Con un sudor frío empapando su nuca, se levantó a trompicones del sofá y corrió de nuevo las cortinas. Pero era inútil. Pese a que desde entonces el salón se mantenía siempre en la penumbra, él podía seguir viéndola, vigilándole desde el otro lado de la calle. No podía apartar de su cabeza la imagen de sus ojos atravesándole. 

Desde entonces había pasado poco más de un año, y él no se había atrevido a volver a mirar a través de la ventana. Con el pulso acelerado, se dirigió al salón y respiró profundamente antes de atreverse a hacerlo de nuevo. No podía permitirse el lujo de mudarse otra vez, así que no tenía más remedio que hacer frente a sus miedos. No tardó en descubrir que el remedio había sido muchísimo peor que la enfermedad. 

Al otro lado de la ventana, no había balcón, ni muchísimo menos ninguna mujer observándolo. Simplemente, no había nada. Nunca lo había habido. Solo un solar vacío a la espera de un nuevo proyecto de construcción.  

 

jueves, 23 de julio de 2020

Humo

Pese a la intensidad de las luces que apenas dejaban ver las estrellas, aquella era una noche especialmente oscura. 

Arropado por el ruido y la actividad frenética del tráfico salió al balcón, en busca de algo de paz en aquella ciudad que nunca dormía. Se apoyó contra la barandilla de hierro y dejó vagar la mirada en las luces que se extendían bajo él durante unos segundos. Después, metió la mano en el bolsillo y sacó un paquete de tabaco. Sacó un cigarrillo y jugueteó con él entre los dedos antes de decidirse a llevárselo a los labios. Aun así, todavía tuvo que pasar un rato hasta que se decidiera a encenderlo. 

Expulsó entonces el humo hacia aquel cielo sin luna, ajeno a la ajetreada vida que parecía tener el resto del mundo. El humo ascendió hasta situarse encima de su cabeza, tomando formas imposibles. Dragones, pegasos y otros animales fantásticos que parecían dispuestos a alejarlo con sus alas de esa realidad que lo torturaba. 

Dejó que lo envolviera con cada calada, sintiendo que sus propios pies se elevaban unos centímetros del suelo. Se dejó arrastrar, como el humo, por el viento, sintiéndose más ligero y más libre. 

Pero el humo es efímero. Como también lo son muchos sueños. 

Para cuando el cigarrillo no era más que una colilla, se volvía a sentir atado a la tierra y, junto al humo, no solo se habían desvanecido las criaturas. También lo había hecho su oportunidad para escapar de allí. 

domingo, 19 de julio de 2020

Seré frágil


El reto lector para este mes de julio consistía en leer un libro basado en una historia real. El elegido para esta ocasión ha sido Seré frágil, de Beatriz Esteban

Sinopsis: "Hace cinco años perdí mucho más que unos cuantos kilos: perdí toda la esperanza. Parte de mi vida está en esta historia, que es el fruto de todo lo que aprendí en ese tiempo. Espero que sirva para comprender lo que es un trastorno alimenticio, cómo afecta y desgasta a una persona, cómo mata. Quiero dar un soplo de esperanza a todos lo que, como yo, se han sentido insuficientes, solos e incomprendidos. Quiero recordarles que su historia también es importante.'' 

Sara Soler se odia. A pesar del amor de su pareja, sus amigos y su familia, nunca se ha sentido suficiente. Todo empieza a cambiar tras la muerte de su compañera de clase, Sofía, después de luchar durante años contra la anorexia. En su funeral, los padres de Sofía le entregan a Sara el diario de su hija, asegurándole que lo han encontrado bajo una nota con su nombre. A través de sus palabras, Sara empieza a conocer los misterios de su pasado, mientras su presente se va contagiando de la mentalidad enferma de Sofía. La guerra no ha hecho más que comenzar. Una guerra en la que, para sobrevivir, Sara tendrá que luchar contra sí misma. 

A través de este libro y de los personajes de Sara y de Sofía, la autora nos relata su lucha contra la anorexia. Resulta una historia desgarradora y también muy necesaria que me ha emocionado hasta el final. 

Sin duda, lo que más me ha gustado este libro es la forma en la que nos introducimos en los pensamientos que atormentan, primero a Sofía, y luego a Sara. Conocemos de primera mano la condena que supone para ellas la enfermedad, y como su vida se transforma por completo en una lucha que puede costarles la vida

Además de, por supuesto, hablarnos de la anorexia y de lo duro que supone vivir día a día con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), en esta novela también se tratan temas, aunque puede que no de una forma tan extensa, como la depresión, el suicido, el bullying o la autolesión

Es por esto que me ha gustado tanto este libro y que lo veo una lectura más que necesaria para poder comprender un poco mejor la importancia de la salud mental y de pedir ayuda, así como el largo proceso que supone su recuperación.

En el mercado editorial deberían existir más libros como este que den voz a esta clase de historias. 

jueves, 16 de julio de 2020

Cristal

De pie frente al espejo, hizo una mueca y frunció el ceño. No estaba conforme con la imagen que le devolvía el reflejo. 

La veía demasiado frágil. Demasiado imperfecta. 

Se miró las palmas de las manos, con unos dedos tan finos que parecían hechos de cristal. 

Hacía tiempo que se sentía así. Tan ligera, tan débil, que solo una ligera brisa hubiese bastado para romperla. Sonrío para sí ante esa idea. Pues por dentro hacía ya mucho que se había quebrado. 

Con un movimiento brusco de cabeza, apartó la vista del espejo, como si el solo hecho de mirarse la quemara. 

Entonces lo vio sobre la mesita de noche. El martillo que había cogido esa mañana de la caja de herramientas. Lo cogió con una mano temblorosa, situándose de nuevo frente al espejo. Todo su cuerpo temblaba, en realidad, como una hoja sacudida por el viento. Ese viento que podía romper su frágil cuerpo de cristal. 

Con una rabia inusitada, cargó el martillo contra el espejo, rompiéndolo en mil pedazos en un grito desgarrador. Algunos cristales saltaron y se clavaron en su piel, pero no le importó. Ahora la imagen sí que se correspondía con la realidad. 

El espejo estaba roto. Igual que ella. 

jueves, 9 de julio de 2020

El faro

El manto de nubes grises que cubría el cielo suponía un presagio de la tormenta que se avecinaba. Esta se dejaba entrever también en la ferocidad con la que las olas golpeaban una y otra vez la costa, rompiéndose contra las rocas negras. 

La tempestad se avecinaba y eso significaba que, una vez más, la luz del faro debería guiar a los barcos hasta puerto seguro esa noche. 

El vigilante, ya un viejo conocido del oficio, dejó vagar su vista en el horizonte, que cada vez se volvía más oscuro. Fue entonces cuando la vio. Parpadeó dos veces, incrédulo ante lo que veían sus ojos. Por un segundo, lo achacó al desgaste del trabajo y de la edad. Impulsado por un mal presentimiento, descendió del faro. 

Y allí estaba. Con los pies descalzos, de pie sobre una roca en la que las olas chocaban con violencia, observando el mar. Llevaba un vestido blanco vaporoso que relucía aún más su piel pálida. Su pelo rubio enmarañado parecía haber perdido el brillo tiempo atrás y caía con elegancia a su espalda. 

El vigilante contempló a la muchacha en silencio. Se acercó a ella con cautela. Temía que fuera a desvanecerse con cualquier movimiento brusco. Sin embargo, antes de que pudiera articular siquiera una palabra, la joven alzó uno de sus brazos, apuntando a la inmensidad del océano que se abría ante ellos. 

El hombre siguió la dirección que apuntaba el dedo de la joven. Tenía una palpitación extraña en las sienes y la frente sudorosa. En la lejanía, le pareció distinguir unas manchas negras. Barcos, pensó. 

En ese momento, la luz del faro a su espalda parpadeó hasta apagarse por completo. Regresó corriendo a su puesto, pero ya nada pudo hacer para que volviera a funcionar. 

Para cuando volvió a mirar, la chica había desaparecido. 

Los barcos se hundieron sin remedio.