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jueves, 3 de septiembre de 2020

El camino

 Aquella noche había luna llena, pero el cielo estaba tan nublado que su luz apenas la iluminaba. 

Se le había hecho más tarde de lo que pensaba. Había tenido suerte de encontrar aparcamiento cerca de su casa pero, aun así, todavía tenía que andar un par de calles hasta llegar al portal. Se aseguró de que el coche estaba bien cerrado. Era muy despistada y no sería la primera vez que se iba y dejaba las puertas abiertas. Echó a caminar, sola y en silencio. 

La calle estaba desierta y aquello la inquietó. Inconscientemente, apretó el paso. Quería llegar cuanto antes. Había hecho ese mismo camino miles de veces. Sin embargo, le daba la sensación de que la calle se alargaba indefinidamente, alejándola de su destino. Se detuvo en un semáforo en rojo para dejar pasar al camión de la basura. Solo le quedaba ese cruce y llegaría a casa. El corazón le latía desbocado. 

Miró por encima de su hombro. Nadie. La calle seguía desierta. Entonces, ¿por qué tenía la sensación de que alguien la estaba siguiendo? ¿Se estaba volviendo paranoica? 

Miró un par de veces a izquierda y derecha y cruzó. Ya casi estaba. Solo un poco más. 

Suspiró cuando por fin llegó al portal. El camino se le había hecho eterno... Rebuscó las llaves en el bolso. Le sudaban las manos. Solo cuando fue a meterlas en el cerrojo y se le cayeron al suelo se percató de que estaba temblando. Oyó un ruido a su espalda y se puso tensa. Se le erizaron los pelos de la nuca y se reincorporó de golpe. El camión de la basura estaba en la acera de en frente, junto a los contenedores, y ella se rió de su propia estupidez. 

Abrió la puerta y se metió en el rellano. Por fin. En casa. Sana y salva. 

Le dio al interruptor para encender la luz. Una, dos, hasta tres veces. Pero la luz no se encendía. Extrañada, fue a dirigirse al ascensor cuando le pareció vislumbrar un rostro en la oscuridad. Alguien le tapó la boca antes de que pudiera gritar. 

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