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jueves, 14 de enero de 2021

Viaje al infierno

 


El sonido del péndulo del reloj lo acompañaba en sus horas de insomnio. No podía dormir. Llevaba noches sin poder hacerlo. Las horas pasaban y él seguía allí, tumbado en la cama, mirando algún punto concreto del techo. 

Esa mañana había sido el funeral. Un sudor frío le recorrió la espalda al recordarlo. De forma inconsciente, se agarró con más fuerza a las sábanas. Él no quería matarla. De verdad que no. Pero las cosas se complicaron. Empezó en una discusión y... se le fue de las manos. Eso era todo. ¿Verdad? No es que fuera un asesino ni nada de eso. Y lo sentía. De verdad que lo sentía. Las lágrimas que había derramado horas antes en el entierro no habían sido en vano. 

Sacó una de sus manos de debajo de las sábanas y la puso frente a su rostro. La oscuridad apenas dejaba intuir los contornos de la alianza en su dedo anular. 

-Hasta que la muerte nos separe...-murmuró para sí. 

Un golpe sordo sonó entonces y él saltó en la cama. Hubiera jurado que era la puerta, pero aquello era imposible. El corazón se le subió a la garganta. Pasos. ¿Eso que escuchaba eran pasos? Era como si alguien estuviera andando, no, arrastrándose sobre el suelo de madera. En un gesto infantil, se cubrió por completo con la sábana. Aquello no podía ser real. Sintió unas manos frías que se alzaban sobre el colchón y él cerró los ojos con fuerza. No es real, no es real, no es real... 

La sábana, su muro de protección, cayó al suelo. Sintió la tentación de abrir los ojos para descubrir a lo que se enfrentaba. La curiosidad pudo con el miedo y los abrió. Se arrepintió de inmediato. 

-No puede ser...-casi no le salía la voz. 

Su difunta esposa le dedicó una sonrisa siniestra. 

-No te preocupes cariño, no me he olvidado de ti. Los dos nos iremos juntos... Juntos al infierno... 

Sus manos cadavéricas se cernieron sobre él y lo arrastraron a las profundidades del abismo. 

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