Sinopsis: El destino de dos mujeres. La herencia de una familia. La historia de una pasión.
Stuttgart, 1903. La próspera fábrica de chocolates Rothmann es un lugar donde se elaboran desde exquisitos bombones hasta sofisticadas tabletas de chocolates rellenas. Judith, la hija mayor de la familia Rothmann sueña con llegar a estar algún día al frente del negocio, un deseo que entra en conflicto con el de su padre, que solo piensa en encontrar un buen partido para ella. Hélène, la madre de Judith, una mujer de espíritu libre, cansada de una ciudad y un entorno demasiado tradicionales, busca la inspiración artística a orillas del lago de Garda, donde se ha refugiado. Pero como el destino suele ser imprevisible, la vida tiene preparada más de una sorpresa para estas dos mujeres muy diferentes pero igual de fuertes y apasionadas.
Mi primer problema con esta novela de Maria Nikolai (de la cual acabo de descubrir que hay una segunda parte llamada La mansión de los chocolates-los años dorados) es que siento que no me ha dado lo que prometió. En la sinopsis se nos vende como la historia de dos mujeres fuertes. Y, en cierto sentido, esto es así. Pero siento como que esa trama es más bien secundaria. Lo principal aquí son las relaciones amorosas. Y eso sería perfecto sino fuera porque avanzan a un ritmo demasiado lento.
Puede describirte en páginas y páginas cómo era la sociedad de la época, los vestidos o las fiestas, pero en cuanto a la acción, esta o se resuelve en cuestión de minutos o se alarga más de lo necesario. Y, por lo menos yo como lectora, me aburro. Cuesta mucho conectar con la historia y los personajes cuando no paran de darte datos irrelevantes cada dos oraciones. Los capítulos relatando las travesuras de Anton y Karl, los hermanos gemelos de Judith, me parecen totalmente innecesarios. No aportan absolutamente nada a la trama, sea la que sea.
Los diálogos también me chirriaban bastante. Sonaban forzados y, a mí parecer, algo infantiles. No sabría explicarlo pero no me parecían naturales. Además, en toda la novela una y otra vez, cada vez que un personaje debía hacer varias cosas, se repetía de forma constante su nombre en vez de utilizar sinónimos, por ejemplo. Esto también hizo mi lectura bastante pesada, aunque desconozco si en este caso se trata de un fallo de traducción o también ocurre así en el original.
Lo único que ha conseguido que aguante hasta el final y me ha parecido interesante ha sido la curiosa relación entre Judith, Hélène y Max Ebinger, pero sin el desenlace que tanto esperaba. Sinceramente, pienso que la autora podría haberle sacado muchísimo más provecho. Eso le habría dado un giro a la novela de 180º.
En definitiva, La mansión de los chocolates ha sido para mí una decepción como lectura de la que esperaba muchísimo más.




No hay comentarios:
Publicar un comentario