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jueves, 7 de enero de 2021

Flores marchitas

 

Los párpados le pesaban demasiado. Era como si no quisieran que volviera a despertar. Aun así, hizo un esfuerzo por abrir los ojos de nuevo. Se sentía terriblemente cansado. Frunció el ceño a la vez que trataba de reincorporarse en el colchón. Tenía la boca seca. Algo no marchaba bien. No llevaba su ropa. Y no estaba en su habitación. Un mal presentimiento empezó a presionarle el pecho. Se llevó una mano a las sienes. Hacía años que no le dolía tanto la cabeza. Sentía que de un momento a otro le iba a explotar. 

Entonces las vio. En una pequeña mesa situada al lado de la cama. Un jarrón con flores de vivos colores. Los recuerdos le golpearon con la fuerza de una bofetada. 

El día anterior, si es que solo habían pasado veinticuatro horas, había ido a visitar a su tía al hospital. Sí, lo recordaba. Había estado decaída después de la operación y pensó que un ramo quizá pudiera animarla. Se vio a sí mismo buscando el número de la habitación, asomándose con cautela a cada una de las puertas mientras en la otra mano sostenía las flores. Por el rabillo del ojo vio algo que llamó su atención y sus pasos se volvieron más lentos hasta detenerse. La puerta de la habitación estaba abierta. En su interior, una joven estaba tumbada en la cama. Tenía una vía en unos de sus brazos y su melena le tapaba los ojos y parte de la cara. Recordaba quedarse fascinado por el color de su cabello plateado. Le pareció ver que sonría y, en ese momento no supo bien porqué, los pelos se le pusieron de punta. Y después... Después nada. Vacío. 

Se llevó las dos manos a la cabeza y ahogó un grito. La cabeza le iba a estallar. Se le erizó el cabello de la nuca. La temperatura de la habitación había descendido de pronto. Alzó la cabeza con el pulso en la garganta. La chica del pelo plateado estaba sentada al borde de  su cama, sonriente. Había cogido el ramo de la mesita y lo examinaba con cuidado. En su mano, las flores se estaban marchitando. Su corazón latió más despacio. Las piernas le empezaron a temblar. De repente, se sentía muy débil. En un gesto inocente, la chica se retiró parte del cabello detrás de la oreja, dejando ver una única pupila del color de la sangre. 

-Siempre me han gustado las flores.-su voz hueca y fría resonó en la habitación-Están llenas de vida. Así es más fácil arrebatársela. 

Su sonrisa se volvió más amplia a medida que se marchitaba la última flor. En ese mismo instante, su corazón dejó de latir. 

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