Era una noche fría y lluviosa. Se sentía ansioso e incómodo. Nunca le habían gustado los cementerios y deseó estar en ese momento en casa, viendo una película o leyendo un buen libro. Sin embargo, sabía que era su deber estar allí, especialmente después de lo que había pasado.
El funeral estuvo lleno de gritos, lágrimas y una especie de sentimiento de culpa e injusticia. Cuando la ceremonia acabó, permaneció un poco más frente a la tumba.
-Fue un accidente...-susurró cuando se quedó completamente solo.
De algún modo, esperaba que su amigo pudiera escucharlo y perdonarlo.
-No quería...
Un trueno cruzó la noche cuando una mano pálida surgía en la superficie y agarraba su pierna, arrastrándolo hasta lo más profundo de la tierra.
-No te preocupes, amigo mío.-dijo una tétrica voz-Ambos sabemos que tú también debes estar aquí abajo.