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sábado, 26 de junio de 2021

Dos almas


 Sinopsis: Ellos son el uno para el otro. O tal vez no. Las almas gemelas existen, pero no como te lo imaginas. Cada cierto tiempo nacen dos personas que forman la pareja perfecta. Son almas gemelas. Pero ¿y si encontrar a tu alma gemela tuviera el potencial para destruir la tierra, literalmente? Una extraordinaria y épica historia sobre enamorarse. 

"Yo nunca había creído en las almas gemelas. Era una expresión hollywoodiense, un concepto inventado para vender literatura romántica y derechos de autor. A mi modo de ver, el amor era una obsesión mundial nacida de la fantasía desesperada. Daba igual que la gente hablara de amor, de romanticismo, del hallazgo de nuestra alma gemela y demás paparruchas. Para mí no era más que una cuestión de hormonas, de química y biología, envuelta en la ilusión de vivir felices para siempre, fruto del miedo a estar solos. Claro que siempre se es una cínica hasta que una misma se enamora. El problema era que Hollywood, Stephanie Meyer, Mills y Boon..., todos ellos tenían razón. Las almas gemelas existen de verdad. Lo que ninguno de ellos entendía es que encontrarla no siempre es algo bueno. 

Tengo muchas cosas que comentar de esta novela de Holly Bourne y no sé hasta que punto eso es algo bueno. 

La cosa había empezado bien. La premisa me había parecido interesante y la actitud cínica de la protagonista, lejos de desagradarme, me gustaba. Incluso parecía tratar temas importantes como la salud mental. Todo eso, junto a la actitud de rebeldía de nuestra prota, se había ganado mi visto bueno. Y entonces empezó a decaer

Si digo que Poppy y Noah me caen mal me quedo corta. No soy capaz de empatizar con ellos, al contrario, me ponían muy nerviosa con cada decisión que tomaban. Y no quería que acabaran juntos, al revés. Empatizaba más con los antagonistas y eso que tampoco son fruto de mi devoción. Poppy se pasaba de la raya con su cinismo y se me hacía una niñata insoportable. La fuerza que había ganado en los primeros capítulos la perdió por completo. Y Noah... bueno. El hecho de que cada descripción sobre él fuera que "estaba buenísimo y era super guapo'' era como STOP. Ya lo hemos pillado, ¿pero hay algo más que haga en su vida este hombre que no sea estar cañón y tocar la guitarra? No sé, digo. Además, a lo largo de la novela ves que Poppy se preocupa demasiado por su aspecto. No ir maquillada le parece un crimen mientras que da igual si Noah se peina o no porque sigue estando buenísimo. 

Siguiendo en esta línea, también he notado que se hacía como mucho hincapié en diferenciar "actitudes femeninas y de chicas'' y "actitudes masculinas y de chicos'' cosa que también me ha chirriado bastante. De hecho, Poppy se presenta a sí misma como "no soy como las demás chicas, yo soy diferente''. Al final de este libro he llegado a la conclusión de que la sororidad en esta historia brilla por su ausencia

Tampoco me ha agradado la relación entre Noah y Poppy. Sí, tenían momentos muy bonitos, pero era demasiado dependiente. Y creo que eso es lo que más me fastidia. Porque Poppy pasa de un personaje que entra pisando fuerte e independiente a... una chica enamorada que no puede respirar si no está con su pareja y que necesita estar a su lado para todo. Y eso, queridos amigos, no es sano y está lejos de ser romántico. Y ya no hablemos de las escenas de celos

Por no hablar de todo lo malo, aunque no lo creáis, también han habido cosas que me han gustado. Pese a todo, es un libro que se lee super rápido y no se te hace pesado. Los diálogos y las descripciones son muy naturales. Sobre todo, me ha gustado la construcción de los personajes de las amigas de Poppy, cada una con una personalidad diferente. Mi favorita es sin duda Lizzie. Y la que más he odiado (está empate con Noah y la propia Poppy) ha sido Ruth. Me parece demasiado estúpida. Y me ha dado rabia que la mayoría de veces se le diera la razón o que incluso hubiera que disculparse con ella cuando había sido su culpa. Otra cosa que me ha llamado la atención (para bien) ha sido todo el asunto de las almas gemelas, aunque hubiera preferido que se explicara más en profundidad en vez de tantas escenas romanticonas con Poppy y Noah

Os habréis podido hacer una idea de que, en definitiva, no ha sido una de mis lecturas favoritas del año. Entiendo que, al ser este el primer libro de la autora, tenga sus fallos y no sea perfecto. A mí misma me ha pasado con lo que escribo. Y, estoy segura de que si leyera una de sus últimas novelas, por ejemplo The Yearbook, mi opinión sería distinta. Sin embargo, siento que esa historia no ha sido para mí

jueves, 24 de junio de 2021

Oscuridad

 

Debería haber amanecido hace horas, pero ni un mísero rayo de luz se colaba por la ventana. Sentía su cuerpo pesado, como si en mitad de la noche hubieran llenado su tripa de piedras como al lobo del cuento. Hizo un esfuerzo por reincorporarse, pero su voluntad parecía haber quedado reducida a algún rincón inaccesible de su mente. La oscuridad lo engullía por completo, amenazando con volver a sumirlo en el sueño. 

Tuvo la tentación de bajar los párpados, de dejarse llevar. Se resistió. Tenía la intuición de que, si cerraba los ojos, nunca más los volvería a abrir. Que la oscuridad se apoderaría de él y se adueñaría de su alma. Los abrió al máximo posible, en un intento por intimidar a las sombras de su alrededor. Las sentía cada vez más cerca. Podía intuir sus siluetas y sus cuencas vacías entorno a su cama, esperando el momento en el que dejara de luchar para abalanzarse sobre su cuello y ahogarlo. 

Un sudor frío le empapó la frente. Se sentía cansado, débil. Intentó reincorporarse de nuevo, pero su cuerpo apenas se movió. Aquella oscuridad inhumana lo había inmovilizado, como si lo hubiera atado con una cuerda invisible al colchón. Cualquier intento era inútil, comprendió de pronto. No podía salir de allí. Los monstruos que lo rodearon parecieron captar su desolación y acercaron sus rostros todavía más a él, llenos de júbilo. A él se le heló la sangre en las venas. No podía dejarlos vencer. No podía cerrar los ojos. 

Sintió una opresión en el pecho, como si estrujaran su corazón. Nunca había sentido un dolor parecido. Las sombras todavía no le habían tocado, seguían mirándolo, expectantes. Pero tuvo la sensación de que era una de sus frías garras la que lo asfixiaba. Apretó la mandíbula y dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Dios, dolía tanto... ¿Cómo podía doler tanto? 

Duerme, le dijeron las sombras en un tenebroso coro. Duerme, y todo habrá terminado. Deja que tomemos el control por ti. Deja que todo pase. 

Él deseó poder llevarse las manos a los oídos para dejar de escucharlas, pero su cuerpo seguía sin responderle. 

Duerme. Duerme. Duerme. 

¡No! Quiso chillar. Quería salir de allí, pero no podía. Habían tomado ya el control de su cuerpo. ¿Cuánto tiempo tardarían en tomar el control de su alma?

Duerme.

No podía cerrar los ojos. 

Duerme. 

O la oscuridad lo engulliría, y sería el fin. 

Duerme. 

Pero el pecho le dolía tanto... Todo le dolía, en realidad. ¿Cómo podía ser capaz el ser humano de aguantar tanto dolor? 

Duerme... 

Y entonces, cerró los ojos, vencido al fin. Las sombras se abalanzaron sobre él. Su piel perdió color, adquiriendo un tono grisáceo. Había perdido cualquier rastro de lucha y de vida. Las sombras rieron, satisfechas. 

En aquella habitación, solo quedó la oscuridad. 

domingo, 13 de junio de 2021

American Gods, historia de una lectura inacabada

 Este año me propuse acabar todos los pendientes de mi estantería. Uno de ellos era American Gods, de Neil Gaiman. Y es que lo único que había leído de este autor había sido su obra conjunta con Terry Pratchett, Good Omens, que amé tanto como su adaptación, que fue la que me dio a conocer la historia. Es imposible no querer a Crowley y Aziraphale. 



Por eso, cuando vi American Gods, que también ha sido adaptada a serie por Prime, quise leerlo para saber más de este autor. Pero, aunque Good Omens lo acabé en cuestión de días, American Gods se me hizo un poco cuesta arriba. De hecho, como podréis ver en el título de este post, he sido incapaz de seguir con la lectura. Y normalmente, pese a que un libro no me guste, siempre intento llegar hasta el final, por si hay algo que me sorprende o para tener una opinión más completa. Fue lo que me pasó, por ejemplo, con La mansión de los chocolates, reseña del cual podéis leer en el blog. Pero en este caso me resultó imposible. La edición que yo tengo era un buen tocho de 600 o 700 páginas. Aguanté hasta la 200, puede que incluso menos. Recuerdo que intentaba marcarme una reta de lectura cada día para acabarlo cuanto antes. Y es que, aunque en un principio la trama llamó mi atención, se me hizo demasiado pesado. Era como una introducción que no terminaba nunca. Opino que, sinceramente, muchas descripciones sobraban. Y el trato de los personajes femeninos... bueno. Dejaban mucho que desear

Simplemente, siento que tenía unas expectativas y me ha decepcionado. No es para mí. Y eso me hizo darme cuenta de que era una lástima que estuviera forzando una lectura cuando podía sustituirla por otra que sí iba a disfrutar. Y es que, por entonces me había comprado El duque y yo, del cual también podéis leer la reseña por aquí, y la idea de volver a vivir la historia de Daphne y el duque de Hastings se hacía cada día más tentadora. Así que, tomé una decisión, dejé definitivamente por perdido American Gods y me empecé el primer libro de Los Bridgerton. Y la verdad, no me arrepiento de nada. De lo que sí me arrepiento es de no haber sido mucho antes más selectiva con mis lecturas, y es que siempre intento forzarme para llegar al final, aunque no me guste. Pero la lectura no debería ser una tortura. Y eso, a veces, implica abandonar libros por el camino. Junto con American Gods, el único libro que he dejado sin terminar en toda mi vida ha sido el de Neuromante. Ni siquiera fui capaz de pasar del capítulo 1... 

Y, supongo que igual que los errores nos ayudan a crecer, estos libros inacabados nos ayudan a ser más selectivos en nuestros gustos lectores. Porque al final, la lectura hay que disfrutarla y tiene que ser un placer. En cuanto a Neil Gaiman, no sé si algún día me atreveré a volver a leer algo suyo. ¡Si tenéis alguna recomendación podéis dejármela en los comentarios! Me animé a ver la serie de American Gods, pero igual que me pasó con el libro (esta historia parece maldita para mí) la segunda temporada se me hizo un poco bola, y dudo mucho que la retome. De hecho, he leído que la serie ha sido cancelada porque estaba teniendo problemas de audiencia. 



¿Y vosotros? ¿Habéis abandonado alguna lectura recientemente? ¡Dejádmelo saber en los comentarios!

jueves, 10 de junio de 2021

Arco iris

 



Junto las manos para intentar resguardarse del frío, sin éxito. Suspiró y alzó la vista al cielo encapotado que, desde hace días, había sumido a la ciudad en la oscuridad. Chasqueó la lengua. Los noticieros habían dedicado varias horas a hablar de aquellas nubes negras que habían aparecido de la nada, privándoles de la luz del sol. Sus labios se curvaron en una sonrisa cansada. Si ellos supieran... 

Habría pasado poco más de una semana, pero a ella le dolía como si todo hubiera sucedido esa misma mañana. El día en que él se marchó para siempre. Habían discutido. Como siempre. Un nuevo suspiro escapó de sus labios al rememorar la escena. Las nubes se volvieron más negras encima de su cabeza. Y entonces... se fue. Pegó un portazo y desde entonces supo que jamás lo volvería a ver. Que lo suyo se había acabado para siempre. Lo peor fue la sensación de después. Sin él, la casa se había quedado vacía. Y también su corazón. Sorbió por la nariz y se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Debería haberlo visto venir. Las cosas hacía tiempo que no estaban bien entre ellos. Pero todavía dolía. ¿Por qué seguía doliendo? Agachó la cabeza para que nadie notara las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, imposibles de retener. 

Las gotas de lluvia empezaron a caer, mojando su cabeza. Sus brazos. Sus zapatos. Poco a poco. Pero ella sabía que no tardaría en transformarse en una tormenta. Porque era demasiado lo que guardaba dentro, y no podía contenerlo por más tiempo. Iba a desbordarse. 

-Este tiempo anda loco. Menos mal que he cogido un paraguas antes de salir de casa.-escuchó una voz a su lado. 

Ella alzó la cabeza para ver a su nueva acompañante. Una chica se había sentado en el otro extremo del banco. Ella la miró por el rabillo del ojo, desconfiada. La otra, en cambio, le sonrió y abrió su paraguas. La lluvia había aumentado de intensidad. Y, para su sorpresa, se pegó a su lado para cubrirle también la cabeza. Ella pegó un pequeño salto en el banco. La forastera le pasó la mano por la espalda para sujetar mejor el paraguas, haciéndola estremecer. Un rayo iluminó el cielo oscuro, al que poco después le siguió un trueno. 

-Parece que va a caer una de las gordas.-silbó a la vez que miraba el cielo-Por cierto, soy Kate.-se presentó de nuevo con una sonrisa.

-¿Y no es mejor que te vayas a casa...Kate?-le ponía nerviosa tenerla tan cerca. 

-Puede. Pero me gusta la lluvia.-se encogió de hombros. 

-¿A quién le gusta la lluvia? La lluvia es triste.-suspiró y un viento frío se levantó a su alrededor, revolviéndoles el cabello. 

Kate frunció el ceño, como si tuviera que pensar mucho la respuesta. Al final se rio y volvió a encogerse de hombros. 

-No sé. Simplemente me gusta. 

Su sonrisa le contagió. Y dejó de llover. Kate cerró el paraguas y miró sorprendida al cielo. Las nubes se estaban dispersando. 

-Parece que por fin tendremos algo de...

En un impulso, se acercó y la besó, interrumpiéndola. Kate tardó unos segundos en reaccionar y luego sonrió, divertida. A ese primer beso en ese banco del parque luego le siguieron muchos más. 

En el cielo, se había formado un hermoso arco iris. 

domingo, 6 de junio de 2021

El puzle de cristal

 






Sinopsis: Tras la explosión en el metro, Julia no es la misma. Se ha convertido en una chica insegura y le cuesta encontrar motivación para disfrutar de la vida. También las cosas han cambiado para Emilio, que tiene muchas dudas respecto a su futuro inmediato. Vanesa, por su parte, fue la más perjudicada por la explosión y todavía permanece en cama. ¿Eso le está influyendo en su relación con Ingrid?

El primer martes de enero del nuevo año, Julia recibe una inquietante llamada. Hugo, compañero de piso de Iván, le asegura que el chico del piercing en la ceja ha desaparecido y le pide ayuda para encontrarlo. Julia, al principio, piensa que es una broma y no acepta. Pero, casualmente, su abuela Pilar, vive cerca del edificio en el que ahora reside el joven del que estuvo enamorada y del que no sabe nada desde hace meses. Julia decide pasar unos días con ella. Sin embargo, no será una visita tan tranquila. Y es que la muerte aparecerá de nuevo en su vida. 

Una extraña desaparición, un misterioso crimen en el que todos parecen sospechosos y un puzle de cristal por resolver se cruzan en el camino de la chica de la memoria prodigiosa. ¿Le sonreirá la suerte en esta ocasión?

Blue Jeans lo ha vuelto a hacer, y es que no hay libro suyo que no me mantenga despierta hasta altas horas de la madrugada. El puzle de cristal no ha sido una excepción y es que hay muchas cosas en esta novela que me han parecido increíbles y que creo que superan incluso a su primera parte, La chica invisible. Ni que decir que ambos libros me encantaron. 

Para empezar, se nota que es una trama que está muy cuidada y trabajada. Y no solo porque nuestra historia comienza justo en el punto donde se quedó en el anterior libro. Aunque aquí Julia tiene que enfrentarse a un nuevo asesinato, el caso de Aurora Ríos sigue teniendo su repercusión en la vida de nuestra protagonista. Además, a medida que vas leyendo se va tirando del hilo y descubres que, ese final tan impactante del primer libro no es fruto de la casualidad. Sino que hay mucho más detrás. De hecho, sospecho que, por los giros que ha tomado la trama, en el tercero el autor indagará mucho más en el asunto.

En esta segunda parte se nos presentan algunos personajes nuevos que hacen dinámica y refrescante la historia. No podía hacer esta reseña sin mencionar a Pilar, la abuela de Julia. Me parece un personaje icónico y entrañable, aunque tengo que reconocer que a veces me ha puesto nerviosa su manía de curiosear en todo. También Marilia se ha ganado mi corazón, y es que aunque al principio puede parecer un personaje secundario sin más, a medida que avanza la lectura es imposible no quererla. Por otra parte, me ha costado mucho empatizar con los chicos que aparecen en la novela. Tanto los nuevos como los viejos. Siento que a veces me lo ponían muy difícil y que las decisiones que iban tomando eran cada vez peores. En el caso de Emilio, por ejemplo, me sigue provocando sentimientos contradictorios. Su trama no me ha parecido ni más ni menos interesante, pero siento que todavía podría espabilar un poquito más. En cuanto a Julia, creo que en esta novela ha sido uno de los personajes que más real me ha parecido. A lo largo de la trama, vamos observando su evolución. Y es que en este punto de la historia, Julia no está pasando un buen momento,  y el autor lo deja ver a través de su comportamiento, de su interacción con otros personajes... La forma en que va superando sus dificultades a lo largo de la novela me parece fascinante

Además de esos personajes que te marcan, algo que sabe manejar muy bien el autor son esos plot twist que te dejan sin respiración. Y es que no ha sido hasta muy cerca del final cuando mis sospechas se han centrado en el asesino. A medida que avanzan los capítulos, Blue Jeans te va desvelando el pasado y los pensamientos de que cada uno de los implicados en este crimen, haciéndote dudar. Llega un punto en el que todos tienen un motivo y te parecen culpables. ¿Y el final? Me parece una pasada. No revelaré nada pero me ha roto completamente los esquemas. Y es que aunque me olía por dónde iba a acabar la cosa unas cuantas páginas atrás, el momento revelación no ha sido menos impactante. 

En definitiva, es una novela entretenida y que te engancha antes de que te des cuenta. Con capítulos cortitos y, como de costumbre, una muy necesaria representación LGTBIQ+, tengo que recomendarla. No os arrepentiréis si le dais a esta trilogía una oportunidad. Y si todavía no habéis leído nada de este autor o de novela de misterio, es una buena forma de comenzar. 

jueves, 3 de junio de 2021

Ayuda

 


La tele estaba encendida, pero él apenas le prestaba atención a las imágenes que se sucedían una tras otra en la pantalla. Sus ojos miraban sin ver, fijos en ninguna parte. Había tomado por costumbre encenderla para que, por lo menos su ruido de fondo, le hiciera compañía. Pero no era suficiente. Nunca sería suficiente. La soledad de la que una vez había sido su hogar le asfixiaba. 

Que lejos parecían los días que había reído entre sus paredes, con la ilusión de una nueva vida y una familia. Primero fue Carla. El parto se complicó. Fue lo que le dijeron los médicos. Y luego... Los ojos se le humedecieron con solo recordarlo. Apretó con fuerza la mano derecha y los nudillos se le pusieron blancos. Luego fue su pequeño. Su vida. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su llanto silencioso. ¿Cuántas lágrimas había derramado desde aquel día? No lo sabía. Pero tenía la sensación de que no habían sido suficientes. Porque desde que la tierra se tragó a su niño y lo separó de su lado para siempre nada había vuelto a ser lo mismo. La muerte de Carla le había roto el corazón. Pero la suya... La suya le había convertido en una cáscara vacía, sin nada. Solo oscuridad. Abrió la mano derecha. Una cáscara vacía como la pequeña bellota que había en la palma de su mano. Curvó los labios en una triste y temblorosa sonrisa. Los ojos se le anegaron una vez más de lágrimas. Todavía recordaba cuando, paseando por el campo, su hijo la encontró y se la dio lleno de orgullo. Solo era una bellota, pensó. Era una estupidez. Y aun así, no había tenido valor para desprenderse de ella. Aquella salida al campo fue la última que hicieron juntos. Jamás imaginó que a la vuelta un conductor imprudente se lo arrebataría para siempre. 

Un mosquito revoloteó por encima de su cabeza, acaparando con su zumbido todos sus pensamientos. Él se lo quedó mirando y maldijo por lo bajo el momento en el que había decidido abrir las ventanas ese caluroso día de verano. Trató de apartarlo con un manotazo y en su intento estuvo a punto de tirar la jaula que había a su lado. El agaporni revoloteó en su interior sorprendido. Él lo miro con tristeza. El animal se acercó a los barrotes y ladeó la cabeza, como si intentara comprender el motivo de su pena. Aquel animalillo iba a ser su sorpresa de cumpleaños. Tenía pensado enseñárselo cuando regresaran de su excursión. Tal vez incluso le compraran una pareja para que pudieran poner huevos. Y ahora ya nunca podría verlo. 

El móvil vibro en su bolsillo pero no contestó. Seguramente sería su cuñado. Había insistido en que fuera a pasar unos días con ellos. Pero él no quería ver a nadie. ¿Por qué no podían entenderlo? Solo quería... Ni siquiera se vio capaz de dar forma a esa idea que, durante los últimos días, había cogido fuerza en su mente. ¿Y si...? Intento apartarla. Esconderla. Enterrarla. Entierro. Las imágenes de ese día regresaron a él y ocultó el rostro entre las manos. No podía seguir así. No podía. Y, entonces, aquella día resurgió en su mente. Se quedó flotando sobre él, como una tabla de madera a la que aferrarse en medio del océano. Vivir sin ellos era demasiado doloroso. 

Tapó con una manta la jaula y dejó la pequeña bellota en el sillón. Las manos le temblaban cuando abrió la puerta de casa y salió. Cogió el ascensor y pulsó el botón que iba a la terraza. El corazón le latía a mil y tuvo la sensación de que el tiempo de subida se le hacía eterno. El aire le golpeó en la cara cuando salió. Tenía la garganta seca y no sentía las piernas, pero hizo un esfuerzo y se acercó al bordillo. Sentía el pulso en las sienes. Allí estaba. Solo tenía... que saltar. Era así de simple. Y todo habría acabado. ¿Verdad? Uno de sus pies ya estaba sobre el bordillo cuando el miedo le hizo por fin reaccionar. Y fue consciente de lo que de verdad estaba haciendo. Se apartó todo lo que pudo del borde y sus piernas cedieron al fin. Horrorizado, se tapo la boca con la mano, abandonándose de nuevo al llanto. Su móvil volvió a sonar y él, esta vez sí, contestó:

-Hola.-su voz, mezclada con las lágrimas y el ritmo hipado de su respiración, se hizo ininteligible al otro lado de la línea-Necesito ayuda.