La tele estaba encendida, pero él apenas le prestaba atención a las imágenes que se sucedían una tras otra en la pantalla. Sus ojos miraban sin ver, fijos en ninguna parte. Había tomado por costumbre encenderla para que, por lo menos su ruido de fondo, le hiciera compañía. Pero no era suficiente. Nunca sería suficiente. La soledad de la que una vez había sido su hogar le asfixiaba.
Que lejos parecían los días que había reído entre sus paredes, con la ilusión de una nueva vida y una familia. Primero fue Carla. El parto se complicó. Fue lo que le dijeron los médicos. Y luego... Los ojos se le humedecieron con solo recordarlo. Apretó con fuerza la mano derecha y los nudillos se le pusieron blancos. Luego fue su pequeño. Su vida. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su llanto silencioso. ¿Cuántas lágrimas había derramado desde aquel día? No lo sabía. Pero tenía la sensación de que no habían sido suficientes. Porque desde que la tierra se tragó a su niño y lo separó de su lado para siempre nada había vuelto a ser lo mismo. La muerte de Carla le había roto el corazón. Pero la suya... La suya le había convertido en una cáscara vacía, sin nada. Solo oscuridad. Abrió la mano derecha. Una cáscara vacía como la pequeña bellota que había en la palma de su mano. Curvó los labios en una triste y temblorosa sonrisa. Los ojos se le anegaron una vez más de lágrimas. Todavía recordaba cuando, paseando por el campo, su hijo la encontró y se la dio lleno de orgullo. Solo era una bellota, pensó. Era una estupidez. Y aun así, no había tenido valor para desprenderse de ella. Aquella salida al campo fue la última que hicieron juntos. Jamás imaginó que a la vuelta un conductor imprudente se lo arrebataría para siempre.
Un mosquito revoloteó por encima de su cabeza, acaparando con su zumbido todos sus pensamientos. Él se lo quedó mirando y maldijo por lo bajo el momento en el que había decidido abrir las ventanas ese caluroso día de verano. Trató de apartarlo con un manotazo y en su intento estuvo a punto de tirar la jaula que había a su lado. El agaporni revoloteó en su interior sorprendido. Él lo miro con tristeza. El animal se acercó a los barrotes y ladeó la cabeza, como si intentara comprender el motivo de su pena. Aquel animalillo iba a ser su sorpresa de cumpleaños. Tenía pensado enseñárselo cuando regresaran de su excursión. Tal vez incluso le compraran una pareja para que pudieran poner huevos. Y ahora ya nunca podría verlo.
El móvil vibro en su bolsillo pero no contestó. Seguramente sería su cuñado. Había insistido en que fuera a pasar unos días con ellos. Pero él no quería ver a nadie. ¿Por qué no podían entenderlo? Solo quería... Ni siquiera se vio capaz de dar forma a esa idea que, durante los últimos días, había cogido fuerza en su mente. ¿Y si...? Intento apartarla. Esconderla. Enterrarla. Entierro. Las imágenes de ese día regresaron a él y ocultó el rostro entre las manos. No podía seguir así. No podía. Y, entonces, aquella día resurgió en su mente. Se quedó flotando sobre él, como una tabla de madera a la que aferrarse en medio del océano. Vivir sin ellos era demasiado doloroso.
Tapó con una manta la jaula y dejó la pequeña bellota en el sillón. Las manos le temblaban cuando abrió la puerta de casa y salió. Cogió el ascensor y pulsó el botón que iba a la terraza. El corazón le latía a mil y tuvo la sensación de que el tiempo de subida se le hacía eterno. El aire le golpeó en la cara cuando salió. Tenía la garganta seca y no sentía las piernas, pero hizo un esfuerzo y se acercó al bordillo. Sentía el pulso en las sienes. Allí estaba. Solo tenía... que saltar. Era así de simple. Y todo habría acabado. ¿Verdad? Uno de sus pies ya estaba sobre el bordillo cuando el miedo le hizo por fin reaccionar. Y fue consciente de lo que de verdad estaba haciendo. Se apartó todo lo que pudo del borde y sus piernas cedieron al fin. Horrorizado, se tapo la boca con la mano, abandonándose de nuevo al llanto. Su móvil volvió a sonar y él, esta vez sí, contestó:
-Hola.-su voz, mezclada con las lágrimas y el ritmo hipado de su respiración, se hizo ininteligible al otro lado de la línea-Necesito ayuda.

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