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jueves, 18 de marzo de 2021

Confianza

 



Abrió los ojos. Su corazón latía deprisa. Todos sus sentidos estaban en alerta. No le costó mucho tiempo descubrir la silueta oscura que le sonreía desde el techo. El labio comenzó a temblarle y ella hizo un esfuerzo por no romper a llorar. Otra vez no. 

-¿Me echabas de menos?-la sombra se acercó más a ella que, en un esfuerzo por ignorarla, se levantó de la cama. 

No la escuches. No la mires. Si la ignoras, desaparecerá, se recordó a sí misma de camino a la cocina. 

Empezó a prepararse el café. Respiró hondo. Una, dos, tres veces. Pero la sombra seguía allí. No se había marchado. Por el rabillo del ojo comprobó que la estaba mirando con esa sonrisa burlona que tanto detestaba. Pegó un sorbo al café. La mano que sujetaba la taza le temblaba tanto que se manchó un poco. La dejó sobre la mesa y carraspeó. No podía permitir que se diera cuenta de que todavía le daba miedo, aun después de todos esos años. 

-¿Cuánto tiempo más vas a fingir?-su voz le siguió hasta el cuarto de baño-Sabes perfectamente que nunca me iré. Estamos destinadas a estar juntas. Para siempre. 

Tragó saliva con dificultad a la vez que se miraba en el espejo. En el reflejo vio sus ojos llorosos. Su labio seguía temblando. Y a su lado, como siempre, aquella estúpida sombra. Respiró hondo una vez más. Tenía que calmarse. Tenía que ignorarla. Abrió la pasta de dientes y la colocó en el cepillo. Necesitaba refugiarse en actos cotidianos, dejar la mente en blanco. 

Pero la sombra seguía allí. 

-¿Oye no tenía que llamarte tu amiga? ¿No lo ha hecho, verdad?-temblando, dejó el cepillo de dientes sobre el lavabo- Eso es que se ha cansado de ti. ¿Quién no lo haría? A saber que dicen de ti cuando no estás. ¿Y el chico ese que te gustaba? No me hagas reír. ¿Tú te has visto? ¿Cómo va a querer a alguien como tú, siempre llorando, siempre tan débil? Se cansaría de ti-pasado ese punto, ya no pudo seguir aguantando las lágrimas-Eres una fracasada.

-¡¡Cállate!!-se llevó las manos a las orejas, deseosa de recuperar el bendito silencio. 

Pero la sombra seguía allí. Cada palabra era como un puñetazo certero que quebraba más y más su confianza. 

-No eres nada. Mírate ahí. Llorando, lamentándote. Eres patética. 

-¡¡Basta!!-en un arrebató golpeó el cristal del espejo, que se resquebrajó al instante. 

Sentía la respiración acelerada y le escocían los nudillos. Prestó atención. Pero ya no escuchaba nada. Esbozó una triste sonrisa y sus piernas cedieron. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Silencio. Por fin. 

Pero no sabía cuánto tiempo duraría la paz esa vez. Volvería, lo sabía. Sus inseguridades siempre lo hacían.

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