Translate

Entradas populares

jueves, 25 de marzo de 2021

Miedo




Tenía miedo. Y el miedo era poderoso. Tanto, que había cambiado su vida por completo. Y, a esas alturas, ya era prácticamente invencible. Él no era nada para hacerle frente. No era suficientemente valiente. Y ninguna eran sus posibilidades de vencerlo. Todavía recordaba cómo había empezado todo. 

Esa mañana, por alguna razón que todavía ahora se le escapaba, el despertador no había llegado a sonar. Con un bostezo, se reincorporó en la cama y agarró a tientas el móvil que descansaba sobre la mesilla de noche que tenía a su lado. Pegó un brinco en cuanto vio la hora que le anunciaba la pantalla. Mierda, pensó. Se le hacía tarde. De un salto salió de la cama y se arregló con lo primero que encontró. No desayunó. No tenía tiempo para eso. Cogió sus cosas y salió disparado por la puerta. Hizo un repaso rápido de que lo llevaba todo a la vez que llamaba al ascensor. Bufó mientras esperaba a que llegará hasta la 4ª planta. Por fin, las puertas se abrieron y suspiró agradecido cuando comprobó que no había nadie. Tiempo más tarde se arrepentiría de estar solo. Las puertas volvieron a cerrarse tras él y le dio al botón de la planta baja. La voz mecánica del ascensor, como de costumbre, anunció su descenso. 

Así bajaron a la 3ª planta. A la 2ª. Nadie se subió en ninguna de esas paradas. Él miraba inquieto el panel de botones y el móvil. Mierda. Iba a llegar tarde. Muy tarde. Y aquello iba demasiado lento. Resopló y puso los ojos en blanco. Tal vez debería haber cogid...

Entonces todo se detuvo. De forma brusca, el ascensor se paró entre la 1ª planta y el bajo. Del impulso, perdió el equilibrio y fue a chocarse con la pared de delante. Se llevó una mano temblorosa a la nariz que ahora le sangraba. Trastabillando, consiguió llegar al panel de control y pulsar el botón de emergencia. Una, dos. Hasta tres veces. Golpeó la puerta desesperado. Gritó. Pero nadie acudía en su ayuda. Estaba sudando tanto que se le empapó la camisa. Las piernas le temblaban y notó que empezaba a faltarle el aire. Miró a su alrededor. No, aquello no podía ser. ¿El ascensor se había vuelto más pequeño de repente? Se llevó una mano a la frente. Empezaba a sentirse mareado. Y allí estaban otra vez. Las paredes se movían, estaba seguro. Se acercaban más y más a él, buscando aplastarlo para siempre. Se dio cuenta de que estaba llorando y sorbió por la nariz. El corazón le iba a mil y nunca se había sentido tan asustado. Desesperado, volvió a golpear las paredes que lo acechaban y gritó. Ya empezaba a sentir la garganta irritada. Aun así él siguió gritando, con la vaga esperanza de que alguien pudiera escucharlo. 

Y de pronto, el frío. Un escalofrío recorrió su espalda y él se quedó en silencio. Había alguien más allí. Pero eso no era posible... ¿o sí? La figura se acercó y él cerró los ojos con fuerza. No podía dejar de temblar. Sintió un aliento frío sobre su nuca y el vello se le erizó. Intentó balbucear algo, unas últimas palabras, pero la voz le temblaba tanto que no fue capaz. 

Como si nada hubiera pasado, el ascensor continúo su descenso hacia la planta baja y las puertas se abrieron por fin. Él abrió los ojos y se precipitó al exterior, con el corazón todavía en la garganta. Se atrevió a mirar hacia el interior, pero allí no había nadie y parecía que las paredes habían regresado a su estado original. Negó con la cabeza. Pero estaba seguro de que... 

Todavía le producía escalofríos pensar en aquel día. Con un suspiro, empujó la puerta del edificio para entrar en el vestíbulo. Se detuvo un momento cuando vio el ascensor al fondo. En ese momento, sus puertas se abrieron, como desafiándolo a entrar. Un sudor frío le cubrió la frente y él negó con la cabeza, en un intento por apartar aquellos pensamientos. Giró sus pasos hacia las escaleras que tenía a su izquierda y subió hasta la 4ª planta.    



sábado, 20 de marzo de 2021

Las hijas de Tara

 


Sinopsis: El mundo natural de Mannawinard lleva mucho tiempo enfrentado al mundo tecnológico de las dumas. Cinco humanos de diferentes orígenes y un androide tienen la solución; pero antes deberán encontrarse y emprender juntos un viaje lleno de peligros donde mercenarios, mutantes y robots destructivos intentarán acabar con sus vidas. Las hijas de Tara es una mezcla entre fantasía y ciencia-ficción y se desarrolla en un mundo en el que la manipulación genética y el perfeccionamiento de las máquinas hacen que muchos humanos se planteen una vuelta a la naturaleza. 

En este caso traigo una reseña de una de las autoras que más me ha acompañado en mi camino como lectora: Laura Gallego

En esta historia encontramos una fusión de fantasía con ciencia ficción que me ha parecido original y muy interesante. La forma en la que la naturaleza se enfrenta a la tecnología y al progreso humano es brillante (y también bastante actual). Lo único que no me ha convencido del todo es el ritmo con el que se desarrolla la trama. Hacia la primera parte del libro la narración avanza de forma adecuada. Se nos presenta a los personajes y les acompañamos en su viaje a través de los inhóspitos Páramos. Sin embargo, siento que a partir de su entrada a Mannawinard todo va demasiado rápido. Me hubiera gustado que esa parte se hubiera desarrollado un poco más en profundidad antes de llegar a la resolución de la novela. De igual forma, me hubiera gustado conocer un poco más a la Hermandad Ojo de la Noche, que también tiene su papel importante dentro de esta historia. 

Tengo que mencionar también aquí a sus personajes. Me ha gustado especialmente la relación entre Kim y Keyko, sobre todo por el hecho de que tuvieran orígenes e ideales tan diferentes. Es ese contraste lo que precisamente las hace tan especiales. Hubiera preferido leer un poco más sobre el desarrollo de su relación a lo largo de su viaje, ya que considero que tampoco se profundiza demasiado en la trama. Lo mismo me ocurre con Chris y Semira. Ellos son otros polos opuestos que acaban encajando a la perfección, pero como comenté anteriormente, todo se desarrolla demasiado deprisa para mi gusto. Si tuviera que decidir, diría que el personaje mejor desarrollado es el de Adam. Especialmente me gusta la forma en la que va ganando peso en la historia a través de las páginas. 

En definitiva, ha sido una lectura entretenida y para nada pesada. Este libro de Laura Gallego es un poco diferente a los que estoy acostumbrada y, aunque en algunas cosas no me ha terminado de convencer, no me ha dejado un mal sabor de boca.  Os dejo por aquí un enlace a su página web por si queréis leer algunas curiosidades sobre Las hijas de Tara.

jueves, 18 de marzo de 2021

Confianza

 



Abrió los ojos. Su corazón latía deprisa. Todos sus sentidos estaban en alerta. No le costó mucho tiempo descubrir la silueta oscura que le sonreía desde el techo. El labio comenzó a temblarle y ella hizo un esfuerzo por no romper a llorar. Otra vez no. 

-¿Me echabas de menos?-la sombra se acercó más a ella que, en un esfuerzo por ignorarla, se levantó de la cama. 

No la escuches. No la mires. Si la ignoras, desaparecerá, se recordó a sí misma de camino a la cocina. 

Empezó a prepararse el café. Respiró hondo. Una, dos, tres veces. Pero la sombra seguía allí. No se había marchado. Por el rabillo del ojo comprobó que la estaba mirando con esa sonrisa burlona que tanto detestaba. Pegó un sorbo al café. La mano que sujetaba la taza le temblaba tanto que se manchó un poco. La dejó sobre la mesa y carraspeó. No podía permitir que se diera cuenta de que todavía le daba miedo, aun después de todos esos años. 

-¿Cuánto tiempo más vas a fingir?-su voz le siguió hasta el cuarto de baño-Sabes perfectamente que nunca me iré. Estamos destinadas a estar juntas. Para siempre. 

Tragó saliva con dificultad a la vez que se miraba en el espejo. En el reflejo vio sus ojos llorosos. Su labio seguía temblando. Y a su lado, como siempre, aquella estúpida sombra. Respiró hondo una vez más. Tenía que calmarse. Tenía que ignorarla. Abrió la pasta de dientes y la colocó en el cepillo. Necesitaba refugiarse en actos cotidianos, dejar la mente en blanco. 

Pero la sombra seguía allí. 

-¿Oye no tenía que llamarte tu amiga? ¿No lo ha hecho, verdad?-temblando, dejó el cepillo de dientes sobre el lavabo- Eso es que se ha cansado de ti. ¿Quién no lo haría? A saber que dicen de ti cuando no estás. ¿Y el chico ese que te gustaba? No me hagas reír. ¿Tú te has visto? ¿Cómo va a querer a alguien como tú, siempre llorando, siempre tan débil? Se cansaría de ti-pasado ese punto, ya no pudo seguir aguantando las lágrimas-Eres una fracasada.

-¡¡Cállate!!-se llevó las manos a las orejas, deseosa de recuperar el bendito silencio. 

Pero la sombra seguía allí. Cada palabra era como un puñetazo certero que quebraba más y más su confianza. 

-No eres nada. Mírate ahí. Llorando, lamentándote. Eres patética. 

-¡¡Basta!!-en un arrebató golpeó el cristal del espejo, que se resquebrajó al instante. 

Sentía la respiración acelerada y le escocían los nudillos. Prestó atención. Pero ya no escuchaba nada. Esbozó una triste sonrisa y sus piernas cedieron. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Silencio. Por fin. 

Pero no sabía cuánto tiempo duraría la paz esa vez. Volvería, lo sabía. Sus inseguridades siempre lo hacían.

domingo, 14 de marzo de 2021

Todo lo que sucedió con Miranda Huff

 



Sinopsis: Un fin de semana en una cabaña en el bosque. Un matrimonio en crisis. ¿Qué ha sucedido con Miranda Huff?

Una pareja en crisis decide pasar un fin de semana de retiro en una cabaña en el bosque en Hidden Springs, pero cuando Ryan Huff llega para encontrarse con Miranda la puerta está abierta, hay dos copas de vino sobre la mesa, nadie en el interior y el cuarto de baño se encuentra lleno de sangre. 

Todo lo que sucedió con Miranda Huff es un thriller psicológico de ritmo vertiginoso donde parece imposible encontrar a Miranda con vida. Lo que Ryan desconoce es que la desaparición de su mujer conecta su historia con la de su mentor, el gran James Black, y con el descubrimiento del cadáver de una mujer desaparecida treinta años atrás en la misma zona.

Vuelvo por aquí con otra reseña de Javier Castillo y es que el autor lo ha vuelto a hacer. 

De todas sus novelas, esta puede que sea la que más ha jugado con mi mente y mis sentidos. Me fascina la manera en que cada pieza encaja a la perfección y cómo se va construyendo, poco a poco, la historia a través de las páginas. Al principio todo parece confuso y apuntando a una misma dirección pero, a medida que vas leyendo, te das cuenta de que se trata de alguno mucho más grande (y mucho más siniestro). Ha habido momentos en los que se me han puesto los pelos de punta y necesitaba pararme a asimilar todo lo que estaba sucediendo. 

De nuevo, otro de los puntos fuertes del libro son los personajes. Cada uno con sus claro oscuros y su personalidad. Y, sobre todo, con su pasado. El personaje de Miranda ha sido uno de mis favoritos, posiblemente por su complejidad y el papel tan relevante que tiene en el desarrollo de la trama. En el polo opuesto, no se podría decir que haya apreciado demasiado a Ryan Huff pero considero que su construcción como personaje también es bastante buena. También veo necesario nombrar aquí a James Black. No revelaré nada, pero más de un diálogo de este personaje me ha dejado con la boca abierta. 

Por último, no puedo dejar de alabar la narrativa del autor y la forma en la que el pasado y el presente van construyendo los sucesos que rodean la desaparición de Miranda. Me ha gustado especialmente que en esta novela tengamos capítulos tanto en primera como en tercera persona. Destaco especialmente los contados desde la perspectiva de Miranda y Ryan. Considero que es una forma muy interesante de presentar al lector las dos caras de una misma moneda de este matrimonio en crisis. 

En definitiva, una lectura que me ha tenido enganchada y que, una vez más, ha hecho que me vuele la cabeza hasta la última página. Puede que parezca algo pesada pero no dejaré de recomendar a este autor. Todo lo que escribe es increíble. No puedo esperar a leer su próxima novela, El juego del alma, que sale en un par de semanas. Además, en esta historia volvemos a encontrarnos con los personajes de La chica de nieve, reseña que también podéis leer en este blog.

jueves, 11 de marzo de 2021

Transformación

 



Con un suspiro, volvió a darse la vuelta en la cama. Llevaba horas así. Finalmente se colocó boca arriba. Apretó los párpados con fuerza, como si eso le ayudase a quedarse dormido. Desde fuera, le llegaba el rítmico sonido de las olas que barrían la playa. Intentó concentrarse en la cercana llamada del mar y acompasar su respiración con las olas. Tal vez eso lo ayudara a relajarse. 

Su familia había insistido en que alquirara esa cabaña en la costa para desconectar. Pero lo único que había allí eran cientos de mosquitos que ya le habían llenado piernas y brazos de ronchas. No era precisamente la idea que tenía él de desconectar y pasar unos días alejados del ajetreado mundo urbano. 

De pronto abrió los ojos. La necesidad de dormir había pasado a ser algo secundario. El cansancio había desaparecido, como si fuera cosa de magia. Y se sentía... diferente. Intentó reincorporarse y frunció el ceño. Su cuerpo era más pesado. Negó con la cabeza. Eso era ridículo. Debían ser imaginaciones suyas. Sin embargo, incluso la sonrisa que formaron sus labios la noto tersa. Diferente. Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta de la habitación. Tal vez el aire fresco le ayudara a conciliar el sueño, aunque ahora no lo echara tanto en falta. Se sintió torpe al abrir la puerta del cuarto y lo mismo le sucedió con la de la entrada principal. ¿Qué demonios le pasaba? Empezó a sospechar que aquel paseo no era más que fruto de su sonambulismo. Aun así, decidió dejarse llevar. No tenía nada mejor que hacer, de todas formas. 

Horas más tarde, cuando se despertara de nuevo en la cama de su habitación, no recordaría nada de lo que había pasado. Pero lo que sí permanecería intacto en su mente sería la imagen de la luna aquella noche. Grande y brillante, iluminando una noche sin estrellas. Se llevó una mano a la frente, que notaba caliente y empapada en sudor. Por un momento temió haberse puesto enfermo y maldijo el momento en el que pensó que dejar la ventana abierta era una buena idea. Retiró la mano y fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía la palma llena de sangre. Con una mueca de horror se miró la otra mano. Las sábanas están manchadas de rojo. Miró a su alrededor. Las cortinas estaban rasgadas y gran parte de los muebles estaban destrozados. Sintió el estómago pesado. Tenía ganas de vomitar. No recordaba nada de lo que había pasado anoche. Parecía que una bestia se hubiera colado en su habitación y, si hubiera salido, habría comprobado que el resto de la cabaña estaba igual. 

Temblando, cogió el mando a distancia que todavía seguía en su mesita de noche y encendió el televisor que tenía frente a él. En aquel momento de terror en el que el corazón le latía a mil no supo por qué le pareció que era un momento oportuno para escuchar las noticias. No le dio demasiada importancia. Hacía tiempo que no se paraba a pensar demasiado las cosas y no iba a hacerlo ahora. 

Se llevó una mano a la boca con los ojos llenos de lágrimas. Todas las cadenas se habían hecho eco del mismo suceso. Anoche, un tigre había aterrorizado a los habitantes de la costa. Las arcadas subieron por su garganta. Sin dejar de temblar, se levantó y fue al baño. Así que eso había sido, pensó con un escalofrío mientras se lavaba la cara. El tigre se había colado en la cabaña mientras dormía. Se preguntó por qué no lo había matado o herido de gravedad. Con solo imaginarlo, las arcadas volvieron. Pero entonces sucedió algo todavía más sorprendente. 

Con la cara empapada, se miró en el espejo. Ahogó un grito de horror cuando descubrió los ojos rasgados del tigre en el reflejo.


sábado, 6 de marzo de 2021

Sentido y sensibilidad

 


Sinopsis: En Sentido y sensibilidad Jane Austen explora con sutileza e ironía las opciones de la mujer en una sociedad rígida, donde el éxito o el fracaso dependen de la elección del marido. La historia se centra en dos hermanas: Elinor y Marianne, cuyas personalidades antagónicas ejemplifican dos posibles respuestas femeninas ante la hipocresía dominante: el "sentido común'' y la "sensibilidad''. Sin embargo, tanto un camino como el otro entrañan sus peligros. 

Traigo de nuevo por aquí la reseña de otro clásico, en esta ocasión, de la mano de Jane Austen. Esta es la segunda novela que leo de la autora después de Orgullo y prejuicio, lo cual no deja de resultar curioso teniendo en cuenta que fue precisamente Sentido y sensibilidad su primera obra publicada


Como siempre me ocurre al principio de este tipo de libros me costó un poco coger el ritmo. Una vez pude comprender (y recordar) por fin los parentescos y apellidos que se presentaban empecé a meterme de lleno en la historia de las hermanas Dashwood




Siento que son sus protagonistas uno de sus fuertes evidentes. Marianne y Elinor tienen caracteres tan opuestos, la primera tan emocional y apasionada y la segunda tan fría y racional, que encajan a la perfección. Más allá de este contraste una de las cosas que más me ha gustado han sido sus respectivas evoluciones a través de los sinsabores del amor. He de reconocer que, al principio, el personaje de Marianne no me despertaba muchas simpatías (ni ningún otro en general). Esto fue cambiando a medida que seguí leyendo y si bien algunos personajes me siguieron resultando indiferentes el de Marianne, sobre todo con el desarrollo de su arco, consiguió ganarse mi favor. Elinor estuvo de principio a fin entre mis favoritas. 

Otra de las cosas que destacaría de esta lectura es la forma en la que juega con tu corazón (y sobre todo con el de sus protagonistas). Al inicio de la novela te da la sensación de que todo va viento en popa y entonces todo se tuerce de la forma más insospechada. No revelaré demasiados detalles pero sí puedo asegurar que esta clase de sorpresas asaltan al lector hasta prácticamente la última página

Si tuviera que decir algo en contra de esta lectura sería su exceso de descripción, que a veces abruma por su enorme cantidad de información y detalle

En definitiva, ha sido una lectura entretenida y que me ha dejado con un buen sabor de boca



jueves, 4 de marzo de 2021

El pantano

 


La niebla que rodeaba al pantano esa mañana era tan espesa que apenas podía distinguir donde ponía los pies. Por delante de él su hermano silbaba una agradable melodía. Era evidente que estaba de buen humor. La espalda erguida de este y sus pasos seguros contrastaban con su propia falta de entusiasmo. No sabía cómo se había dejado convencer para esa excursión matutina. 

Distraído en sus pensamientos, resbaló y su pie se hundió en el fango del camino. Soltó una maldición y dejó caer la cesta a la vez que su boca se torcía con asco. No era una sensación demasiado agradable. Su hermano se detuvo a pocos metros al darse cuenta de que se detenía. Se giró para mirarlo y se llevó una mano a la boca en un intento por aguantar la risa. Aunque no estaba dando demasiados resultados.

-¡No te burles!-le dirigió una mirada asesina mientras intentaba vaciar la tierra de la bota. 
-Está claro que no eres un hombre de campo.-su hermano se secó las lágrimas.

Él apartó la vista con las mejillas enrojecidas. Si había algo que gustara más a su hermano que la naturaleza era reírse a su costa. 

-Vamos-lo animó cuando volvió a ponerse el calzado-Los peces nos están esperando.-con una sonrisa, alzó por encima de su cabeza las dos cañas de pescar. 

Él asintió en silencio. Con el ceño todavía fruncido, cogió de nuevo la cesta y lo siguió.

Su hermano se sentó cerca de la orilla. Dejó las cañas a un lado, se quito las botas y los calcetines y metió los pies en el agua con un suspiro de alivio. Él se asomó con cautela. El agua verdosa estaba demasiado revuelta como para ver el fondo. Dudó. Miró de reojo a su hermano. No se le veía especialmente preocupado. Incluso había empezado a chapotear un poco, como si fuera un niño. Finalmente se decidió a imitarlo y abrió los ojos con sorpresa. El agua era realmente refrescante. Cerró los ojos y sonrió. Su hermano aprovechó ese momento de paz para salpicarle y volvió a abrir los ojos para mirarlo con desprecio. Ahora estaba empapado e incluso algunas algas se habían enredado en su cabello. 

-Yo de ti tendría cuidado. No vaya ser que te arrastre el monstruo del lago.-entre risas, volvió a tirarle agua. 

Harto de su comportamiento infantil, se puso en pie y se alejó de la orilla. 

-¡Vamos! Solo era una broma. 

No se dignó a darse la vuelta. Recogió sus cosas, dispuesto a emprender el camino de regreso sin él. Ya le había humillado suficiente por hoy. Escuchó un borboteo a su espalda que lo hizo detenerse con indignación. Los dientes le rechinaban de rabia. 

-¿Es qué nunca te cansas de hacer el tonto?
-Yo no he sido. 

Fue el ligero temblor de la voz de su hermano lo que le hizo darse la vuelta por fin. Él lo miraba a su vez. Estaba pálido. Ya no quedaba rastro alguno de picardía o juego en su rostro. Se acercó un poco más. El agua del pantano estaba más turbulenta que antes. Y justo bajo donde ellos se encontraban, ascendía una columna de verdes burbujas. 

-¿Qué...?-se agachó para ver mejor. 

Todo sucedió en cuestión de segundos. Su hermano pegó un grito que le heló la sangre. Intentó ponerse en pie, pero parecía que algo lo tenía sujeto por las piernas, que seguían sumergidas. El azul verdoso del pantano empezó a teñirse de rojo. Su hermano sollozo y se revolvió, intentando liberarse. Él fue a su lado y, cogiéndolo por las axilas, intentó levantarlo. 

-Por favor... Ayúdame...-aunque temblando, se agarró con fuerza a su camisa. Como si así evitase que el monstruo se lo llevase consigo. 

Ahora no era más que un niño asustado que apoyaba su cara en su hombro, llenándolo de lágrimas. En un último esfuerzo, alzó a su hermano. Cuando vio que un muñón ensangrentado sobresalía del agua sus fuerzas flaquearon.  Cerró los ojos un momento para detener las arcadas que le subían por la garganta. 

-¿Qué pasa? ¿Ha pasado algo verdad? ¡Dios! ¿Por qué no dices nada? ¡Dime algo! ¿Voy a morir, verdad? ¡Voy a morir!

Le hubiera gustado decir algo, lo que sea, para calmarlo. Pero no se vio capaz. Sus brazos temblaron antes de soltar a su hermano. Se arrepintió en el acto. Unas fauces enormes salieron a la superficie. Esta vez lo agarraron por el tronco. El agua del pantano ahogaron las últimas súplicas de su hermano. Él dio unos pasos hacia atrás. Temblaba tanto que tropezó y cayó de bruces al suelo. Como pudo se levantó y se alejó corriendo todo lo posible de la orilla.