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lunes, 31 de agosto de 2020

La puerta del bosque

 


Mi última lectura, la cual me ha dejado fascinada, ha sido La puerta del bosque, de Melissa Albert, así que, una vez más, por aquí os dejo mi reseña y lo que me ha parecido esta historia. 
Sinopsis: Alice, una chica de diecisiete años, y su madre se han pasado la mayor parte de sus vidas de un sitio para otro, siempre un paso por delante de la extraña mala suerte que les pisa los talones. Pero cuando la abuela de Alice, la esquiva autora de un libro de cuentos espeluznantes, muere en su finca del bosque, Alice descubre hasta dónde puede llegar su mala suerte.  Su madre desaparece y deja un extraño mensaje: no te acerques al bosque de los avellanos. Para recuperarla, Alice tendrá que adentrarse en el mundo en que nacieron las historias de su abuela y donde quizás encuentre la razón del monstruoso y estremecedor origen de su historia. 

En primer lugar, si algo caracteriza a esta novela es que una vez la empieces los capítulos se pasaran sin que apenas te des cuenta. La forma de narrar de su autora junto a unos capítulos en su mayoría de corta duración la convierte en una auténtica lectura amena y ágil

Por otra parte, la historia en sí misma me ha resultado, cuanto menos, curiosa. La forma en la que los cuentos de hadas se mezclan con el mundo contemporáneo hasta ser incapaz de distinguir sus límites resulta de lo más interesante. Especialmente, si esta se desarrolla de la mano de su protagonista, Alice, un personaje peculiar y fuerte que no deja a nadie indiferente

Lo único que podría decir en su contra en esta reseña es que, en ocasiones, me resultaba un poco difícil seguir los diálogos porque no tenía del todo claro quién era el que estaba hablando. Salvo eso, ha sido un libro que en general me ha gustado y que ha sido bastante entretenido.

Si buscáis una lectura ligera para pasar un buen rato, este sin duda es vuestro libro. 




domingo, 30 de agosto de 2020

Iron Flowers

 


El reto lector de este mes consistía en comenzar una saga literaria y yo me he decidido finalmente por Iron Flowers, de Tracy Banghart, ya que hacía un tiempo que me había llamado la atención y le tenía ganas. 

Sinopsis: En un mundo de hombres en el que las mujeres no tienen ningún derecho, cada provincia del reino debe presentar a sus jóvenes más hermosas para que el príncipe heredero pueda elegir a su pareja. Así es como dos hermanas, Nomi y Serina, terminan confinadas en dos hábitats contrapuestos: la hermosa, frágil y débil en la inhóspita prisión de Mont Ruin y la chica resuelta, práctica y luchadora entre las sedas y fiestas de palacio. Dos historias de superación, supervivencia y amor entre hermanas... Porque, cuando la solución no llega, solo queda cambiar las reglas: ¡Que empiece la revolución!

A través de una narrativa que muestra fuerza desde la primera página sin perder la elegancia de la prosa, la autora nos presenta la historia de dos hermanas: Serina y Nomi, con caracteres tan opuestos como el día y la noche. Son precisamente en esas diferencias donde reside su fuerza ya que, tal y como nos anuncia la sinopsis, acabaran en un escenario que no les corresponde, donde se verán obligadas a adaptarse-y rebelarse-para sobrevivir en una sociedad machista donde las mujeres ni siquiera gozan del derecho a leer. La evolución que sufren a lo largo de la novela los personajes de Serina y Nomi es impresionante y ambas se convierten en unos auténticos iconos del empoderamiento femenino

Cabe destacar también la forma en la que la autora hace que nos adentremos en Viridia; en la tradición de las Gracias, las leyes contra las mujeres o incluso la prisión de Monte Ruin. Todo ello entretejido junto con la historia de liberación de Nomi y Serina y de todas las mujeres sometidas al poder del Superior en un ritmo frenético y ágil que hará que las páginas se pasen volando

Junto a nuestras protagonistas, encontramos toda una gama de personajes variopintos y únicos que enriquecen la historia con sus traiciones, alianzas y secretos

Un libro increíble del que no me podía despegar y más que recomendado. Ya estoy deseando volver a visitar Viridia en su continuación para descubrir que les depara el destino a estas icónicas hermanas. 




jueves, 27 de agosto de 2020

La chica sin rostro

Los vaivenes del autobús, que estaba lleno a rebosar, le hicieron estar a punto de perder el equilibrio en más de una ocasión. Se había agarrado con tanta fuerza a la barra con los nudillos se le habían quedado blancos. Un frenazo hizo que su cuerpo volviera a precipitarse hacia delante. Soltó un bufido al ver que las puertas se abrían para dejar entrar a más pasajeros en aquella lata de sardinas. ¿Es que el conductor no se daba cuenta de que apenas podían respirar? No veía el momento de llegar a su destino, al que todavía le quedaban un par de paradas. 

Se quedó mirando distraída a la gente que se abría paso entre codazos por el estrecho pasillo. Hasta que una larga cabellera rubia llamó su atención. La chica quedó de espaldas a ella, de modo que fue incapaz de verle el rostro. Pero tenía un pelo precioso, pensó. Vestía una falda de tul negra y, encima de esta, un jersey rosa chicle a conjunto con dos sandalias doradas. De inmediato se encontró imaginando la forma de su rostro. ¿Sería redondeado? ¿De qué color serían sus ojos? ¿Tendría pecas escampadas por los pómulos o un lunar sobre el labio? ¿Se habría maquillado? Sacudió la cabeza a la vez que el rubor subía por sus mejillas. Aquello era ridículo. ¿Cómo podía sentirse tan obsesionada por una desconocida a la que ni siquiera le había visto la cara? 

Un nuevo frenazo del autobús la devolvió a la realidad. Habían llegado a otra parada. Las puertas se abrieron y con el corazón en la garganta, observó cómo la chica se abría paso entre la gente para bajar. Su rostro volvió a perderse entre los cuerpos apretados unos contra otros y antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía, fue tras ella. 

La siguió un par de manzanas y de inmediato se sintió embargada por la vergüenza y la culpa. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Acosaba a una chica a la que solo había visto unos minutos en un autobús abarrotado? Se sintió ridícula. Decidió que iba siendo hora de poner fin a su aventura y dio media vuelta para marcharse. 

Pero, en ese momento, la chica se detuvo. 

Un escalofrío le recorrió la nuca, sin saber muy bien por qué. Sus latidos se aceleraron. Le dio la sensación de que ella había sabido desde el principio que la estaba siguiendo. 

Entonces la chica comenzó a girarse lentamente, como si con ello quisiera crear todavía más expectación. La emoción le encogió el estómago. Y también el miedo. 

Al fin se dio la vuelta por completo y ella sintió que las piernas le fallaban y que el suelo había dejado de ser estable bajo sus pies. Su rostro estaba vacío. Solo un agujero negro que parecía tragarse todo aquello que se abría a su paso. Sintió que el alma se le escapaba como arena que se escurría entre los dedos. Si hubiera tenido labios, habría jurado que la chica sin rostro sonreía con malicia. 

Lo último que recordaría sería aquel espeluznante vórtice que se acercaba a ella y su cuerpo inerte cayendo al suelo. 



domingo, 23 de agosto de 2020

1984

 


Una de mis lecturas más recientes ha sido el clásico de George Orwell 1984, de modo que por aquí os dejo la reseña del que ha sido siempre uno de mis grandes pendientes. 
Sinopsis: La acción se desarrolla en 1984 en una sociedad inglesa dominada por un sistema de colectivismo burocrático que controla el Gran Hermano. Un hombre llamado Winston Smith intentará rebelarse contra ese control, la manipulación y el autoritarismo. Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su cometido se limita a escribir la historia de manera que siempre coincida con los intereses y predicciones del partido, así como a hacer desaparecer de los diarios, archivos, etc, los nombres de las personas molestas. Progresivamente se rebela contra la vida que le han obligado a llevar y, con toda clase de precauciones, intenta conservar un diario donde escribe sus dudas, sus pensamientos y sus sentimientos. 

Uno de los primeros aspectos que me gustaría destacar de esta novela es la crudeza de su narrativa y el modo en que está nos va introduciendo en la distópica sociedad de 1984, gobernada por el Partido, el Gran Hermano y los principios del Socing. La fuente de poder de estos tres elementos emana principalmente de su capacidad para manipular y mantener a raya los pensamientos de las masas. Desde las telepantallas y la Polícia del Pensamiento hasta el uso de la nuevalengua, cuyo objetivo no es otro que limitar la capacidad de la mente, los habitantes de Oceanía se ven sometidos a una continua vigilancia y manipulación mental de la que parecen no estar a salvo ni siquiera mientras duermen. Hasta los instintos más primarios como el sexual están reprimidos bajo el control del Partido.

Tal y como se nos adelanta en la sinopsis, la oposición de nuestro protagonista, Winston, hacia este sistema opresor comenzará con algo tan sencillo como escribir un diario. A medida que avancemos y nos sumerjamos en la novela, esta rebeldía comenzará a ganar más fuerza y, de igual modo, la narración se volverá más oscura y desgarradora, desembocando en un final verdaderamente brutal.

Pero, sin duda, lo que me ha resultado más aterrador de esta historia es lo verosímil que a día de hoy puede resultar esa sociedad, cayendo en el peligro de convertirse en nuestro futuro.

En definitiva, un libro que me ha dejado sin palabras y que me ha dado mucho sobre lo que pensar y reflexionar. Una lectura en la que todos, en algún momento, deberíamos plantearnos adentrarnos.


 


 


 


 


jueves, 20 de agosto de 2020

Lluvia de balas

 El día que Carlos se asomó a la ventana y vio que caían balas del cielo, supo con certeza que era el principio del final. 

Y no se trataba de una simple metáfora. Literalmente llovían balas de todo tipo de calibre. La gente huía despavorida en las calles, en busca de un refugio. 

De poco servían ya los paraguas convencionales que abandonaban en mitad de la carrera, ya que más bien nada podían hacer estos contra la metralla que caía del cielo. 

A la lluvia de balas se le unía la de los cristales de las ventanas y los escaparates. El caos se apoderaba también de la calzada y los conductores, perplejos ante lo que veían sus ojos, chocaban los unos contra los otros, presas del pánico. 

Carlos se apartó de la ventana en el mismo instante en el que esta se hacía a añicos. No resultó herido de milagro. Todavía a una distancia prudencial, siguió contemplando la masacre que se cernía sobre las calles. 

Aquello solo era el principio del final. 

martes, 11 de agosto de 2020

Hospital

 La luz reflejaba con tal intensidad en las paredes blancas de la habitación que se vio obligado a apartar la vista y entrecerrar los ojos. 


Se reincorporó en la cama y se llevó la mano a la frente. La cabeza le ardía y le daba vueltas. No recordaba cómo había llegado hasta allí. Apenas sí tenía una vaga idea de su nombre y de quién había sido antes del accidente. 

En un intento por recordar, paseó su mirada por la habitación. Una ventana en la pared al fondo. Frente a la cama, un televisor colgado de la pared que ahora estaba apagado. A su lado, una mesilla con un jarrón cuyas flores hacía tiempo atrás que se habían marchitado. Poco más había en el dormitorio. Trató de ubicarlo en su memoria, pero solo había lagunas. 

Apartó la sábana que lo cubría y decidió levantarse. Se dirigió con decisión hacia la puerta y la abrió con cuidado, como si cualquier movimiento brusco fuera a dejarlo inconsciente otra vez. Se asomó al pasillo y allí vio cientos de puertas iguales a la suya, una sucesión de números infinitos. De vez en cuando, alguien salía o entraba en una de las habitaciones. Todos ellos vestidos completamente de blanco, como las paredes que lo rodeaban. 

"Un hospital'', pensó, y una parte de él lejos de aliviarse se inquietó. 

Se dio cuenta de que nadie le dirigía la mirada. Intentó llamar la atención de los médicos que pasaban por su lado, pero fue inútil. No le escuchaban. Era como si no existiera. 


Lo asaltó un mal presentimiento. Había algo que no encajaba. Temiendo lo peor, bajó la vista y se encontró su ropa manchada de sangre. Tuvo la sensación de que todavía seguía fresca y eso le provocó un par de arcadas. Se miró las palmas de las manos, que le temblaban con violencia. También estaban manchadas de sangre. 

Sus peores sospechas se confirmaron cuando, con un nudo en la garganta, se giró hacia el interior de la habitación. Se vio a sí mismo tumbado sobre la cama, cubierto hasta la cabeza por la sábana. 

Se preguntó cuánto tiempo debía de llevar muerto. 




miércoles, 5 de agosto de 2020

Fantasmas

El suelo de madera estaba frío y crujía bajo sus pies descalzos. 

Pese a que su padre le había asegurado una y otra vez que no tenía de que preocuparse, ella no se veía capaz de dormir a pierna suelta. Aunque hacía semanas que las nieves cubrían la región, ella sudaba a mares bajo las sábanas. Las manos le temblaban y le entraba un tic nervioso en el ojo izquierdo. Y las voces. Lo peor eran las voces. Desde la muerte de su madre, no había dejado de oírlas, volviéndose estas más fuertes a cada noche que pasaba. 

Su padre prácticamente se había reído cuando le había sugerido que la casa estaba encantada. Decía que pasaba demasiado tiempo leyendo cuentos y leyendas. Tal vez fuera cierto. O tal vez simplemente se estuviera volviendo loca. Pero esa noche, estaba dispuesta a llegar hasta el fondo del asunto. 

Candelabro en mano, fue avanzando con lentitud por el siniestro pasillo. Ya no estaba segura de si se mostraba cautelosa por no despertar a su padre o por no llamar la atención de los posibles fantasmas que allí se encontraran. El corazón le latía tan deprisa que le retumbaba en los oídos y no podía pensar. 

A cada paso que daba, las voces parecían volverse más furiosas. Una capa fría de sudor se acumuló en su espalda, bajo el camisón. Le volvió a entrar el tic en el ojo. La mano que sujetaba el candelabro temblaba tanto que temía que de un momento a otro tirara las velas al suelo, iniciando un incendio. Pensó en dar media vuelta. En regresar a su habitación e intentar conciliar el sueño. Pero sabía que sería inútil. No conseguiría dormir hasta que descubriera el origen de las voces. 


Estaba a punto de llegar al final del corredor cuando se levantó un viento gélido que apagó la llama de dos de los tres cirios que llevaba consigo, dejándola prácticamente a oscuras. Su corazón latió más deprisa. En ese pasillo no había puertas ni ventanas. Solo viejos y descoloridos retratos de su familia y sus antepasados. 


Sintió que el escaso valor que había conseguido reunir para llegar hasta allí bajaba por su garganta hasta la punta de sus pies. Decidió que ya había tenido suficiente por aquella noche. No veía la hora de que volviera a salir el sol por el horizonte. 

Fue a dar media vuelta para regresar a su habitación cuando la vio. Su cara deforme y blanquecina pegada a la suya a la luz de la única vela que permanecía encendida. Quiso gritar pero parecía que el miedo le hubiera hecho un nudo en la garganta, enredando sus cuerdas vocales. El fantasma se parecía tanto a ella que era casi como mirarse en un espejo, solo que su verdadero reflejo no era ni de lejos tan espeluznante. 

Solo cuando la última vela se apagó cayó en la cuenta de por qué se le parecía tanto. 

Era su madre.