Una de mis últimas lecturas ha sido Mariposas heladas, de Katarzyna Puzynska. Si bien los libros de este género suelen ser de mis favoritos, he de confesar que me ha provocado sentimientos contrariados.
Sinopsis: Una gélida mañana de invierno, el cuerpo sin vida de una monja, que aparentemente ha sido atropellada por un coche, aparece en las afueras de Lipowo, una localidad situada al norte de Varsovia. Pero pronto queda fuera de duda que primero fue asesinada y luego simularon un accidente. Unos días después, cuando aparece el cadáver de otra mujer, sin que entre ellas hubiera un vínculo aparente, la policía debe darse prisa antes de que el asesino actúe de nuevo.
Las sospechas recaerán sobre algunos de los habitantes del pueblo: la propietaria de una tienda, el heredero de una familia adinerada o el hijo de uno de los oficiales de la policía. La comisaria Klementyna Kopp y el comisario Daniel Podgórski tendrán que ponerse manos a la obra, investigar la verdadera identidad de la monja, su pasado y los motivos que la llevaron a Lipowo. Esta vez, además de con su equipo, Daniel contará con la ayuda de una recién llegada, Weronika, psicóloga que viene de Varsovia, acaba de divorciarse y busca un nuevo comienzo lejos de la ciudad, por la que se siente irresistiblemente atraído.
Para empezar, me gustaría decir que puede que una de las cosas que más me hayan gustado de esta novela no haya sido la resolución y el misterio del crimen en sí misma, sino la historia y el pasado de su asesino y cómo, a través de estos fragmentos, nos vamos adentrando en su mente y sus motivaciones para cometer los asesinatos.
Otra cosa que me gustaría destacar es la forma en la que están construidos sus personajes. Cada uno tiene una personalidad y una historia única, lo que los hace más humanos. Sin embargo, la evolución de algunos de ellos y su peso en el desarrollo de la trama han dejado, para mi gusto, mucho que desear. Un ejemplo es el personaje de Grazyna, la esposa de uno de los oficiales, Pawel. Llega un punto en la novela en la que Grazyna parece dar un paso gigantesco hacia delante en su situación personal y que evoluciona pero, para mi desencanto y sin hacer demasiado spoiler, al final acaba en el mismo punto en el que comenzó. Otro personaje del que me gustaría hablar es el de Weronika. Desde el primer capítulo, tuve la sensación de que esta iba a tener mucho más peso tanto en la historia como en la investigación. No podría estar más lejos de la realidad. Pues, a pesar de sí contar con un papel importante en la resolución, Weronika no parece desempeñar ningún papel más importante a destacar que el hecho de ser el interés amoroso del jefe de la comisaria de Lipowo. Desconozco si ambos personajes habrán sufrido una evolución más importante en la segunda novela de la autora, Más rojo sangre, también desarrollada en el pueblecito de Lipowo.
Por último, decir que si bien puede aparentar que tiene un principio un poco lento (sobre todo en cuanto a la investigación del primer asesinato y a la presentación de cada uno de los personajes), es a partir de la segunda parte de la novela donde realmente empiezan a volar las páginas de forma desenfrenada.
No estoy segura de si me decidiré a leer la continuación de las macabras aventuras de los habitantes de Lipowo pero de lo que sí estoy convencida es de que Mariposas heladas me ha dejado mucho para lo que pensar.


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