Se había pasado toda la eternidad persiguiendo a las estrellas. Viéndolas nacer y expanderse en el vasto universo sin más testigos que ella misma. Sin embargo, por mucho que lo deseara, nunca había sido capaz de alcanzar a ninguna. Daba igual lo rápido que su ligera y efímera esencia se moviera por el espacio. Para cuando sus nebulosos dedos llegaban a rozarla, esta ya había desaparecido mucho tiempo atrás.
Aunque hubiera habido alguien más con ella y le hubiera preguntado, no habría sabido explicar con claridad que era aquello que la movía a salir en busca de estrellas. Tal vez fuera la calidez que momentáneamente inundaba su frío cuerpo lo que la atraía. O la forma en la que su brillo, aunque solo fuera por unos instantes, hacía desaparecer el oscuro plano que la limitaba.Tal vez fueran todos esos motivos. O tal vez, simplemente, no hubiera excusa y se sintiera atraídas a ellas de una forma inexplicable.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había encontrado a la última. Pero la oscuridad se volvía cada vez más evidente y aquello la angustiaba. Su esencia se retorcía a medida que su desesperación no cesaba de crecer. Si no encontraba una nueva estrella pronto... se ahogaría por completo. Aunque jamás llegara a tocarla. Solo con sentirla a lo lejos le bastaba. Pero tenía que encontrarla.
Se detuvo un segundo y su cuerpo se hinchó en lo que fue lo más parecido a un suspiro al ser consciente de que jamás daría con ella y de que ya no tenía forma alguna de alejarse de su invisible prisión. Empezó a encogerse sobre ella misma, creando una esfera casi perfecta. Se regodeó en aquellos pensamientos. En lo que sentía. Dejó que el miedo se apoderara de ella y finalmente la engullera. Pero entonces, algo diferente cruzó su mente como un rayo. Fue solo un segundo, pero bastó para cambiarlo todo.
Recordó la calidez de las estrellas. La fuerza con la que brillaban. Y algo dentro de ella se prendió, tomó forma propia y se hizo más grande. Antes de que se diera cuenta y pudiera controlarlo, su cuerpo, su esencia entera, estaban cambiando.
La oscuridad seguía allí. Pero ella ya no era la misma ni se sentía tan sola. Algo había despertado en su interior. Algo cálido y brillante.
A falta de estrellas, ella se había convertido en una.
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