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jueves, 25 de junio de 2020

Raíces

Exhausto por la caminata, se detuvo en una roca junto al río que serpenteaba a su lado. Se secó el sudor que perlaba su frente con el dorso de la mano y entrecerrando los ojos miró hacia arriba para confirmar que el sol estaba en su punto más alto. Con un quejido, dejó la pesada mochila a su lado. Resopló y apartó la vista del resplandeciente astro. Una parte de él se arrepentía de haber emprendido ese viaje, lejos de los suyos. Pero otra muy distinta rebosaba de entusiasmo, convencida de que, en algún lugar de aquel bosque, encontraría la libertad que tanto ansiaba. 

Decidió quitarse los zapatos y los calcetines y sumergir los pies en el agua. El calor era asfixiante. La razón le pedía a gritos que volviera atrás, que abandonara su alocada empresa. Pero el corazón era más fuerte, y le instaba a seguir hacia delante. Mientras se regodeaba en aquella sensación, paseó la vista por la cúpula verdosa que creaba la arboleda sobre su cabeza, dejando entrever apenas un retazo azul de cielo. Aun así, pensó, no era suficiente densa como para frenar los rayos del sol. Y en parte lo agradecía. No quería ni imaginar lo que hubiera sido de él si se hubiera visto obligado a caminar a ciegas por el bosque. 

Una ligera brisa se alzó entonces, dándole una tregua. Él inspiró hondo y cerró los ojos para disfrutar al máximo del aquel agradable frescor. Continuaba con los pies sumergidos en el río y el agua empezó a burbujear de forma extraña, pero él no pareció darse cuenta. Hacía tiempo que no se sentía tan en paz y no quería dejar escapar ese momento. 

Apenas fue consciente de cómo sus pies se alargaban y sus dedos se estiraban, buscando desesperadamente unirse a la tierra. Su pelo se fue haciendo cada vez más claro, pasando de un castaño oscuro al dorado de las hojas de los árboles que lo rodaban en una especie de acogedor abrazo. Pequeñas ramas con brotes surgieron de su cuerpo, envolviéndolo casi por completo. Sus raíces se aferraron con una fuerza inusual al terreno que hace unos instantes había estado bajo sus pies. El viento sacudió las copas de los árboles, como si quisieran darle la bienvenida al nuevo miembro del bosque. Él continuó con los ojos cerrados, dejándose llevar. El sol ya no le parecía tan molesto. 

Se sentía en paz. Había encontrado la libertad que tanto buscaba. 

domingo, 21 de junio de 2020

Mariposas heladas


Una de mis últimas lecturas ha sido Mariposas heladas, de Katarzyna Puzynska. Si bien los libros de este género suelen ser de mis favoritos, he de confesar que me ha provocado sentimientos contrariados

Sinopsis: Una gélida mañana de invierno, el cuerpo sin vida de una monja, que aparentemente ha sido atropellada por un coche, aparece en las afueras de Lipowo, una localidad situada al norte de Varsovia. Pero pronto queda fuera de duda que primero fue asesinada y luego simularon un accidente. Unos días después, cuando aparece el cadáver de otra mujer, sin que entre ellas hubiera un vínculo aparente, la policía debe darse prisa antes de que el asesino actúe de nuevo. 

Las sospechas recaerán sobre algunos de los habitantes del pueblo: la propietaria de una tienda, el heredero de una familia adinerada o el hijo de uno de los oficiales de la policía. La comisaria Klementyna Kopp y el comisario Daniel Podgórski tendrán que ponerse manos a la obra, investigar la verdadera identidad de la monja, su pasado y los motivos que la llevaron a Lipowo. Esta vez, además de con su equipo, Daniel contará con la ayuda de una recién llegada, Weronika, psicóloga que viene de Varsovia, acaba de divorciarse y busca un nuevo comienzo lejos de la ciudad, por la que se siente irresistiblemente atraído. 

Para empezar, me gustaría decir que puede que una de las cosas que más me hayan gustado de esta novela no haya sido la resolución y el misterio del crimen en sí misma, sino la historia y el pasado de su asesino y cómo, a través de estos fragmentos, nos vamos adentrando en su mente y sus motivaciones para cometer los asesinatos

Otra cosa que me gustaría destacar es la forma en la que están construidos sus personajes. Cada uno tiene una personalidad y una historia única, lo que los hace más humanos. Sin embargo, la evolución de algunos de ellos y su peso en el desarrollo de la trama han dejado, para mi gusto, mucho que desear. Un ejemplo es el personaje de Grazyna, la esposa de uno de los oficiales, Pawel. Llega un punto en la novela en la que Grazyna parece dar un paso gigantesco hacia delante en su situación personal y que evoluciona pero, para mi desencanto y sin hacer demasiado spoiler, al final acaba en el mismo punto en el que comenzó. Otro personaje del que me gustaría hablar es el de Weronika. Desde el primer capítulo, tuve la sensación de que esta iba a tener mucho más peso tanto en la historia como en la investigación. No podría estar más lejos de la realidad. Pues, a pesar de sí contar con un papel importante en la resolución, Weronika no parece desempeñar ningún papel más importante a destacar que el hecho de ser el interés amoroso del jefe de la comisaria de Lipowo. Desconozco si ambos personajes habrán sufrido una evolución más importante en la segunda novela de la autora, Más rojo sangre, también desarrollada en el pueblecito de Lipowo.



Por último, decir que si bien puede aparentar que tiene un principio un poco lento (sobre todo en cuanto a la investigación del primer asesinato y a la presentación de cada uno de los personajes), es a partir de la segunda parte de la novela donde realmente empiezan a volar las páginas de forma desenfrenada

No estoy segura de si me decidiré a leer la continuación de las macabras aventuras de los habitantes de Lipowo pero de lo que sí estoy convencida es de que Mariposas heladas me ha dejado mucho para lo que pensar. 


jueves, 18 de junio de 2020

Prisión

Con el pulso acelerado por si le descubrían, se asomó a la que pequeña rendija de su prisión, que le ofrecía una vista pobre y encuadrada del mundo exterior. Ese mundo del cual se había recluido. 

Ya no recordaba si lo habían encerrado ellos o si el miedo lo había empujado a hacerlo por voluntad propia. Pero el caso era que hacía ya tiempo que aquellas tristes paredes grises forman parte de su vida. Sus apagados colores ya se habían fundido con él, engulliéndolo y apagando la débil voz que todavía le quedaba. 

Con un suspiro resignado, se retiró de la puerta y apoyó la espalda en la pared. Se sentó en el suelo y se cogió con fuerza las rodillas. No sabía cuánto tiempo más podría ser capaz de soportar aquello. Desde fuera, le llegaban los sonidos de la tormenta. No había dejado de llover desde que empezara su condena. Sentía que algo dentro de él se moría. Y lo peor de todo es que él no pensaba hacer nada por evitarlo. No podía, se dijo tratando de convencerse inútilmente. Debía dejar que su brillo se marchitara. Que se apagara para siempre. Ese ere el motivo de su encierro. De su condena. Eso era lo correcto. 

¿Lo correcto? Todavía se preguntó antes de caer irremediablemente dormido. 

Y, por una noche, no soñó con que las paredes lo aplastaban ni con que la lluvia implacable de la tormenta lo ahogaba. Soñó que era libre. De su espalda surgían dos alas de mariposa que le permitían alejarse para siempre de su prisión. Ya nunca más tendría que esconderse, se dijo. La gente miraría con fascinación, y puede que con envidia, sus hermosas alas. Las alas que le habían hecho libre. Y a quien no le gustara, que no mirara. Pero él era libre. Por fin era libre. 

Entonces despertó del sueño. Se miró la espalda, esperanzado, para confirmar con decepción que en efecto nada de eso había pasado. Notaba, sin embargo, que algo dentro de él sí que había cambiado. Como si una nueva corriente de vida recorriera sus venas. 

Todavía dudando, se reincorporó y colocó con suavidad la mano en la pared en la que momentos antes había estado apoyado. Las cuatro paredes del armario temblaron con violencia antes de derrumbarse, una por una. Fuera había dejado de llover y había salido el arco iris. Era libre. 

domingo, 14 de junio de 2020

La chica invisible





El reto lector de este mes consistía en leer un libro de más de 500 páginas. En esta ocasión, el elegido ha sido La chica invisible, de Blue Jeans

Sinopsis: Aurora Ríos es invisible para casi todos. Los acontecimientos del pasado han hecho que se aísle del mundo y que apenas se relacione. A sus diecisiete años, no tiene amigos y está harta de que los habitantes de aquel pueblo hablen a sus espaldas. Una noche de mayo, su madre no la encuentra en casa cuando regresa del trabajo. No es lo habitual. Aurora aparece muerta a la mañana siguiente en el vestuario de su instituto, el Rubén Darío. Tiene un golpe en la cabeza y han dejado una brújula junto a su cuerpo. ¿Quién es el responsable de aquel terrible suceso? 

Julia Plaza, compañera de clase de la chica invisible, está obsesionada con encontrar la respuesta. Su gran inteligencia y su memoria prodigiosa le sirven para realizar el cubo de Rubik en cincuenta segundos o ser invencible jugando al ajedrez. Pero ¿podrá ayudar a sus padres en la resolución de aquel enigma? Su madre, Aitana, es la forense del caso y su padre, Miguel Ángel, el sargento de la Policía Judicial de la Guardia Civil encargado de la investigación. Julia, junto a su inseparable amigo Emilio, un chico muy particular con una mirada inquietante, tratará de hacer todo lo que esté en su mano para que el asesinato de Aurora Ríos no quede impune. 

Hacía bastante tiempo que le tenía ganas a este libro, pues Blue Jeans no es en vano uno de mis autores favoritos. Todavía recuerdo el momento en el que llegó a mis manos ¡Buenos días, princesa!, la primera parte de la saga El club de los incomprendidos, que cambiaría mi mundo lector para siempre




En La chica invisible, sin embargo, descubrimos una nueva faceta del autor: la del thriller y que, he de decir, me ha encantado. Tal y como me ocurría con sus anteriores novelas, las páginas se me han pasado volando. ¡Para cuando me quería dar cuenta, ya llevaba más de la mitad! Cada capítulo te dejaba con ganas de más. Y, por supuesto, con ganas de descubrir al asesino de Aurora

Otra de las cosas que desearía destacar de este autor es su estilo a la hora de crear personajes. Puede que sea una de las cosas que más me gusten de él. Cada uno tiene sus propias manías, sus propios miedos, los que los acaba haciendo, al final, más humanos y cercanos al lector. De esta novela me gustaría destacar unos cuantos. Julia, la protagonista y peculiar detective de nuestra historia, pasara a ser sin duda uno de mis favoritos. Por otra parte, Emilio me ha causado a lo largo de la trama sentimientos encontrados y me ha hecho fruncir el ceño en alguna que otra ocasión, pero no se puede negar que ambos hacen un dúo icónico. Por último, decir que, personalmente, me ha gustado la forma en la que, tras su asesinato, íbamos conociendo pedazos del pasado de Aurora. Ha sido la evolución del personaje de Vanesa, sin embargo, la que probablemente más me haya agradado de toda la novela. 

En definitiva, ha sido un libro que no ha dejado de sorprenderme hasta el final y del que espero leer con ganas su segunda parte. 

jueves, 11 de junio de 2020

Gritos

Su paso era inestable. Se tambaleaba. Y tras él, dejaba un reguero negro y triste, sin vida. 

Hacía tiempo que había perdido la consistencia de su propio cuerpo, convirtiéndose en una mole flácida que ni siquiera era capaz de mantener su tronco erguido. Su hombro derecho rozaba el suelo de tal modo que sus dedos acariciaban, o más bien arañaban, el asfalto. Sus piernas, aunque todavía le permitían moverse y caminar, lo hacían de un modo extraño. Daba la sensación de que, de un momento a otro, fueran a enredarse y hacerle caer. 

La extraña criatura en la que se había convertido vagaba sin rumbo fijo, penitente. Su cuerpo burbujeaba como si el líquido que ahora lo formaba estuviera ardiendo. Se moldeaba, cambiaba. Lo iba consumiendo. Hacía desaparecer los pocos rasgos humanos que en él quedaban. Sus dedos se alargaban y desaparecían. Sus ojos se fundían en un rostro en el que ya no quedaba nada. Su alma se encogía en su interior como un niño asustado, enferma de esa oscuridad que la había infectado. 

En un momento dado, el monstruo se detuvo. Giró su deforme cabeza a todos lados. Aunque nada pudiera reflejarlo ya en el que fuera su rostro, parecía realmente angustiado. Los sentía. Sentía a la gente a su alrededor. ¿Pero, por qué no podían verlo? Dejó caer el fluido que una vez había formado sus hombros, derrotado, y su cabeza se inclinó ligeramente hacia atrás. Los tentáculos negros que lo asfixiaban con su abrazo mortal se separaron ligeramente, permitiéndole emitir un desgarrador grito que a cualquiera le hubiera helado la sangre. 

Si tan solo alguien lo hubiera escuchado. 

Porque él sigo gritando y gritando, en un último intento de pedir socorro, a pesar de que sabía que ya era demasiado tarde. Pero nadie parecía verlo. Nadie parecía escuchar sus gritos. 

jueves, 4 de junio de 2020

Estrellas

Se había pasado toda la eternidad persiguiendo a las estrellas. Viéndolas nacer y expanderse en el vasto universo sin más testigos que ella misma. Sin embargo, por mucho que lo deseara, nunca había sido capaz de alcanzar a ninguna. Daba igual lo rápido que su ligera y efímera esencia se moviera por el espacio. Para cuando sus nebulosos dedos llegaban a rozarla, esta ya había desaparecido mucho tiempo atrás. 

Aunque hubiera habido alguien más con ella y le hubiera preguntado, no habría sabido explicar con claridad que era aquello que la movía a salir en busca de estrellas. Tal vez fuera la calidez que momentáneamente inundaba su frío cuerpo lo que la atraía. O la forma en la que su brillo, aunque solo fuera por unos instantes, hacía desaparecer el oscuro plano que la limitaba.Tal vez fueran todos esos motivos. O tal vez, simplemente, no hubiera excusa y se sintiera atraídas a ellas de una forma inexplicable. 

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había encontrado a la última. Pero la oscuridad se volvía cada vez más evidente y aquello la angustiaba. Su esencia se retorcía a medida que su desesperación no cesaba de crecer. Si no encontraba una nueva estrella pronto... se ahogaría por completo. Aunque jamás llegara a tocarla. Solo con sentirla a lo lejos le bastaba. Pero tenía que encontrarla. 

Se detuvo un segundo y su cuerpo se hinchó en lo que fue lo más parecido a un suspiro al ser consciente de que jamás daría con ella y de que ya no tenía forma alguna de alejarse de su invisible prisión. Empezó a encogerse sobre ella misma, creando una esfera casi perfecta. Se regodeó en aquellos pensamientos. En lo que sentía. Dejó que el miedo se apoderara de ella y finalmente la engullera. Pero entonces, algo diferente cruzó su mente como un rayo. Fue solo un segundo, pero bastó para cambiarlo todo. 

Recordó la calidez de las estrellas. La fuerza con la que brillaban. Y algo dentro de ella se prendió, tomó forma propia y se hizo más grande. Antes de que se diera cuenta y pudiera controlarlo, su cuerpo, su esencia entera, estaban cambiando. 

La oscuridad seguía allí. Pero ella ya no era la misma ni se sentía tan sola. Algo había despertado en su interior. Algo cálido y brillante. 

A falta de estrellas, ella se había convertido en una.