Cerró los ojos, buscando disfrutar al máximo de aquel momento. Del viento que hondeaba su cabello castaño, del suave aroma a lavanda que impregnaba el verano. Extendió los brazos, haciendo que la brisa jugase con su vestido color marino. Se sentía libre como nunca antes lo había sido. Libre y poderosa. Tanto, que ni siquiera el mismo cielo podía encadenarla.
Escuchó unos pasos tras ella y la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa. Abrió los párpados y lo miró de reojo. Estaba sudoroso y con las mejillas sonrosadas, como si el hecho de subir a la azotea le hubiera supuesto un gran esfuerzo.
-No puedes hacerlo.-le dijo, atreviéndose a dar un paso hacia delante-No puedes irte.
Ella no dijo nada. Cerró de nuevo los ojos, sintiendo por última vez el viento que le enfriaba la nariz y los pómulos.
La golondrina abrió entonces sus alas y alzó el vuelo, alejándose de allí para siempre.
Escuchó unos pasos tras ella y la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa. Abrió los párpados y lo miró de reojo. Estaba sudoroso y con las mejillas sonrosadas, como si el hecho de subir a la azotea le hubiera supuesto un gran esfuerzo.
-No puedes hacerlo.-le dijo, atreviéndose a dar un paso hacia delante-No puedes irte.
Ella no dijo nada. Cerró de nuevo los ojos, sintiendo por última vez el viento que le enfriaba la nariz y los pómulos.
La golondrina abrió entonces sus alas y alzó el vuelo, alejándose de allí para siempre.
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