Murmurando para sí, Sole se recostó en el sillón en el que llevaba horas sentada. Cuando por fin se vio satisfecha con la postura, dejó escapar un suspiro y apoyó en la mano izquierda la barbilla. Últimamente iba de la cama al sillón y del sillón a la cama. Sus hijos le traían cada semana la compra y ese era el único momento en el que Sole podía enterarse de qué demonios estaba pasando fuera. Hacía tiempo que había desistido de escuchar las noticias. Lo único que hacían era darle un terrible dolor de cabeza.
La televisión la aburría. Tampoco se había considerado nunca una gran aficionada a la lectura. Había repetido sus recetas mil veces. Pero llegados a ese punto, ni siquiera la cocina la satisfacía. Era en aquellos momentos cuando más consciente era del vacío que Pedro había dejado en su vida. Él y la pequeña Nina, a la que añoraba sacar a pasear. Como cada tarde, los ojos tristones de Sole se posaron sobre el viejo teléfono que, a su lado, descansaba sobre una mesilla de cristal, rodeada de sus mejores recuerdos. Casi sin quererlo, dejó escapar otro suspiro. Había perdido la cuenta de los días, pero no había recibido ni una sola llamada. Ni siquiera de sus hijos, que se encargaban de que no le faltara de nada.
No eran ni las nueve, pero se levantó para irse a la cama. De todas formas, no tengo mucho más que hacer, se dijo. En cuanto se puso en pie, el teléfono a su lado empezó a sonar con estruendo. Sole pegó un brinco al escuchar el aparato y casi se precipitó sobre él para descolgar el auricular.
-¿Diga?-casi tartamudeó, presa de la emoción contenida.
-¿Ho...? ¿...la? ¿Se... me...? ¿...escucha?
-¡Sí, sí! ¡Pero algo cortado!-se apresuró en responder.
Temía que si tardaba demasiado, su ansiado interlocutor finalizara la llamada. Y hacía mucho que deseaba que aquello ocurriera, pese a que todavía no había sido capaz de reconocer su voz.
Le pareció escuchar un suspiro aliviado al otro lado de la línea.
-Llevo... días...in...tentando poner...me en contac...
-Se escucha un poco mal. Perdone, ¿con quién hablo?
-La... Tierra...-se vio obligada a retirar un poco el oído del auricular cuando empezaron a producirse unas molestas interferencias-El... oxígeno... se acaba...
-¿Oiga? Disculpe, pero no entiendo nada de lo que me está diciendo.
-No... mucho... tiempo...
-¿Hola? ¡Qué clase de broma es esta!-empezaba a cansarse.
Ya podía imaginarlo. A la joven al otro lado de la línea burlándose de la inocencia de una pobre anciana desesperada. Se dispuso a colgar y acabar con ese disparate cuando, de pronto, la voz se volvió más clara al otro lado.
-Soy la única superviviente. Por favor, haga llegar mi mensaje. La misión roja ha sido un fracaso. Solo quiero volver a casa...
Antes de que finalizara la llamada, a Sole le pareció escuchar como al otro lado alguien hipaba, como si tratara de contener las lágrimas.
Todavía se quedó un rato más allí, mirando con el ceño fruncido al teléfono, el cual seguía en su mano. Qué significaba todo aquello. Finalmente se decidió a colgar y se fue a la cama.
Aunque nada de toda aquella locura fuera una broma, no tenía ningún modo de hacer llegar ese mensaje. Ni siquiera podía salir a comprar la leche por su cuenta, se dijo.






