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lunes, 2 de julio de 2018

Susurros entre las hojas

El eco de sus pisadas en el suelo del bosque resonaba como un ligero murmullo acomodado en el barro que cubría las ramas y las hojas secas. La luz del sol se colaba entre los árboles, cegándolo de cuando en cuando. Cerró los ojos y detuvo su camino, inspirando profundamente. Olía a tierra húmeda. 

-¡No te detengas! ¡Debes seguir el camino, guerrero!-le recriminó una voz profunda y hueca en el interior de su mente. 

Abrió los ojos y ante él vio una vez más la figura del dragón. Se trataba de un pequeño ser de aspecto humeante y neblinoso, de largo cuerpo de serpiente y garras afiladas. No tenía alas, pero se movía con igual ligereza por el aire a su alrededor. Sus dos pequeños ojos negros lo miraban con reproche. 

-¡Debes seguir caminando, todavía estás lejos de tu destino!-insistió el dragón, echando humo por sus enormes orificios nasales. 

Él reprendió de nuevo el camino sin rechistar, llevando una mano a una de sus mejillas. En esta, justo debajo del ojo ambarino de serpiente, se distinguía una hilera de escamas negras y blancas. La Marca del Dragón, la marca del guerrero. 

Tan solo había dado un par de pasos cuando se detuvo de nuevo, causando un nuevo bufido en forma de humo en su acompañante. Pero él ya no lo escuchaba. Agudizó el oído y se centró en los sonidos del bosque que lo rodeaba. Uno de ellos destacaba sobre los demás. Era como un susurro entre las hojas, como una canción murmurada por el viento. Un lamento, un secreto confesado bajito a los árboles. Decidido reinició la marcha, pero en esta ocasión, abandonó el camino y se internó en la maleza, en busca de aquella hermosa voz que parecía estar llamándolo en susurros. 

-¡No deberías desviarte del camino, guerrero, o lo lamentarás!-continuó escuchando la voz del dragón a su lado.

Pero él continuaba apartando ramas, buscando entre los troncos huecos de los árboles, parando a escuchar de nuevo, esperanzado. 

Entonces la voz se detuvo, y tan solo el sonido del viento que le alborotaba los cabellos continuó rompiendo el silencio. Estaba ahora en lo más profundo del bosque. Hacía ya tiempo que se habían alejado del sendero, y sería una locura buscar a tientas el camino de regreso. Ya no había vuelta atrás donde los árboles parecían cambiar el laberinto a su antojo para confundir al caminante. 

-Te lo advertí, guerrero. -resonó de nuevo en su mente la voz del dragón-No deberías dejarte guiar por impulsos como esos, el bosque puede ser engañoso. 

Pero cuando iba a darse por vencido, distinguió otra figura parpadeante como la niebla entre los árboles. Era alargada, como el cuerpo de una serpiente, y daba vueltas en el aire de forma insistente en torno a algo o alguien. Hubo un leve movimiento en las hojas y tras el dragón, apareció la figura de una muchacha de largo cabello plateado y grandes ojos ambarinos. En una de sus mejillas, podían apreciarse unas escamas de tonos azules y grises, los mismos colores presentes en la criatura que la acompañaba. Él se quedó mirándola embelesado, y ni tan siquiera el dragón que todavía permanecía a su lado se dignó a reprocharle de nuevo. Porque ambos sabían lo que significaba aquello. 

Otra Marca del Dragón

Y otra guerrera emprendiendo el mismo camino, siguiendo a ciegas los susurros del bosque.

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