La canción monótona del tic tac del reloj iba acompasada con el repiqueteo de sus zapatos, que taconeaban, impacientes. Comprobando por enésima vez la hora, ajustó su pomposo vestido y dejó escapar un bufido. Todavía quedaban cinco minutos. Cinco minutos para que pudiera abalanzarse a abrir los regalos que cubrían la mesa.
En su familia, existía una curiosa tradición. Y es que en los cumpleaños no se podía abrir ni un solo regalo hasta pasada la medianoche. Nadie festejaba, nadie comía, hasta pasadas las doce de la noche. Sí, se trataba de algo extraño. ¿Y qué sentido tenía? Después de la medianoche, técnicamente el día del esperado cumpleaños había acabado. Sin embargo, había sido así desde que había tenido uso de razón, y además, aquella iba a ser una celebración bastante especial, según le habían dicho sus padres. Es por eso que en aquella ocasión, había consentido arreglarse más de lo habitual y esperar sin rechistar el paso de las horas.
Y por fin, el reloj dio las doce.
-Feliz cumpleaños, cariño.-sonrió su madre.
-Felicidades, tesoro.-dijo asimismo su padre.
Ninguno de los dos se molestó en ir a abrazarla, pero eso a ella no le importó. Hacía tiempo que se había acostumbrado a la actitud regia y distante de sus padres.
Sin esperar ni un solo segundo más, se alzó impaciente de la silla y corrió a la mesa llena de presentes. Indecisa, no sabía por dónde empezar. Hasta que sus ojos se clavaron en el más grande de todos los siete. Recordó entonces que sus padres habían insistido especialmente en que fuera ese el que abriera primero.
Cogió la caja. No parecía especialmente pesada. Sin embargo, ¿por qué dudaba tanto a la hora de abrirla? Acercó lentamente la mano a la tapa, decorada con un precioso lazo azul, y la alzó. La habitación comenzó a girar a su alrededor. Las luces se difuminaron, los rostros se confundieron, y ella sintió que todo un torbellino la envolvía y que de alguna forma caía, como si se encontrara en alguna especie de hoyo profundo. Más bien, era como si el propio regalo la estuviese absorbiendo.
Todo se detuvo tan de repente, que tropezó y estuvo a punto de caer. Esos condenados zapatos... Por suerte, alguien la sostuvo a tiempo de que se estampara contra el suelo.
Alzó la cabeza con lentitud y cuando la vio, se quedó paralizada. No lo podía creer. Era una muchacha de larga melena oscura y brillante ojos marrones, como los suyos. Incluso llevaba su mismo vestido. Eran prácticamente idénticas. ¿Qué significaba aquello? ¿Era un doble, un clon? ¡¿Qué estaba pasando?!
-Feliz cumpleaños, querida hermana.-la saludó ella con una sonrisa. Era como estar mirándose en un espejo-Hacía tiempo que te esperaba. Bien, ahora que estás aquí, al fin puedo salir a la superficie. Nos vemos dentro de otros siete años, hermana.
Su hermana gemela la empujó y ella quedó sumida en la oscuridad.
Atrapada durante siete largos años en aquel, aparentemente inocente, regalo de cumpleaños.
WWWWOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOUUUOOOOOUU
ResponderEliminar