Mi
profesor de geografía estaba explicando algo que simplemente no podía escuchar.
Me giré para ver su pupitre una vez más. Estaba vacía, con preciosos lirios
violetas en ella.
Habían
transcurrido dos semanas desde que Sally hubiera pasado a mejor vida debido a
aquel terrible accidente. No podía soportarlo, porque sabía la cruda verdad. Me
di cuenta de que no había sido un accidente, que su casa había empezado a arder
a propósito. La peor parte de todo
aquello era que conocía perfectamente a las personas que habían causado el
incendio. Ellos lo hicieron. Ese par de idiotas, de chicos irracionales. Ellos
siempre se estaban riendo de ella, haciéndola sentir incómoda, arrojando al
suelo toda su confianza. Una noche, decidieron que era tiempo de hacer la broma
definitiva. Las cosas se fueron fuera de control, y cuando el fuego comenzó a
hacer arder la casa de Sally, ellos huyeron como cobardes. Yo… Yo no pude
salvarla. Tal vez soy un cobarde también.
La
noche llegó de nuevo, y como siempre desde aquel día, no pude dormir sin tener
una pesadilla. Me levanté y me escapé a través de la ventana de mi habitación. Empecé
a caminar sin pensar, hasta que me di cuenta de donde mis pies me estaban
llevando. En unos minutos, estaba delante de la casa de Sally otra vez.
Era
un lugar triste y polvoriento. La pena regresó de nuevo a mi pecho, matándome. Si
hubiera sido más rápido, si hubiera podido salvarla… Pretendía volver a casa
cuando las vi. Dos sombras estaban acercándose a la puerta de Sally. Antes de
que llegaran a donde yo estaba, abrí la puerta y me colé en la destartalada
casa sin pensar. El interior estaba oscuro y era un poco siniestro. Pero aquel
ennegrecido lugar era donde una vez Sally había tenido sueños y esperanzas,
pensé, desesperanzado. Aunque lucían
como si estuvieran a punto de caerse en cualquier momento, decidí subir las
escaleras.
Para
cuando llegué al segundo piso, escuché sus voces, completamente perplejo. Eran ellos otra vez, ese par de asesinos que
provocaron el incendio. ¡¿Qué demonios
estaban haciendo ellos aquí?!
-Ey,
tío. ¿Estás seguro de esto?-preguntó uno de ellos-Quiero decir… Han pasado dos
semanas desde entonces y nadie sabe que en realidad fuimos nosotros. Todo el
mundo continúa pensando que fue un accidente, así que… ¿Por qué…?
-Cállate.
Tenemos que asegurarnos de que no existe ninguna prueba de que fuimos nosotros
los que causamos el incendio aquella noche.-protestó el otro.
Tuve
que hacer grandes esfuerzos para permanecer en silencio, porque la rabia que me
estaba golpeando me hacía querer gritar.
-Vale,
bien.-finalmente accedió el otro- Pero hagámoslo rápido, ¿vale? Este sitio me da mal rollo.
-Oh,
vamos. Es solo…
En
ese momento, la puerta se cerró tras ellos.
-¿Qué…?
-¡Te
lo dije! ¡Vámonos de aquí!
Era
imposible. No podían abrir la puerta de nuevo.
No podían escapar. Estaban atrapados, como yo. Pero la peor parte de
ello fue cuando ella apareció al final de las escaleras tras ellos. No podía
creerlo. Era ella.
-Hola,
chicos. Me alegro de veros de nuevo.-su voz sonaba muy lejana.
Ellos
miraron hacia atrás y gritaron. Sus rodillas comenzaron a temblar con
violencia.
-¿Sa-Sally?
-¡Eso
es imposible! ¡Estás muerta!
-Oh,
sí. Lo estoy.-su risa me puso los pelos de punta-Pero ahora estoy aquí otra
vez, estoy muy complacida de veros aquí conmigo también.
Ellos
regresaron a la puerta, tratando de abrirla otra vez. Pero era inútil.
-Así
que queríais jugar con fuego, ¿no es cierto?-dijo Sally, acercándose a
ellos-Bien. Juguemos…
Ella
comenzó a prenderse delante de mis ojos.
-¡Puta
mierda!-dijo uno de ellos, aterrorizado-¿Qué cojones eres tú, un monstruo?
-Un
tipo de…-rió ella alzando sus manos.
El
fuego empezó en medio de la habitación y pronto este alcanzó la puerta, donde
ellos la estaban golpeando desesperados, tratando de escapar. Pero era
demasiado tarde. Era una vida tarde, supuse. Sally rió otra vez cuando ellos
gritaron de dolor, muriendo. Aun cuando su venganza estaba hecha, su cuerpo
continuaba prendiéndose. El fuego comenzó a hacer arder la casa entera una vez
más.
-Sally…-murmuré
su nombre en el mismo momento en el que escuché los camiones de bomberos
subiendo por la calle.
Ella
se giró y sus grandes ojos marrones brillaron con más intensidad por unos
segundos.
-Lyan…-dijo
mi nombre, haciéndome sentir indefenso-¿Qué estás haciendo aquí? Espera… Tú…
Ellos…-empezó ella, confusa.
-Vine
aquí porque no puedo olvidarte.-la interrumpí, sintiendo las llamas llegar a
través de las escaleras-Sally…-la llamé de nuevo-¿Qué has hecho?
-Lo
siento mucho, Lyan.-se disculpó ella. Parecía que estaba llorando bajo todas
las llamas que cubrían su cuerpo-Pero a veces, cuando inicias un incendio, no
puedes extinguirlo.
Las
llamas se volvieron más rápidas, comenzando a quemar mi piel. La alarma de
bomberos sonaba más y más fuerte, pero no podía ver nada más. Cerré mis ojos, esperé por mi muerte. Sin
embargo, lo que realmente vi no fue a aquel espectro con una capucha oscura y
una guadaña. Era hace dos semanas, cuando Sally estaba viva.
Estaba
en la ventana de la cocina, regando un hermoso ramo de lirios violetas. Sus
flores favoritas. De repente, sus manos
comenzaron a temblar. Y sabía por qué.
Ellos estaban riéndose al otro lado de la ventana. Ella abandonó la cocina y subió las
escaleras. Lo único que ella quería era
esconderse, huir de allí. Sentí su dolor, sentí su miedo. Algo empezó a arder dentro de mí.
Vi a
sus padres yendo a la habitación de su hija, hablando con ella, dándole un
abrazo, preguntándose por qué lucía tan asustada. Vi el fuego haciendo arder la
primera planta, escuché sus gritos, los observé intentando escapar, intentando
extinguir las llamas. La vi a ella, sin vida, ardiendo lentamente. Quise
gritar, escapar de aquel infierno, de esos recuerdos que me estaban matando.
Pero no había palabras, no había voz en mi garganta. Debía continuar soñando
porque escuché su voz otra vez, gritando mi nombre. Hasta que me di cuenta de que era realmente
su voz.
Abrí
mis ojos y sentí sus lágrimas cayendo sobre mi mejilla. Sally estaba delante de
mí, abrazándome. Las llamas continuaban cubriendo toda su piel, y ellas
quemaron todo mi cuerpo, pero no me importaba. Porque ella estaba a mi lado de
nuevo.
-Sally…-la
llamé otra vez-Estás prendiéndote.-dije, y me sentí realmente estúpido.
Vi
una pequeña sonrisa en sus labios y me sentí la persona más afortunada del
mundo.
-Tengo
que irme, Lyan. He causado demasiados problemas. Como cuando estaba
viva.-aseguró ella, separándose de mí con lágrimas en los ojos.
-¡Sally!
¡Estás equivocada!-agarré su mano. Estaba caliente, pero no me hizo daño. La
quería a mi lado. No quería verla desaparecer otra vez-¡No has hecho nada,
Sally!
-No
estoy segura de eso, Lyan.-sonrió ella-¿Qué hay sobre mi venganza? He causado
dos muertes y esta casa está ardiendo de nuevo. Incluso tú, Lyan.
-Espera…
¿Qué quieres de…?-pregunté.
-Estás
prendiéndote también, Lyan.
Eché
un vistazo a mi cuerpo y me di cuenta de que ella tenía razón. Ahora, las
llamas me estaban cubriendo a mí también. Las sentí corriendo por mis venas,
calentando mi sangre.
-En
ese caso, quédate conmigo, Sally. No me dejes solo otra vez, por favor. Si te
vas otra vez, no podré soportarlo.-le supliqué, con mis lágrimas comenzando a
caer.
-No
puedo hacer eso, Lyan.-sollozó ella-Tengo que irme.
-No
puedes irte así, sin más.-protesté de nuevo-Has iniciado un incendio en mi
corazón, Sally. Y tú sabes que a veces, cuando haces eso, no puedes
extinguirlo.
-No
lo hagas más difícil de lo que es, Lyan. No quiero que mueras como yo.
-Eso
no me importa. Quiero estar contigo.
-Deberías.
Adiós, Lyan.
Y
entonces, ella me agarró entre sus brazos de nuevo. Cerré mis ojos, queriendo estar así por toda
la eternidad.
-Lyan.-susurró
mi nombre-Permaneceré viva en tu corazón. Gracias, y no te sientas responsable
de nada.
Ella
me empujó y lo último que vi fue eso. Ella estaba ardiendo en medio de las
llamas.
Me
levanté con un terrible dolor de cabeza. Al principio, me sentí un poco
confuso, hasta que me di cuenta de dónde estaba. El fuego había sido
extinguido. Me levanté, caminando entre las cenizas. Bajé las escaleras y lo vi
en medio de la habitación. Cubierto de cenizas, las llamas habían dejado un
lirio violeta que parecía brillar. Lo cogí y lo olí, sintiendo que mi corazón moría por la presencia del recuerdo de Sally.
La
puerta se abrió y un grupo de hombres entró en la casa. Ellos gritaron y me
miraron, aterrorizados.
-¡¿Qué
demonios eres tú?!-quiso saber uno de los bomberos, apuntándome.
Pasaron
unos segundos hasta que me di cuento de qué es lo que estaba ocurriendo.
Mi cuerpo continuaba prendiéndose.