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lunes, 20 de agosto de 2018

Prenderse


Mi profesor de geografía estaba explicando algo que simplemente no podía escuchar. Me giré para ver su pupitre una vez más. Estaba vacía, con preciosos lirios violetas en ella.

Habían transcurrido dos semanas desde que Sally hubiera pasado a mejor vida debido a aquel terrible accidente. No podía soportarlo, porque sabía la cruda verdad. Me di cuenta de que no había sido un accidente, que su casa había empezado a arder a propósito.  La peor parte de todo aquello era que conocía perfectamente a las personas que habían causado el incendio. Ellos lo hicieron. Ese par de idiotas, de chicos irracionales. Ellos siempre se estaban riendo de ella, haciéndola sentir incómoda, arrojando al suelo toda su confianza. Una noche, decidieron que era tiempo de hacer la broma definitiva. Las cosas se fueron fuera de control, y cuando el fuego comenzó a hacer arder la casa de Sally, ellos huyeron como cobardes. Yo… Yo no pude salvarla. Tal vez soy un cobarde también.

La noche llegó de nuevo, y como siempre desde aquel día, no pude dormir sin tener una pesadilla. Me levanté y me escapé a través de la ventana de mi habitación. Empecé a caminar sin pensar, hasta que me di cuenta de donde mis pies me estaban llevando. En unos minutos, estaba delante de la casa de Sally otra vez.

Era un lugar triste y polvoriento. La pena regresó de nuevo a mi pecho, matándome. Si hubiera sido más rápido, si hubiera podido salvarla… Pretendía volver a casa cuando las vi. Dos sombras estaban acercándose a la puerta de Sally. Antes de que llegaran a donde yo estaba, abrí la puerta y me colé en la destartalada casa sin pensar. El interior estaba oscuro y era un poco siniestro. Pero aquel ennegrecido lugar era donde una vez Sally había tenido sueños y esperanzas, pensé, desesperanzado. Aunque lucían como si estuvieran a punto de caerse en cualquier momento, decidí subir las escaleras.

Para cuando llegué al segundo piso, escuché sus voces, completamente perplejo.  Eran ellos otra vez, ese par de asesinos que provocaron el incendio.  ¡¿Qué demonios estaban haciendo ellos aquí?!

-Ey, tío. ¿Estás seguro de esto?-preguntó uno de ellos-Quiero decir… Han pasado dos semanas desde entonces y nadie sabe que en realidad fuimos nosotros. Todo el mundo continúa pensando que fue un accidente, así que…  ¿Por qué…?

-Cállate. Tenemos que asegurarnos de que no existe ninguna prueba de que fuimos nosotros los que causamos el incendio aquella noche.-protestó el otro.

Tuve que hacer grandes esfuerzos para permanecer en silencio, porque la rabia que me estaba golpeando me hacía querer gritar.

-Vale, bien.-finalmente accedió el otro- Pero hagámoslo rápido, ¿vale? Este sitio me da mal rollo.

-Oh, vamos. Es solo…

En ese momento, la puerta se cerró tras ellos.

-¿Qué…?

-¡Te lo dije! ¡Vámonos de aquí!

Era imposible. No podían abrir la puerta de nuevo.  No podían escapar. Estaban atrapados, como yo. Pero la peor parte de ello fue cuando ella apareció al final de las escaleras tras ellos. No podía creerlo. Era ella.

-Hola, chicos. Me alegro de veros de nuevo.-su voz sonaba muy lejana.

Ellos miraron hacia atrás y gritaron. Sus rodillas comenzaron a temblar con violencia.

-¿Sa-Sally?

-¡Eso es imposible! ¡Estás muerta!

-Oh, sí. Lo estoy.-su risa me puso los pelos de punta-Pero ahora estoy aquí otra vez, estoy muy complacida de veros aquí conmigo también.

Ellos regresaron a la puerta, tratando de abrirla otra vez. Pero era inútil.

-Así que queríais jugar con fuego, ¿no es cierto?-dijo Sally, acercándose a ellos-Bien. Juguemos…

Ella comenzó a prenderse delante de mis ojos.

-¡Puta mierda!-dijo uno de ellos, aterrorizado-¿Qué cojones eres tú, un monstruo?

-Un tipo de…-rió ella alzando sus manos.

El fuego empezó en medio de la habitación y pronto este alcanzó la puerta, donde ellos la estaban golpeando desesperados, tratando de escapar. Pero era demasiado tarde. Era una vida tarde, supuse. Sally rió otra vez cuando ellos gritaron de dolor, muriendo. Aun cuando su venganza estaba hecha, su cuerpo continuaba prendiéndose. El fuego comenzó a hacer arder la casa entera una vez más.

-Sally…-murmuré su nombre en el mismo momento en el que escuché los camiones de bomberos subiendo por la calle.

Ella se giró y sus grandes ojos marrones brillaron con más intensidad por unos segundos.

-Lyan…-dijo mi nombre, haciéndome sentir indefenso-¿Qué estás haciendo aquí?  Espera… Tú…  Ellos…-empezó ella, confusa.

-Vine aquí porque no puedo olvidarte.-la interrumpí, sintiendo las llamas llegar a través de las escaleras-Sally…-la llamé de nuevo-¿Qué has hecho?

-Lo siento mucho, Lyan.-se disculpó ella. Parecía que estaba llorando bajo todas las llamas que cubrían su cuerpo-Pero a veces, cuando inicias un incendio, no puedes extinguirlo.

Las llamas se volvieron más rápidas, comenzando a quemar mi piel. La alarma de bomberos sonaba más y más fuerte, pero no podía ver nada más.  Cerré mis ojos, esperé por mi muerte. Sin embargo, lo que realmente vi no fue a aquel espectro con una capucha oscura y una guadaña. Era hace dos semanas, cuando Sally estaba viva.

Estaba en la ventana de la cocina, regando un hermoso ramo de lirios violetas. Sus flores favoritas.  De repente, sus manos comenzaron a temblar. Y sabía por qué.  Ellos estaban riéndose al otro lado de la ventana.  Ella abandonó la cocina y subió las escaleras.  Lo único que ella quería era esconderse, huir de allí. Sentí su dolor, sentí su miedo.  Algo empezó a arder dentro de mí.

Vi a sus padres yendo a la habitación de su hija, hablando con ella, dándole un abrazo, preguntándose por qué lucía tan asustada. Vi el fuego haciendo arder la primera planta, escuché sus gritos, los observé intentando escapar, intentando extinguir las llamas. La vi a ella, sin vida, ardiendo lentamente. Quise gritar, escapar de aquel infierno, de esos recuerdos que me estaban matando. Pero no había palabras, no había voz en mi garganta. Debía continuar soñando porque escuché su voz otra vez, gritando mi nombre.  Hasta que me di cuenta de que era realmente su voz.

Abrí mis ojos y sentí sus lágrimas cayendo sobre mi mejilla. Sally estaba delante de mí, abrazándome. Las llamas continuaban cubriendo toda su piel, y ellas quemaron todo mi cuerpo, pero no me importaba. Porque ella estaba a mi lado de nuevo.

-Sally…-la llamé otra vez-Estás prendiéndote.-dije, y me sentí  realmente estúpido.

Vi una pequeña sonrisa en sus labios y me sentí la persona más afortunada del mundo.

-Tengo que irme, Lyan. He causado demasiados problemas. Como cuando estaba viva.-aseguró ella, separándose de mí con lágrimas en los ojos.

-¡Sally! ¡Estás equivocada!-agarré su mano. Estaba caliente, pero no me hizo daño. La quería a mi lado. No quería verla desaparecer otra vez-¡No has hecho nada, Sally!

-No estoy segura de eso, Lyan.-sonrió ella-¿Qué hay sobre mi venganza? He causado dos muertes y esta casa está ardiendo de nuevo. Incluso tú, Lyan.

-Espera… ¿Qué quieres de…?-pregunté.

-Estás prendiéndote también, Lyan.

Eché un vistazo a mi cuerpo y me di cuenta de que ella tenía razón. Ahora, las llamas me estaban cubriendo a mí también. Las sentí corriendo por mis venas, calentando mi sangre.

-En ese caso, quédate conmigo, Sally. No me dejes solo otra vez, por favor. Si te vas otra vez, no podré soportarlo.-le supliqué, con mis lágrimas comenzando a caer.

-No puedo hacer eso, Lyan.-sollozó ella-Tengo que irme.

-No puedes irte así, sin más.-protesté de nuevo-Has iniciado un incendio en mi corazón, Sally. Y tú sabes que a veces, cuando haces eso, no puedes extinguirlo.

-No lo hagas más difícil de lo que es, Lyan. No quiero que mueras como yo.

-Eso no me importa. Quiero estar contigo.

-Deberías. Adiós, Lyan.

Y entonces, ella me agarró entre sus brazos de nuevo.  Cerré mis ojos, queriendo estar así por toda la eternidad.

-Lyan.-susurró mi nombre-Permaneceré viva en tu corazón. Gracias, y no te sientas responsable de nada.

Ella me empujó y lo último que vi fue eso. Ella estaba ardiendo en medio de las llamas.
Me levanté con un terrible dolor de cabeza. Al principio, me sentí un poco confuso, hasta que me di cuenta de dónde estaba. El fuego había sido extinguido. Me levanté, caminando entre las cenizas. Bajé las escaleras y lo vi en medio de la habitación. Cubierto de cenizas, las llamas habían dejado un lirio violeta que parecía brillar. Lo cogí y lo olí, sintiendo que mi corazón moría por la presencia del recuerdo de Sally.

La puerta se abrió y un grupo de hombres entró en la casa. Ellos gritaron y me miraron, aterrorizados.

-¡¿Qué demonios eres tú?!-quiso saber uno de los bomberos, apuntándome.

Pasaron unos segundos hasta que me di cuento de qué es lo que estaba ocurriendo.

Mi cuerpo continuaba prendiéndose.


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