Translate

Entradas populares

jueves, 4 de febrero de 2021

Juicio final

 


Escuchó sus pasos. Se acercaban. Otra vez. Se acurrucó en la pared más alejada de la puerta. Ocultó el rostro entre las rodillas. Tal vez si no los veía directamente el miedo desaparecería. Intentó convencerse de ello mientras se mecía suavemente. Tal vez no fueran a verlo a él. Tal vez, por una vez, lo dejarían tranquilo. Su corazón se detuvo cuando la puerta se abrió. Un recuerdo más de que ya no había escapatoria. 

Lo cogieron por los hombros y lo sacaron a rastras de la habitación. Temblando, siguió con la vista fija en el suelo. No tenía valor para mirarles a la cara una vez más. No lo necesitó para saber que sonreían y se burlaban de él. Siempre lo habían hecho, después de todo. Ni siquiera lo ataban ya con cadenas. Sabían que no lo necesitaban para doblegarlo. Se estremeció de solo imaginar qué le harían esa vez. 

Sus captores se detuvieron y lo empujaron al interior de una sala. Las piernas le temblaban tanto que perdió el equilibrio y acabó tirado en el suelo. No se molestó en reincorporarse. Sabía que era inútil pedir clemencia. No la habían tenido durante todos esos años. ¿Por qué iban a ser misericordiosos ahora? Solo deseaba que terminara pronto. Que terminara todo y lo dejaran tranquilo. Ocultó el rostro entre las manos y sollozo. No quería reconocer la sala en la que se encontraba. Eso le daría una pista de la tortura que se avecinaba. 

El estómago se le hizo pesado. Con el corazón en la garganta, retiró las manos y alzó la cabeza. Se dio cuenta entonces de que la habitación estaba oscuras. Pero no necesitaba luz. Sabía que estaban ahí. La boca se le secó al reconocerlos frente a él, en fila. Listos para que diera comienzo su tortura. Sus peores miedos. Monstruos que venían a devorarlo una y otra vez, hasta que de él no quedara nada. 

Se levantó de un salto y corrió hacia la puerta. Fue tal el impulso que se estampó contra ella. Giró desesperado el picaporte, tenía las manos empapadas en sudor. Pero estaba cerrada a cal y canto. Los miedos dieron un paso hacia delante. Hacia él. No tenían prisa. Sabían que no podía escapar de ellos. Y que no tenía el valor para enfrentarlos. Golpeó desesperado la puerta. Suplicó, lloró. Y el cerco se estrechaba cada vez más y más. Se dejó caer de nuevo en el suelo y se tapó las orejas con las manos. No quería escucharlos, no quería que sus voces penetraran en su cabeza y lo destruyeran por dentro. Pero con el paso del tiempo los miedos se habían vuelto más fuertes. Lo tenían controlado. No había nada que hacer. Nada. 

-Dejadme en paz... Por favor...-la voz le temblaba tanto que apenas fue capaz de formular las palabras. 

Como por arte de magia, el coro que entonaban las sombras que lo atrapaban cambió. Y se volvió mucho más siniestro. 

Solo hay una manera. Solo hay una manera. Solo hay una manera. 

Él cerró los ojos y se tapó las orejas con más fuerza. No, no puedo. No debo. 

Solo hay una manera. 

El labio le temblaba. No podía dejar de llorar. Solo hay una manera, se dijo a sí mismo. Los monstruos esbozaron una tétrica sonrisa a su alrededor. Él apretó los puños y se golpeó con rabia la pierna. Golpeó la puerta que estaba a su espalda y golpeó el suelo. Lo había intentado, maldita sea. Pero no había sido suficiente, pensó con tristeza. Los miedos habían ganado. Ellos eran más poderosos. 

Al día siguiente, lo encontraron colgando del techo de su habitación.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario