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jueves, 30 de enero de 2020

Hoguera

Se frotó las palmas de las manos, en un intento inútil por entrar en calor. Inquieta, miró a su alrededor. No era capaz de ver nada más allá del manto blanco que lo cubría todo. Y hacía frío. Mucho frío. A cada segundo que pasaba, tenía la sensación de que las temperaturas descendían más y más. Le castañeaban los dientes y no paraba de tiritar. Por muy abrigada que fuera, sentía cómo el helor se le calaba en cada uno de los huesos. Ya no recordaba cuánto tiempo había pasado desde que cayeran las primeras nieves, pero comenzó a dudar de que pudiera sobrevivir allí otra noche más. Apenas si era capaz de mantenerse sentada sobre el tronco húmedo en el que se encontraba, donde ya ni siquiera sentía los dedos de sus pies. Dejó vagar la mirada, donde la luz de la vida comenzaba a apagarse poco a poco. Y, entonces, sucedió algo extraordinario.

La nieve en torno a ella comenzó a derretirse. Despacio al principio, rápidamente después. Frente a sus pies, surgieron luces rojizas y amarillentas que no tardaron en dar forma a la llama que fue templando de nuevo la temperatura de su cuerpo. Sus mejillas recuperaron el color y ella se dejó abrazar por el calor de la hoguera que la estaba devolviendo a la vida, justo cuando pensaba que se hallaba al borde de la muerte. A su alrededor, la nieve se siguió derritiendo, trayendo consigo el verdor de una primavera olvidada.

jueves, 23 de enero de 2020

Agua

Empezó poco a poco. Un par de gotas, tal vez tres, que al segundo de caer ya se habían perdido en su piel. Siguieron cayendo más, lentas pero constantes, hipnotizándola con su sonido mientras la bañera se iba llenando cada vez más. 

Para cuando se fue a dar cuenta, había tanta agua que su cuello apenas sobresalía por encima de la superficie. El grifo seguía goteando y ella pronto se vio con problemas para seguir respirando en aquella bañera que se desbordaba. Gritó, pero allí no había nadie para escucharla. 

Su piel comenzó a deshacerse, como si estuviera hecha de simple papel, hasta que su cuerpo entero sucumbió a las corrientes que ahora la arrastraban. De ella no quedó más que el agua, de la que ahora era una parte indivisible más. 

jueves, 16 de enero de 2020

Supervivencia

Hacía tiempo que la última esperanza de la humanidad se había desvanecido con las últimas luces, condenándola al caos y al terror al que ya habían sucumbido las ciudades. 

En mitad de un silencio espectral, él avanzaba con mil ojos entre el cementerio de rascacielos que una vez se habían erigido desafiando a la bóveda celeste. Le rugió el estómago. Había perdido la cuenta de los días que hacía que no se llevaba algo a la boca. 

Las plantas se habían podrido. Los animales habían muerto. Los días se habían vuelto calurosos y asfixiantes y las noches, heladas y letales. 

Un ruido a su espalda lo sobresaltó y él se giró con el rifle en alto. Solo las armas de fuego parecían haber sobrevivido a la masacre. Un aguijonazo de dolor le atravesó la pierna y se llevó por delante su brazo. Cientos de manos hambrientas se lanzaron sobre el miembro mucho antes de que pudiera tocar el suelo, clavándole uñas y dientes. Sus rodillas cedieron y él se derrumbo, indefenso, ante los caníbales. 

Todavía reunió las fuerzas necesarias para componer media sonrisa pensando, irónico, en todas las series y libros que, de alguna forma, les habían advertido de su trágico final. Ninguna les había dicho, sin embargo, que estas estaban más bien lejos de llegar con un virus. 

Que en un mundo echado a perder como aquel, convertirse en un monstruo era la única forma posible de sobrevivir. 

jueves, 9 de enero de 2020

Esclavos de la red

El sueño y el cansancio acumulados eran tales que le estaba costando horrores mantener abiertos los párpados. No había nada que deseara más en este mundo que echarse en una cama. Pero no podía. La pantalla a la que estaba condenada a mirar eternamente se lo impedía. 

No recordaba cuánto tiempo llevaba allí, quién era o cuál había sido su nombre. Solo recordaba estar allí sentada y, muy vagamente, la presencia de otros esclavos de la red como ella a lo largo y ancho de aquella habitación. No se les permitía hablar o moverse, y mucho menos despegarse, aunque tan solo fueran unos segundos, de la endemoniada pantalla. 

Una lágrima resbaló por su mejilla y ella se mostró sorprendida. Pensó que nunca más sería capaz de sentir nada que no fuera a través de códigos binarios. Frente a ella, seguían sucediéndose a una velocidad de vértigo imágenes pretenciosas, irreales. Pero ella solo podía pensar en lo mucho que deseaba volver a ese hogar que, pese haber olvidado, sabía que seguía allí, en alguna parte. 

Una segunda lágrima, lo más real que había experimentado en los últimos meses, resbaló por su mejilla al percatarse de que escapar de un lugar como aquel era una simple ilusión. Porque cuando uno lleva unas cadenas digitales, nunca las termina de romper del todo. 

miércoles, 8 de enero de 2020

Nicky, la aprendiz de bruja

Aquí tenéis la primera reseña, que se corresponde con el reto lector cumplido de este mes: un libro hecho película. Podéis seguir el reto desde mis redes sociales

Sinopsis: Como dicta la tradición, todas las brujas adolescentes deben pasar un año fuera de casa para aprender a valerse por sí mismas. Nicky, de madre bruja y padre humano, tiene una única habilidad destacable: la de volar. Cuando llega el momento de marcharse por su cuenta, ella y su sarcástico gato parlante parten en su escoba para buscar alguna ciudad sin bruja propia donde puedan ofrecer sus servicios mágicos. 

Ni que decir que este libro me ha devuelto, como por arte de magia (nunca mejor dicho), a mí más tierna infancia. Las películas de Ghibli siempre me han acompañado y se podría decir que la de Nicky era una de mis favoritas. Por ello, cuando supe de la publicación de la novela por parte de Nocturna, no dude en que tenía que leerla. 

Hacía tiempo que un libro no me hacía reír tanto (puede que me esté acostumbrando demasiado al drama). Con capítulos cortos y una trama sencilla, Eiko Kadono sabe atrapar al lector. Nicky y su gato Jiji se convierten rápidamente en dos personajes entrañables, a los que no cuesta cogerles cariño mientras los acompañas en cada una de sus aventuras. 


El viaje de Nicky hacia la independencia y sus dudas son cosas con las que todos nos identificamos en algún momento de nuestra vida y su autora sabe transmitirlo de una forma amena y divertida. Si buscáis una lectura ligera, este es vuestro libro. 




jueves, 2 de enero de 2020

La corona

-¡Dámela! 

-¡No, nunca!-se negó, fuera de sí. 

-Vamos.-lo intentó él de nuevo, suavizando el tono de su voz-Sabes que es lo mejor para ti. Para mí. Para todos... Por favor, por favor.-suplicó al borde de las lágrimas-Dámela. 

-¡¡No!!-en cuanto dio un paso hacia delante, ella retrocedió llevándose las manos a la corona de oro que cubría su cabeza-¡¡Nunca te la daré!! ¡¡Es mía!!-aunque fueron sus labios los que se movieron, la voz que hizo retumbar la habitación parecía provenir de la propia corona. 

Sus ojos, inyectados en sangre y fuera de sus órbitas, se movían de un lado a otro, inquietos. Su pelo había perdido color y su piel comenzaba a cubrirse de manchas del negro del petróleo. Sus pies se tambalearon, perdiendo la fuerza que la corona de oro le estaba arrebatando. 

Él sintió una punzada en el corazón. El poder la había cegado y corrompido por completo y ya no había vuelta atrás. Y eso quería decir que solo quedaba una salida. 

El pulso le tembló cuando levantó el cuchillo. Con lágrimas en los ojos, atestó un movimiento limpio y la cabeza de ella rodó por el suelo junto a la corona maldita.