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jueves, 28 de noviembre de 2019

Luz de luna

En el mismo instante en el que el sol se ocultó tras el horizonte y el mundo entero cayó en un profundamente dormido, ella abrió sus ojos, despertando de su propio sueño. Tenía que prepararse. La noche la estaba esperando. 

Vistió el mejor y el más brillante de sus vestidos, uno blanco y dorado que casaba a la perfección con sus rizos rubios. Para cuando llegó, todo el mundo ya estaba allí. Sus hermanas estaban bailando por todo el lugar, dando origen a hermosas figuras con sus movimientos. Sus pequeñas y relucientes sonrisas dotaban al salón de baile de una luz mágica y especial. 

Atravesó la zona de Orión y la de Escorpio hasta llegar al sitio que le correspondía, con el resto de estrellas. Alzó sus manos, lista para crear otra noche encantadora de ensueño para la vista humana cuando la vio allí. 

Estaba en medio del cielo, rodeada de miles de estrellas que la admiraban en un respetuoso silencio. Vestía un largo vestido trasparente y su cara blanca parecía más pálida que nunca. Pese a ello, su luz era incluso más brillante, dando coraje a todos los seres vivos a no tener miedo de la noche. 

Ella sonrió y empezó a bailar, mostrando su propia y poderosa luz bajo la luz de la luna. 


jueves, 21 de noviembre de 2019

El retrato

Se pasea por la habitación, medio distraído, como si no fuera consciente de mi presencia. O tal vez tan solo se esté limitando a ignorarme. 

Yo solo puedo pensar en lo mucho que lo odio. En cuánto odio a ese hombre, por mucho que esté hecho a mi imagen y semejanza. 

Él no dice ni una palabra. Justo antes de abandonar la habitación se gira, me mira y sonríe, regodeándose de mi sufrimiento. Sin apartar sus ojos profundos de los míos, cierra la puerta tras de sí, desapareciendo de mi vista. 

Y yo me quedo allí, condenado a pasar el resto de mis días encerrado en los límites de este cuadro maldito y a despreciar al retrato que me ha arrebatado mi vida. 

jueves, 14 de noviembre de 2019

El péndulo

Ella tragó saliva. Le sudaban tanto las manos que apenas podía sujetar en condiciones el lápiz. Frente a ella, el papel en blanco. Sobre ella, el péndulo, oscilando peligrosamente y amenazando con dejar caer la espada sobre su cabeza. 

Respiró profundamente y leyó por tercera vez aquella sucesión de preguntas de las que ahora dependía su vida. Las letras se mezclaban y los números se volvían borrosos. Impotente, se mordió el labio para aguantar las lágrimas. El tiempo corría y el péndulo seguía balanceándose, cada vez más cerca. 

En un momento dado alzó la vista y los vio allí. Al otro lado del cristal protector, enfundados en sus trajes y sus sonrisas hipócritas, tratando de infundirle unos falsos ánimos que ella consideraba más que insuficientes. 

-Qué sabrán ellos-pensó dejando escapar una leve risa-si no son ellos los que tienen una espada sobre sus cabezas. 

Si acierto y salvo la vida, se mostrarán al mundo como mis salvadores, aunque fueran ellos mismos los que me habían condenado. 

Si fallo y muero, me desterrarán para siempre al olvido. 

-Todo este sistema...-murmuró entre dientes llena de rabia-Está jodidamente mal. 

En ese momento, el péndulo se detuvo, deteniendo el tiempo con su condena. 

jueves, 7 de noviembre de 2019

Caballeros de leyenda

Hacía ya tiempo que la luz de la luna y de las estrellas se colaba a través de su ventana y que sus dedos pasaban con avidez las páginas del voluminoso libro. Atrapada por la magia que las leyendas desprendían, se vio incapaz de abandonar la lectura, por mucho que el sueño amenazase con vencerla. 

Finalmente, sus ojos cedieron bajo el peso de Morfeo. Su cabeza se inclinó hacia delante y sus brazos dejaron caer el libro sobre su regazo. 

Los abrió poco después. Todo estaba más oscuro de lo que recordaba. Intentó moverse, pero su cuerpo se había vuelto de pronto demasiado pesado. Desde algún lugar le llegaron ruidos, como de mil cacerolas golpeando unas contra las otras.  Desconcertada, aguzó el oído para escuchar mejor. Y, entonces, en mitad de aquel barullo metálico, distinguió unas palabras conocidas: 

-¡Sois un necio, Sir, por desafiar a Lord Airen!

La chiquilla se puso en pie de un salto. Reconocería en cualquier parte el nombre del héroe que protagonizaba todos sus cuentos. Movida por la curiosidad, se acercó con pasos patosos a donde se sucedía el duelo de espadas. 

Y allí estaba él. El caballero de las leyendas. Con su reluciente armadura, atestando golpes letales que su enemigo difícilmente podía esquivar. La niña se quedó boquiabierta, incapaz de asimilar que de pronto el personaje hubiera cobrado vida fuera de sus páginas.  

De pronto, la batalla se detuvo. Incrédula, vio cómo el caballero se giraba para dirigirse a ella: 

-¡Lady Stella! ¡Os estaba esperando! ¡Apresuraos y uniros a la batalla!

Ella fue a protestar, pero se detuvo. En una de sus manos, notó el tacto del mango de la espada. La más grande que ella hubiera visto jamás. Al bajar la vista para contemplarla, fue por primera vez consciente de la armadura que vestía. Sus ojos brillaron de emoción y sin dudarlo ni un segundo, se unió a su héroe en la lucha. 

Cuando la luz del sol sustituyó a la de la luna, se despertó entre bostezos y con los párpados pegados. El libro de cuentos seguía en su regazo. Lo dejó a un lado en el suelo y se puso en pie, dispuesta a dar comienzo a un nuevo día. 

Pues si algo había aprendido era que vivir las leyendas era mucho más divertido que leerlas.