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jueves, 5 de abril de 2018

Tormenta

Se alzaba el velero en mitad de la ventisca, desafiando a la tormenta, desafiando a la mar. En su interior, la tripulación luchaba de forma desesperada contra las nubes color ceniza que cubrían el cielo, trayendo consigo los peores pronósticos. 

- ¡No conseguiremos llegar a la costa a tiempo! -se alzó una voz por encima de la furia de la tempestad- ¡Nos hundiremos antes de eso!
- ¡Tonterías! -reprochó él- ¡Puede que tú no te veas capaz, pero yo pienso llevar este barco intacto a tierra firme! 
- ¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! -habló de nuevo la primera voz. El rugido de un trueno selló sus palabras, a la vez que comenzaba a mirarlo con horror- ¡Morirás antes de que siquiera puedas divisar el puerto! 

Otro trueno resonó con furia, haciéndoles enmudecer por unos instantes. A su alrededor, el cielo y el mar parecían haberse aliado en la batalla, hasta tal punto en el que resultaba imposible distinguir el agua que se alzaba sobre ellos y la que se precipitaba con ira desde las nubes. 

- ¡Si vamos a morir de todas formas... -volvió a alzar la voz él en mitad del ojo de la tormenta- ...prefiero hacerlo luchando! 
- ¡No te hagas ahora el héroe! -le recriminó el otro- ¡Para empezar, todo esto es culpa tuya! -otro rugido del cielo los sobresaltó. El velero se balanceaba a merced del vals que marcaba el oleaje- ¡Te dije que no deberíamos habernos arriesgado, que no estábamos preparados!
- ¡Tú también tienes tu parte de culpa en todo esto! -protestó él- ¡¿O acaso has hecho algo para tratar de que este barco salga a flote?! ¡No! ¡Soy yo el que siempre tiene que hacer el trabajo sucio!

Muy pronto, sus gritos resonaron por encima de los de la propia tempestad, que había tomado ya para ellos mismos un plano secundario. 

- ¡Tú...! -lo atacó de nuevo la primera voz- ¡Tú hiciste...! 

Sin embargo, su reproche jamás tendría ocasión de ser escuchado por su compañero, porque en ese mismo momento una enorme ola cayó súbitamente sobre ellos. El otro observó espantado cómo las aguas arrastraban  a su camarada a las profundidades más remotas del océano. Presa del horror, se las arregló para asomarse por uno de los laterales de la embarcación y clavó su mirada en las aguas turbulentas. Descubrió allí a su amigo, que se hundía a gran velocidad debido a la acción de otras figuras de las cuales solo pudo distinguir sus brazos transparentes y fantasmales. Sin pensárselo dos veces, se dispuso a saltar para acudir a su rescate, pero en el mismo instante en el que se alzaba en el aire unas manos lo rodearon por la cintura y lo empujaron bruscamente hacia atrás. Quiso gritar, pero no pudo. De la nada, habían surgido otras manos que le tapaban la boca, impidiéndole hacerlo. La lluvia seguía cayendo con insistencia y las olas se alzaban amenazantes sobre él. El pequeño velero no aguantaría mucho más. Desesperado, trató de liberarse de aquellas manos, pero con ello tan solo consiguió que lo sujetaran con más fuerza. Un sudor frío comenzó a resbalar por su frente al sentir una voz silbante que le susurraba en el oído: 

-No te molestes... Tu amigo ya debe de estar muerto... -hizo una pausa tras la cual volvió a hablar, resultándole más aterradora si aquello era posible- Y muy pronto, tú también lo estarás. 

En ese mismo momento, aquellas manos lo soltaron de nuevo de forma brusca. Sin poder evitarlo, perdió el equilibrio y cayó al agua. Daba igual las veces que tratase de nadar y de salir a la superficie. Aquellas figuras fantasmales lo empujaban hacia abajo, hacia las profundidades. Antes de perder del  todo el conocimiento, todavía pudo oír el bramido de las olas, el rugido de los truenos, la ira de la tormenta... 

Entonces despertó desorientado. Estaba recostado en una tumbona. Frente a él, el cielo azul brillante se reflejaba en un mar en calma. Incrédulo, observaba cómo las olas que momentos antes lo habían golpeado con violencia ahora jugueteaban mansas con los dedos de sus pies en la arena. ¿Cómo...? 

- ¡Ey, tío! -una voz conocida lo sobresaltó. 

Ante él apareció un joven con los cabellos revueltos y húmedos. Llevaba un bañador naranja y un balón de playa entre las manos. Con una sonrisa cómplice, este le pasó el balón que, estando él demasiado abstraído como para actuar a tiempo, rebotó en su cara y cayó sobre la arena. La sonrisa del otro chico desapareció y se le quedó mirando con gesto preocupado. 

- ¿Estás bien? Tienes mala cara... 

Pero él apenas lo escuchaba. No podía dejar de mirarlo consternado, incrédulo. 

- Tú... ¡Tú! ¡No puede ser! ¡Tú estabas... y la tormenta... y el barco...! ¡El barco! ¡¿Dónde está el barco?! -chilló desesperado, mirando a su alrededor en busca del velero maldito. 
- Tranquilízate. -le pidió el otro con calma- Si te refieres al velero, está donde siempre. Amarrado en el puerto. 
- ¡Pero no puede ser! -repetía con insistencia- ¡Zarpamos y la tormenta...! ¡Tú te ahogaste! ¡Lo vi con mis propios ojos! ¡Y luego yo...! 

La risotada de su amigo lo hizo estremecerse. Aquella risa le recordaba a la voz silbante que lo había arrojado sin piedad al corazón de la tormenta. 

- ¿Qué demonios has soñado? ¿Una tormenta? ¡Hace días que brilla el sol y no se aprecia ni una sola nube en el cielo! 
- Pero... el barco... 
- El barco está y siempre ha estado en el puerto. ¿Desde cuándo tienes tanto interés en navegar? Pensé que preferías quedarte tumbado en la orilla todo el día... como ahora. -añadió echando una mirada burlona a la tumbona, donde seguía recostado- ¡Vamos, te echo una carrera al agua! -le dio un golpe amistoso en el hombro antes de adentrarse corriendo en las aguas cristalinas. 

Todavía algo desorientado, se levantó con cierta dificultad y se acercó con pasos torpes al lugar que limitaba la orilla segura con el mar imprevisible, pero ahora aparentemente en calma. ¿Había sido todo realmente un sueño...? Con un escalofrío, metió los pies en el agua y fijó su vista en el fondo marino. Lo que allí vio, lo hizo palidecer y encogerse de puro terror. Entre las tranquilas olas, se distinguían las figuras fantasmales que momentos atrás lo habían arrastrado hasta la fosa más oscura y profunda del océano. Su corazón se detuvo al sentir aquella voz silbante sonar de nuevo muy cerca de su oído

- Así que... creías que te habías librado de la muerte, ¿eh? -adornó sus palabras con una carcajada que le heló la sangre por completo. 

3 comentarios:

  1. Tiene elementos mitológicos y me gusta mucho la mitología

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  2. ¡¡Muchísimas gracias!! ¡Me alegro de que te haya gustado! La verdad es que a mí también me gusta mucho la mitología, y quería probar a dejar entrever algo de ella en una de mis historias... ¡Estoy bastante contenta con el resultado, y me alegro de que tú también lo estés!

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