Sinopsis: En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás.
La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una investigación que la llevará de vuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal.
Lo primero que tengo que decir de este libro es que me sorprendió. Llevaba tiempo sin decidirme a leer esta trilogía y no sabía muy bien lo que me iba a encontrar. Y la verdad es que superó todas mis expectativas.
Siempre he sido una apasionada del thriller y el misterio y esta historia no ha sido una excepción. La búsqueda del asesino te tiene enganchado hasta el final. Y aunque podríamos decir que esta es la trama principal, no faltan las subtramas y personajes que le dan vida a este libro. De hecho, en ocasiones, parece cobrar más importancia y protagonismo la propia trama familiar de la protagonista que el misterio. Y, al contrario de lo que se podría pensar, considero que es esto mismo lo que hace tan dinámica y adictiva la novela. Ni que decir que la relación de Amaia con su madre me ha dejado boquiabierta y es, posiblemente, una de las cosas que más me han gustado de la historia.
Volviendo a los personajes, también es otra de las cosas que me han gustado mucho de esta primera parte. La construcción de todos, tanto secundarios como principales, es de diez. La forma en que interactúan entre ellos, su arco... Además, tanto las descripciones como los diálogos son muy naturales y fluidos. Y tengo que admitirlo, le he cogido cariño a la tía Engrasi. Y si, también tengo que admitir que odio a Flora, pero es eso mismo lo que me señala que su construcción es muy buena.
Otra cosa que me ha parecido curiosa y que ya había leído por ahí, es que la novela también tiene sus matices mitológicos. Aunque, por lo menos en esta primera parte, esa mitología vasco-navarra no tiene todo el peso que esperaba (viniendo de los libros de Rick Riordan no sabía bien qué esperarme), he aprendido muchas cosas que desconocía y no está, para nada, introducido de forma forzada. Casa a la perfección con el ambiente que rodea a la historia.
Lo único que no me ha convencido del todo han sido las transiciones entre una escena otra. Desconozco si esto es debido al formato, pero en ocasiones me era difícil diferenciar que se había cambiado de escena y a la hora de leer eso me ha resultado un poco incómodo.
En definitiva, ha sido una lectura que he disfrutado más de lo que esperaba y estoy deseando seguir con la trilogía de Dolores Redondo.






