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miércoles, 20 de junio de 2018

Una larga espera

Los rayos del sol le acariciaban de forma agradable las mejillas, bañándolas en su luz. 

Ante él, se extendía el cielo azul reflejado en un océano de miles de posibilidades. La arena le hacía cosquillas en la punta de los dedos, y las olas, que llegaban dóciles a la orilla, le mojaban de una forma casi reconfortante los pies. 

Exhalando todo el aire que le permitieron sus pulmones, alzó la vista y contempló a las gaviotas que volaban despreocupadas por encima de su cabeza. Bajó de nuevo la mirada a la arena para toparse con una hamaca azul marino situada a pocos metros de donde él estaba. 

En ella estaba tumbada una mujer de larga cabellera rubia. Llevaba un vestido del color del cielo, un sombrero color crema y un enorme par de gafas de sol oscuras que apenas dejaban ver sus pequeños ojos claros. En una de sus manos sostenía esta un refresco, y en la otra, un cucurucho de helado.

-¡Llegas tarde!-le reprochó él-¡¿Dónde demonios has estado?!

-Y tú eres impaciente, todos los años lo mismo. Deseando que llegue y luego no me sabes aprovechar como es debido.-se lamentó la mujer dando un sorbo a su refresco.

-¡Deja de hacerte la víctima!-atacó él de nuevo-¡¿Sabes todo lo que he tenido que pasar y sufrir sin ti este año?!

-Uy, sí. -comentó ella sarcástica-¿Y tú sabes que no soy tus únicas vacaciones a lo largo del año? Mis hermanas también te visitan a su debido tiempo. 

-Pero... pero... ¡tú eres especial! ¡Diferente! ¡Más...!

-¿Duradera?-terminó ella torciendo la boca, molesta-Mira, chico. No es nada personal, pero sabes que puedo llegar a ser igual de efímera, o incluso más, que el resto de mi familia. Así que relájate, disfruta, y no hagas que me arrepienta de volver aquí otro año más.-le dijo el verano tendiéndole el helado.

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